jueves, 30 de abril de 2015

El barrio chino al final de la guerra civil (2ª parte). Los efectos de los bombardeos de la aviación italiana.


En esta segunda entrega de las fotos que hizo Branguli en el Barrio Chino tras la guerra civil, aparecen la calle del Cid  y la parte del Portal de Santa Madrona más próxima al Paralelo.




La primera imagen es de  la calle del Cid tomada desde el Portal de Santa Madrona.  La calle del Cid terminaba en  la calle Migdia (son datos de sobras conocidos pero que hay que ir recordando y  repitiendo para que no se pierdan de la memoria de la gente).  Se ven los estragos de los bombardeos del año 1938  en la entrada a la calle Berenguer el Viejo,  a la izquierda de la foto.  Siguiendo esa acera se ven también los desperfectos en el edificio que albergó La Criolla, del que en las fotos siguientes veremos como apenas se mantiene en pie el letrero luminoso que lo anunciaba y que subía por toda la fachada.  A la derecha, antes de llegar a la calle de la Mina se ve un edificio sin techo.



El anuncio luminoso de La Criolla,  en el número 10 de la calle del Cid,  permanece en pie señalando el solar donde estuvo la sala de fiestas.   Al lado,   el número 8,   en cuyos bajos estaba La Taurina, un local de flamenco donde una jovencísima Carmen Amaya fue descubierta por Sebastia Gasch, debe de haber sufrido los efectos de las bombas, porque en La Vanguardia del año 1946 aparecen en varias ocasiones anuncios donde se ofrece material (puertas, ventanas, balcones…) procedentes del derribo del inmueble. 

                                                      La Vanguardia, 10 de mayo de 1946 





Aparecen tapiadas las puertas de acceso al número 8. En la acera de la derecha el lienzo de pared que se ve hasta la calle Migdia desaparecerá en pocos años. La parte más cercana a nosotros, sustituida por un edificio que recordará en sus ventanas la forma de las que tuvo el edificio de La Criolla; el resto, al igual que los edifícios de la izquierda, formando parte de lo que se llamará Avda. García Morato y ahora Avda de les Drassanes, en una muestra de humor, más que negro, macabro. García Morato fue un aviador del ejército franquista y resulta un homenaje muy peculiar dar su nombre a una avenida que se construyó sobre las ruinas de edificios derrumbados por las bombas de esa aviación. 










Tres fotografías del mercado callejero que tenía lugar en el Portal de Santa Madrona hasta el año 1950 cuando por acuerdo municipal se trasladó  al Paralelo entre el Paseo de Colón y la calle de Carrera, llamándose a partir de entonces mercado de la Virgen del Carmen. 

domingo, 26 de abril de 2015

El barrio chino al final de la guerra civil (1ª parte)

Se hace muy difícil completar una topografía del barrio chino de Barcelona de las primeras décadas del siglo pasado. Que digo completar, ¡que desmesura!, ni siquiera tener una imagen precisa que vaya más allá de unos cuantos lugares y locales.   

Se hace difícil  incluso si reducimos el objetivo al área comprendida entre Nou de la Rambla, Paral.lel, Portal de Santa Madrona y Ramblas, que es la zona que se conoció como los barrios bajos de Barcelona hasta que Francisco Madrid la bautizó como barrio chino en un artículo que escribió en El Escándalo en 1925. Faltan imágenes que permitan hacerse una idea ni siquiera aproximada de la fisionomía de la zona.

La zona, el barrio chino de antes del final de la guerra civil,  y gracias a las actividades  que se daban en las callejuelas del mismo,  consiguió que Barcelona llegase  a estar en el imaginario popular en todo el mundo.  Aunque ya existían, no había Barça, no había la obra de Gaudi, no había gótico como referencias reconocibles de la ciudad para las gentes de otros países;  había barrio chino y el nombre evocaba a Barcelona como en lugar donde era posible dar cumplimiento a cualquier deseo de carácter sexual y en donde los anarquistas se enfrentaban a tiros con las fuerzas del orden al servicio de la burguesía; Barcelona,  no Shanghai, ni Nápoles, ni Pigalle ni WhiteChapel ni el barrio rojo de Amberes. Ni mucho menos el Berlín de los años treinta.   

Y de ese lugar que es la primera proyección de Barcelona en el mundo, sabemos mucho de lo que en el mismo sucedió por las crónicas que se han escrito, pero hay pocas imágenes. Fotos de Josep Dominguez de 1932 sobre mercados al aire libre en  las calles de Arc del Teatre y Migdia;  algunas de Casas i Galobardes por el entorno de la Criolla; Margaret Michaelis interesada por los tipos de las calles  cuando por un tiempo vivió en una pensión de la calle del Migdia;  alguna de Sagarra también interesado por la vida que bullía en los mercados de la calle;   las cuatro esquinas, el lugar donde confluían Arc del Teatre con Migdia y Arc de Cires es uno de los lugares privilegiados  y de donde disponemos de más fotografías.

Imágenes de revistas cuando ha sucedido un hecho que obliga al periodista a hacer un reportaje. Por lo general  con muy mala calidad de imagen y en ocasiones usando fotos de otras circunstancias y otros momentos  para hacerlas pasar por el reportaje fotográfico de lo que explica la crónica. Poco más. Ese poco más quiere decir que poco más conozco, y eso no va más allá de que escribo de lo que encuentro y que nunca se tiene la seguridad de haber agotado un archivo. Puede que haya mucha mayor información gráfica de la que he sido capaz de conseguir. Pero a lo que iba, para hacer una topografía humana y de calles y establecimientos del barrio chino de antes del final de la guerra civil, me falta mucha fotografía.

Hay un grupo de fotografías  de Branguli en el Arxiu Nacional de Catalunya, sin fecha precisa, pero probablemente posteriores a la entrada de las tropas de Franco en Barcelona. No demasiado posteriores porque Branguli  falleció en 1945 y  como límite temporal de las fotografías estarían el año de su muerte y  por el otro extremo, 1938 cuando se bombardea el barrio chino y varios edificios quedan destruidos. En mi opinión, y puedo haberme dejado llevar por mis prejuicios, pero salvo mejores datos llego a esta conclusión, me parecen posteriores a la finalización de la guerra en Barcelona. No hay letreros en las paredes que estimulen el coraje cívico, no se ven apenas militares. 

Las fotos de Branguli que comento son la mejor serie que he visto sobre el barrio chino. La que más información aporta. Se ve el pasaje que comunica Arc de Cires con Nou de la Rambla. Aparece buena parte de la calle Arc de Cires llena, como siempre, de gente.


Aparecen las cuatro esquinas y vemos un poco como continua  Arc del Teatre hacia el Paral.lel. Podemos ver la totalidad de la calle del Cid y los destrozos que causaron las bombas. Y el mercado del Portal de Santa Madrona.  

En esta entrada incluyo las fotografías de Arc de Cirés y de las cuatro esquinas. En la siguiente pondré las de la calle del Cid y Portal de Santa Madrona de la serie de Branguli. 

                                                      Calle Nou de la Rambla con la entrada al pasaje del Arc de Cirés. 



                                                                 Entrada al pasaje del Arc de Cires desde Nou de la Rambla.



                                                           De nuevo el pasaje de Arc de Cirés desde Nou de la Rambla 




                                                            Esta y las tres siguientes son de   Arc de Cires. Al fondo el pasaje 
                                                            que comunica con Nou de la Rambla. 












A partir de aquí, las fotografías de las cuatro esquinas. El punto donde Arc del Teatre cruzaba la  unión de las calles Arc de Cirés y Migdia. 



                                                          Los peldaños pegados a la pared de la izquierda son para el 
                                                           mantenimiento de una fuente que hay en la otra fachada del 
                                                           edificio y nos sirven de punto de referencia. Los peldaños están 
                                                           en Arc del Teatre y la fuente en Arc de Cires. La fotografía  está 
                                                           tomada desde Migdia. 





                                                              Tomada desde Arc del Teatre. A la izquierda se ve la fuente. 

                                                          Tomada, igual que la anterior, desde Arc del Teatre. 

jueves, 23 de abril de 2015

Las madres de las cabaretistas

La bella Chelito   llenaba  los teatros de espectadores admirados de la tenacidad   con que la artista se  buscaba una pulga que saltaba de una parte a otra de su  anatomía. Tras el espectáculo, una vez  en el  camerino,  la bella entregaba sus favores al caballero que su señora madre había decidido que haría de pulga aquella noche. La madre de la Chelito era una señora de genio pronto y con un criterio claro  de contabilidad amatoria. Solo entraba en contacto con Chelito  aquel varón de acreditada solvencia económica y que había pujado por encima de otros caballeros y ganado en la rifa de ser pulga por una noche.     



                                                           Dos fotografías de la bella Chelito. 


En una ocasión, la anécdota es muy conocida y  probablemente apócrifa, la Chelito se enamoró de un joven de buena familia pero sin medios de fortuna. La madre, sabedora de las circunstancias que concurrían en la relación - de las circunstancias económicas, las únicas que merecían su interés-   esperó a la siguiente visita del amante y le espetó  dos frases que son una expresión de lucidez suprema:  “usted no puede aspirar a la mano de mi hija –en aquel tipo de relación que mantenía la bella Chelito, hay que entender mano como metonimia- porque no tiene dinero.  ¡Y el que no tiene dinero es un sinvergüenza!”. 

La madre de la Chelito sin  estudios de ningún tipo había llegado  a la misma conclusión que las sociedades protestantes tras siglos de reflexión ética. El favor de Dios se reconoce porque uno tiene lleno el bolsillo y si alguien es pobre no cabe sino pensar que su mala cabeza, su falta de virtudes y,  casi siempre, su insania,  no le han permitido una posición económica holgada .   Así lo explica Max Weber y nosotros no estamos en condiciones de contradecir las tesis del sociólogo.

La madre de la Chelito con el discurrir propio de quien ha  pasado mucha hambre en la vida y  engendrado una hija de aspecto agradable, sabía que si administraba con prudencia sus bienes, es decir, a su hija,  podría pasar una vejez sin demasiadas miserias.  No era un pensamiento excepcional.  Lo mismo  opinaban las madres de las muchas canzonetistas, cabaretistas, tanguistas, taxi-girls y cupletistas  que llenaban las salas de espectáculo españolas,  vigiladas y asesoradas por sus madres  tan roqueñas y lúcidas como la madre de la bella Chelito.  

En esa relación entre las  cabaretistas y sus madres, como en tantas otras cuestiones, España ha sido diferente al resto de Europa. Y véase en el comentario un elogio.  Joaquín Edwards Bello, escritor,  embajador de Chile y enamorado de Barcelona en cuyo Hotel Falcón se alojaba cada vez que venía a nuestra ciudad, explicaba las diferencias en un capítulo de su libro El nacionalismo continental.



Atraidos como estamos por la mente poderosa  de las madres de las cupletistas  – las imaginamos  gruesas y calladas, observando con atención  las evoluciones de los moscones desde su atalaya en  el fondo de la sala,  donde reciben de vez en cuando un bistec con patatas que les envía su hija-    encontramos que su mundo adolece de   una falla. Nadie, apenas nadie, las ha retratado.  Las revistas se llenan de imágenes de sus hijas, pero el verdadero pal de paller de la economía familiar permanece en la sombra.

Y hete aquí que encuentro la fotografía de una de esas cabaretistas junto a su madre.   La cabaretista es Teresita Ribo, taxi girl del Mónaco,  un cabaret  dentro de la fábrica del   Teatro Principal, allí donde con el tiempo se abriría la Cúpula Venus.  Teresita Ribo en diciembre de 1934 tuvo sus preceptivos quince minutos de gloria.


                                                    Cabaret Mónaco con Miguel de Molina junto al cartel 
                                                    que anuncia su espectáculo. 
                                                           

Un hombre que la vio  bailar en el cabaret la confundió con su mujer de nombre Antonia Lopez,  de quien el varón hacía un tiempo que no sabía nada por haberse marchado del domicilio.  El sujeto, encontrada su Antonia bajo la figura de una hermosa cabaretista, pugnaba por arrastrarla al hotel más cercano y hacer valer sus derechos de casado. Teresita juraba y perjuraba  que no había  visto en su vida al sujeto,  y mucho menos llamarse Antonia y haberse casado con él.  Tuvo que intervenir la autoridad que condujo a ambos delante del juez.  Teresita presentó a varios testigos, sus compañeras en el cabaret, su madre, conocidos de donde vivían Teresita y su madre.   El juez resolvió que Teresita era Teresita.  Tuvo mucha importancia en la resolución del pleito  que inesperadamente apareciese Antonia López  en la sala donde se resolvía la naturaleza  de la relación marital de Teresita.  Antonia explicó su vida y la de su marido y se manifestó en el sentido que de ningún modo pensaba volver al hogar conyugal.   

Un fotógrafo, Centelles, consiguió una instantánea de Teresita acompañada por su madre cuando se dirigían al juzgado. ¡que madre!. Gruesa, roqueña, lúcida, con un punto de ironía en la mirada. Toda una señora madre.


 


domingo, 19 de abril de 2015

¿Pero hubo alguna vez chinos en el Barrio Chino de Barcelona?


La versión canónica del origen de la expresión “Barrio Chino” para referirse a la parte del Distrito V, ahora Raval, comprendida entre las calles Nou de la Rambla, Ramblas, Portal de Santa Madrona y Paralelo, dice que se debe a un comentario del periodista Francisco Madrid en el primer número de la revista El Escándalo en octubre de 1925.

Escribía en ese número, Francisco Madrid: La Mina es la gran taberna del “barrio chino”. Porque el distrito quinto, como Nueva York, como Buenos Aires, como Moscú, tiene su “barrio chino”.



                      La Mina. Frederic Ballell. 1913. Archivo Histórico de la   Ciudad de Barcelona.



La expresión tuvo éxito y fue rebotando de reportaje en reportaje hasta que se asentó en el habla de la gente y, ya desde finales de los años veinte, los barrios bajos de Barcelona fueron por muchos años el barrio chino.

Pero con la paternidad de los nombres sucede como con el origen de los grandes inventos y descubrimientos. Que casi siempre su progenitura es reclamada por varias personas. Lo mismo que pasa con el invento del teléfono o con la llegada de los europeos a América, que tienen varios candidatos que reclaman la autoria  del hallazgo o del invento, sucede con el origen de la denominación Barrio Chino de Barcelona.

En un reportaje de Sempronio que se publicó en la revista Destino en mayo de 1950, se transcribe un comentario de Angel Marsá reivindicando para si el hallazgo del título: “La paternidad de la denominación “barrio Chino” corresponde a un escritor extraordinario, a un hombre absurdo y originalísimo […]. Nuestro hombre se llamaba Miguel Toledano y solía firmar con el seudónimo Manuel Gil de Oto. Entre los muchos libros que Toledano publicó, impresos la mayor parte en imprentas de estas calles, figura una feroz diatriba contra los americanos. La obra, escrita en 1924, al regreso de un viaje de su autor  a los Estados Unidos, se titulaba “Los enemigos de América”. En su capítulo epigrafiado “Chinatown” , Toledano describía con intenso colorido el Barrio Chino de una capital yanqui. 

Y continuaba diciendo Marsá que poco después de la publicación de la obra de Toledano escribió él un reportaje en El Escándalo sobre una academia de ladrones en el sótano de una casa de dormir de La Mina y acordándose de la denominación Barrio Chino, usó la expresión para nombrar la zona donde se encontraba la academia. Y que más tarde Francisco Madrid, en Sangre en Atarazanas copió ese nombre.

Hay que decir en pro de la progenitura de Francisco Madrid que si Marsá alega en su favor que en un reportaje de El Escándalo llamó barrio chino a la zona alrededor de la taberna La Mina, resulta innegable que Madrid uso la misma expresión en el primer número de la publicación.

En varias webs, leo otra versión que se pone en boca de Sempronio. Como ignoro donde escribió Sempronio lo que le hacen decir y como parece que es un comentario que salta de web en web, la pongo tal como me viene sin mayores comentarios. “El cronista barcelonés Sempronio sostiene, sin embargo, que el nombre surgió en la década de 1920 cuando el gobernador civil Milans del Bosch, harto de los incidentes registrados en esta parte de Barcelona, escenario de las luchas entre anarquistas y pistoleros de la patronal, exclamó: "¡Estoy harto de eso del Distrito Quinto! Inventen otro nombre... Déjense de distritos. ¡Inventen! Por ejemplo, Barrio Chino".

Años más tarde, en 1934 y en una serie de reportajes en La Voz de Madrid, Francisco Madrid volvía a reivindicar para sí la  autoria del titulo de barrio chino que  entonces, en 1934,  explicaba por la visión que había tenido en su momento, en los años veinte, de un chino vendiendo collares en Arco del Teatro. Suena a explicación ad hoc, a justificación del nombre que se le ocurrió en el reportaje de El Escándalo, porque hasta los años treinta nadie habla de chinos vendiendo collares y porque los chinos vendían su mercancía en los bares de las Ramblas, todo lo más lejos que podían de las tabernas del Barrio Chino por miedo a que les robasen en algún antro.

El caso es que fuese quien fuese el padre de la expresión, pareció operar al modo de las profecías autocumplidas, la denominación por el hecho de formularse generó conductas que la convirtieron en realidad. Porque el caso es que tras el nombre llegó a haber chinos donde no se había visto hasta la fecha ninguno salvo el comentario que años más tarde hace Francisco Madrid.

Aparecieron los chinos. Un grupo de chinos que vendían collares por las Ramblas. Como quien dice un bazar chino ambulante. Y a la pregunta que algunos se formulaban, ¿si hay un barrio chino, donde están los chinos? se respondió mediante crónicas. Crónicas que pretendían reflejar un aspecto pintoresco del barrio más pintoresco de Europa, el barrio chino.

Los chinos que hasta entonces y gracias a los folletines y a las películas de aventuras evocan fumaderos de opio, trampas con cocodrilos que devoran a los incautos que osan entrar en sus dominios, pérfidas que observan tras las cortinas, Fu-manchu acariciándose el largo bigote mientras piensa el modo de esclavizar a los occidentales, son retratados como vendedores de bisutería en las Ramblas que viven hacinados en pisos oscuros del barrio chino y se alimentan de arroz y brócoli. Nos enteramos de que en la temporada de brócoli, solo comen brócoli.

Ya en junio de 1930 aparece un reportaje sobre los chinos, en el número 74 de la revista Mirador. Chinos que tienen un líder, Liau, alias “don Miguel”, el único de ellos que sabe hablar en castellano y que quizá por ese motivo viene a ser la persona a través de la cual se relaciona el grupo de chino con su entorno. “Don Miguel” calcula que son ocho los vendedores que hay en el momento de la entrevista en Barcelona y viven, ellos y sus familias, en pisos de las calles Guardia y Montserrat. Devotos de Chiang Kai Shek presidente del Koumimtang, salieron de China a causa de las guerras que asolan su país. Liau está casado con una de las hermanas Panaitescu, rumanas saltimbanquis que actuaron por España entre los años 1910-19.

En septiembre del mismo año, la revista Imatges que dirige Planes, publica otro reportaje sobre los chinos del barrio chino. Aparece un Liau con una biografía parecida a la del Liau del anterior reportaje, igualmente es el líder del grupo de chinos y quien habla castellano y sabemos ahora que financia la compra del material y les proporciona el alojamiento que les descuenta de los ingresos de las ventas. Pero a diferencia del anterior, de este Liau se nos dice que no está casado, ni con una hermana Papaitescu ni con nadie, y se encuentra en estado de soltería. Quizá las diferencias en los datos que proporcionan un reportaje y otro sean fruto de las dificultades de comunicarse con una persona con un castellano deficiente o que uno o los dos periodistas han puesto cosas de su propia cosecha.



                         Esta fotografía y las dos siguientes son de  Casas i Galobardes en el
                          reportaje de la revista Imatges. Liou es la persona que está frente a la
                         cámara, con traje oscuro,  y el resto,  vendedores de collares chinos.


                                                                      Vendedores de collares  chinos.   


                                                        La hija de uno de los vendedores.



El último reportaje que encuentro es de la revista Crónica de marzo de 1935 firmado por G. Trillas Blázquez. Nuevamente se menciona la zona del barrio entre las calles Guardia, Montserrat y Arco el Teatro como el lugar donde viven los chinos.
        Esta fotografía y las que siguen son de Torrents  en el reportaje de Crónica. Chino fabricando             sus  baratijas 



                                                         En las Ramblas. Bazar ambulante. 



El líder del grupo es llamado Liou por el periodista. Habla un castellano aceptable y sabemos que al llegar a España era artista de circo, lo que podría explicar como habría conocido a una de las hermanas Panaitescu como sabíamos por el primer reportaje, de no ser porque también se nos dice que esta casado con una española. Ay, el periodismo sobre el barrio chino. Se hace difícil juntar las piezas de sus puzzles.

                                                     Revista Crónica. Marzo de 1935





A partir del reportaje de Crónica, el silencio. Quizá se camuflaron en el ambiente. Los chinos, ya se sabe, son muy taimados. Quizá la decepción que les causó Chiang Kai Shek los llevó al comunismo y en la guerra civil perecieron o tuvieron que marchar al exilio. Quizá tanto brócoli perjudicó su salud. Esta última me parece la explicación más plausible a la falta posterior de noticias. Habría que investigar en los ingresos hospitalarios a partir de 1935 y en las memorias de los médicos de la época. Un deterioro de la salud por ingesta continuada de brócoli tiene que haber dejado huella.  El horror que musitaba  Kurtz en El corazón de las tinieblas. Y eso que Kurtz se había librado de comer brócoli cada día.

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Encuentro una noticia en el periódico El Diluvio anterior a los reportajes anteriores. En una breve reseña de mayo de 1928, se nos hace saber que un chino de nombre Tsin-Pel-Ze  que vive en la calle Montserrat, ha sido victima de una paliza que le han propinado varios de sus compatriotas. No satisfechos con la agresión, la han completado robando  una cantidad de dinero que la victima  llevaba encima. Los supuestos autores del hecho, de quienes se nos facilitan los nombres, han sido detenidos por la policía.

                                                                        El Diluvio - mayo de 1928

domingo, 12 de abril de 2015

La Criolla (IV). ¿Hubo un antes del antes de La Criolla?

Sucede con frecuencia que cuando se excava  el suelo de  una iglesia dedicada al culto católico,    por debajo de ese  nivel   se encuentran restos que prueban  que  allí mismo, antes de la conversión al catolicismo  de los lugareños,  existió un centro religioso pagano. 

Sería como si  ciertos lugares  facilitaran  la expresión de un sentimiento religioso. O quizá tan solo es que  cuando se cambia de Dios, se aprovechan los elementos arquitectónicos del centro religioso anterior en  aquello que se puede,  porque  sale más barato reutilizar partes que echarlo todo abajo y montar la iglesia en otro punto. Así, va subiendo el nivel de los restos y por eso debajo de  una catedral aparecen elementos de un templo romano y más debajo de un centro ibérico.

El fenómeno  de reutilización de lugares o estructuras no es, como bien sabemos,  privativo de los centros religiosos. Hay sitios que nada tienen que ver con la celebración del culto,  donde se suceden niveles y niveles.  La calle del Cid número 10 es uno de ellos.


                                                  La Criolla. Revista Estampa. 1933. La flecha señala al periodista 
                                                                           Francisco Madrid autor de Sangre de Atarazanas.



Por debajo del nivel temporal de La Criolla,  y  en el mismo lugar que ocupó más tarde la sala de espectáculo,  estuvo la primera central eléctrica de España,  inagurada en 1882.

¿Qué hubo  antes de la instalación de la central   por la Sociedad Española de Electricidad en la calle del Cid número 10?

Encuentro otro posible uso del lugar.  Varios siglos antes, cuando buena parte de lo que mucho más tarde llegaría a ser el barrio chino  estaba sumergido  en la laguna del Cagalell.

En una reseña biográfica sobre Sor Sanxa Pérez de Cabanyes del erudito Artur Masriera  que se encuentra en la edición del 7 de enero de 1919 de La Vanguardia,  nos cuenta Masriera como el 13 de marzo de 1393 le fue concedida  a Sor Sanxa  licencia  real  (Carta Real existente en el Archivo de la Corona de Aragón – Registro 1.964 fol. 60) para retirar de la horca y enterrar en sagrado los cuerpos de los ajusticiados.  Al parecer,  Sor Sanxa compungida por el triste espectáculo de los  ahorcados balanceándose durante días en la horca con una horda de perros a sus pies esperando que fuesen cayendo restos del fallecido para devorarlos, solicitó tal gracia.  Todo empezó, para Sanxa, cuando tras la matanza de los judíos del Call de Barcelona en 1391,  para escarmentar a los asesinos, el rey Juan I  mandó ahorcar a doce de los detenidos por tal motivo.  Eran cristianos y ver sus restos disputados por los perros no fue del agrado de Sanxa.

Continua Masriera levantando acta del número de ajusticiados enterrados por el celo de Sanxa y sus compañeras. Y relaciona las horcas donde desarrollaban su actividad piadosa. Una de esas horcas estaba situada al lado del Portal de Santa Madrona  y la añade  Masriera en el recinto que hoy ocupan los talleres de la  Compañía Barcelonesa de Electricidad.  La Compañía Barcelonesa de Electricidad había absorbido a la  Sociedad Española de Electricidad y con la sociedad todas sus propiedades. Entre ellas un gran solar en la calle Mata donde se instaló la nueva central eléctrica que sustituiría a la primera de la calle del Cid. La sustituyó pero la nueva compañía conservó unos talleres en el edificio. 

¿Qué recinto señala Masriera?   Solo nos da   una pista, un  recinto que ocupan los talleres de la compañía de electricidad.

No  encuentro información  sobre el emplazamiento preciso de  una horca medieval cerca del Portal de Santa Madrona.  Si damos por cierta la información de Masriera,  solo caben dos opciones y entre la fábrica de la calle de Mata y los talleres de la calle del Cid no caben grandes dudas, en un lugar está la central, en el otro hay unos talleres y de tratarse del lugar donde está la central y sus chimeneas, cuando escribe Masriera ya se levantan las tres chimeneas,   me parece extraño que Masriera quisiera referirse al solar de la central llamando a esta taller.    

                                                    La central eléctrica de la calle de Mata en 1912
                                                                            (Fondo Endesa)



Las dudas  aún son menores si consideramos que la entrada a la ciudad por la puerta de Trenta Claus transcurría por el camino del Arc del Teatre (o Trenta Claus) y la horca con su efecto disuasorio sería claramente visible de encontrarse en lo que con el tiempo sería la calle del Cid 10. No tan visible ni tan pedagógica  sería una horca en el rectángulo delimitado por las calles Mata,  Cabanes, Vila i Vila y Paralelo, más alejada en este caso del camino.

¿Cuándo  Masriera escribe su nota se mantienen los talleres en la calle del Cid?  Es posible, pero no tengo pruebas.  Al trasladar la central eléctrica a la calle de Mata, se mantuvieron los talleres en la calle del Cid pero desconozco hasta que año. En el año 1909 hubo un incendio en el edificio que afectó a la primera planta y superiores donde se encontraba la fábrica de hilados de los hermanos Pascuet. Pero al parecer el fuego respetó la planta baja que es donde se encontrarían los talleres de continuar en el edificio.

Dejémoslo como hipótesis a la espera de datos mejores.  Siglos antes de que en La Criolla  la canción Ramona de Irusta ablandase el corazón de un travestido instado a pasar a uno de los reservados por un cliente,  -la música del disco ayudaría a la decisión del boy  y, sobra decirlo, la cantidad de dinero transada-,  es posible que en el mismo lugar  el viento hiciese balancear los pies de los ahorcados.
Y pensar que Georges Bataille viene a Barcelona a ver travestidos y por estar cerrada la Criolla en las fechas de su estancia en la ciudad  se conforma con la alternativa del Bataclan,  con la artista de turno  que fuma colocándose un cigarrillo en la vagina.

                                                                    La Criolla. 1933. 
                 


Muerte, innovaciones técnicas, sexo, el sexo que no se reproduce.

Escribe Bataille en “La literatura y el mal”:

El erotismo es, creo yo, la ratificación de la vida hasta en la muerte.
[…] Tanto si se trata de erotismo puro (amor- pasión)  como de sensualidad de los cuerpos, la intensidad es mayor en la medida en que se vislumbra la destrucción, la muerte del ser. Lo que llamamos vicio se deriva de esta profunda implicación de la muerte. Y el tormento del amor desencarnado es tanto más simbólico de la verdad última del amor cuando la muerte aproxima y hiere a aquellos a los que el amor une.


Hay lugares que de siempre y sin esfuerzo, saben  lo que llegó a saber Bataille.

                                                                La Criolla. Gabriel Casas i Galobardes. Sin año

                                                                    La Criolla. Revista Estampa. 1934

jueves, 9 de abril de 2015

La Criolla (III). Los travestis salvajes del barrio chino.


“Estaba cerca del puerto y del cuartel, y la cálida orina de millares de soldados había corroído su chapa de metal. Al constatar su muerte definitiva, las Carolinas con chales, mantillas, trajes de seda y chaquetillas ajustadas acudieron a ella en solemne delegación para depositar un ramo de flores rojas anudado con un crespón de gasa. El cortejo partió del Paralelo, torció por la calle San Pablo, bajó por La Rambla hasta la estatua de Colón. Eran las ocho de la mañana, el sol iluminaba la escena. Las vi pasar y las acompañé de lejos. Sabía que mi puesto estaba en la comitiva: sus voces heridas, sus gritos de dolor, sus gestos exagerados, se proponían atravesar el espeso desprecio del mundo. Las Carolinas eran grandiosas: las Hijas de la Vergüenza.
Llegadas al puerto, torcieron a la derecha en dirección al cuartel, y sobre la chapa herrumbrosa y hedionda del meadero público, sobre su chatarra muerta, depositaron las flores.”

(Jean Genet – Diario del ladrón)




Carolinas es el  nombre, como de logia travestida, nombre, santo, seña y uniforme de mantilla y chaquetilla ajustada,  que les da Jean Genet.   Una denominación que aparece fugazmente en el universo de los hombres que se disfrazan de mujeres en el barrio chino  y tan solo en relación al texto de Genet. Un nombre que es como un bólido que surca el cielo de la literatura y dura un instante (1).

Podemos establecer con una probabilidad de acierto alta la vespasiana a la que dirigieron su homenaje las  Carolinas, pero no sin antes dedicar  un recuerdo a esa modalidad de mingitorio público.

A finales del siglo XIX, y formando parte de las reformas que se acometieron en Barcelona para acondicionar la ciudad a los fastos de la exposición universal del año 1888, se instalaron unos urinarios públicos para varones  al modo de las vespasianas francesas puestas de moda  en Paris unos años antes. Vespasianas por la anécdota que cuenta Suetonio en la Vida de los Doce Césares del impuesto que sobre la orina impuso Vespasiano.  En Barcelona se montaron alrededor de una docena. Eran metálicas, de estructura circular coronada por un prisma hexagonal que servía para colocar propaganda, y tenían capacidad para ser usadas por seis personas a la vez.

Una de las vespasianas  se colocó en la Rambla de las Flores.  Pasaron los años y a principios del siglo XX  ese urinario se convirtió, por obra y gracia de la actuación  de anarquistas  y quizá de elementos relacionados con las cloacas del estado, en  el lugar favorito para demostrar el interés de la acción directa en la lucha por la emancipación del género humano.  

Entre los años 1904 y 1908 y en tres ocasiones, se colocaron bombas en el interior del urinario. En todos los casos explotaron causando heridos.  Dejo de ser moderno  utilizar la vespasiana de la Rambla de las Flores. Resultaba imposible entrar en el urinario con la actitud  de Henry Miller de quien  escribe Brassai en Les artistas de ma vie que le entusiasmaban  las vespasianas de Paris ya que: "Comme ça doit être charmant d'uriner en pleine rue en regardant passer les jolies femmes”.


Orinar en la vespasiana de las bombas se convirtió en un acto heroico  solo para prostáticos sin otra posibilidad rápida de alivio y para los incondicionales del artefacto mingitorio,  homosexuales y exhibicionistas  que lo continuaron  frecuentando arrostrando el peligro de nuevas explosiones.  El ayuntamiento a las pocas semanas de la explosión de la tercera bomba desmontó el ingenio y lo colocó  en la avenida del Paralelo. 

                                           La vespasiana de la Rambla de las Flores tras la 
                                           última explosión (L'Esquella de la Torratxa)



Cumplido el apunte histórico, volvemos  a la vespasiana que tantos buenos ratos había proporcionado a los travestis del barrio chino. En  todo el perímetro del cuartel de Atarazanas y zonas aledañas, solo en la Rambla de Santa Mónica se instalaron vespasianas.   Aparte de las Ramblas,  las más cercanas al cuartel fueron una en el Paseo de Colón,  en la Plaza del duque de Medinacelli,  y otras en el Paralelo. En el Paralelo, la más próxima para los militares  fue la instalada frente al Teatro Nuevo, justo la que procedía de la Rambla de las Flores, pero que pronto fue desmantelada tras  ser de nuevo usada en atentados con explosivos. 

En la Rambla Santa Mónica hubo dos vespasianas. Una donde se juntan la Plaza del Teatro con la Rambla, y otra casi al final de la Rambla Santa Mónica, junto al cuartel. Forzoso es que si la anécdota de  Genet tiene relación con algo que sucedió sea aquella de la Rambla Santa Mónica frente al cuartel la que ha de tener  el honor de haber sido objeto del cálido homenaje. 

                    Plaza del Teatro/inicio de la Rambla Santa Mónica. La vespasiana asoma su estructura                                           por la derecha de la imagen (Branguli)

                    Rambla Santa Mónica. El lienzo de  pared que se ve  al fondo forma parte del cuartel de                                        Atarazanas. La vespasiana a la izquierda de la imagen  (Ballell 1907-08)


                   La misma vespasiana que la imagen anterior  (autor desconocido. 1914)


Comentando el texto de Genet, Juan Goytisolo (http://elpais.com/diario/2009/01/03/babelia/1230943152_850215.html)    llama a las Carolinas valientes precursoras de “las gasolinas” parisienses de mayo de 1968.  Vete a saber quienes fueron  las gasolinas de Paris, pero estoy  convencido de que nunca ha habido travestidos más fieros que los que habitaron el barrio chino entre los años veinte y treinta del siglo pasado.  Ni “gasolinas” del Paris de mayo del 68, ni los amanerados del Magic City del Paris de los años treinta,  ni los travestidos del Dorado berlinés.
Los travestis catalanes se mezclan con el ambiente anarquista y directamente delincuente del primer tercio del siglo pasado, y en la crónica policial de Barcelona de aquellos años con frecuencia aparecen hombres disfrazados de mujer que han participado en un atraco en calidad de quien lleva la pistola, o que han seducido a jóvenes  a los que llevan a parajes solitarios del Tibidabo donde los roban, o que se suman a las revueltas para  asaltar el cuartel de Atarazanas.

                                                                El Diluvio 28.06.1929

                                                                   ABC 20.03.1934

                                                             La Vanguardia 10.10.1932

                                                        La Vanguardia 28.07.1926


Travestis que brujuleaban por las callejuelas del barrio chino. En particular por  la calle del Cid donde se encontraban los dos locales que recibían al mayor número de ellos y que gracias a esa circunstancia se convirtieron en referentes del barrio y en el oscuro objeto de deseo de los extranjeros que en Barcelona querían ver aquellos hombres que parecían más mujeres que las que tenían la costumbre de frecuentar. Cuando Georges Bataille, Simone Weil, Douglas Fairbanks, cientos de otros, visitaban Barcelona, iban al Bataclan para ver fumar con el coño a las artistas del local y a continuación a La Criolla y a Cal Sacrista  que eran los dos locales que acogían a más travestis. 

                               Calle del Cid. Prostituyéndose. Uno de ellos, travestido. Sin año
                               (Josep María Sagarra)


                                                               La Voz de Madrid. 09.04.1934                                                      



                                                             Cerca de La Criolla  (Casas i Galobardes)



                                       Dibujo que aparece en un reportaje sobre prostitución en La Rambla del 18                                                             de septiembre de 1933. 

La Criolla y Cal Sacrista que más tarde, en 1934 se llamó Wu-Li-Chang y se convirtió en la caricatura de una caricatura se encontraban en la calle del Cid, frente a frente. La Criolla tenía su entrada por  el número 10 de la calle y Cal Sacrista por el número 1 de la calle de Peracamps. Más popular el primero, más coartada de intelectuales que van de safari antropológico el segundo.

                                                        
                Al fondo, La Criolla. A la derecha, Cal Sacrista   Sin año (Casas i Galobardes)



                                                        Los neones que anuncian La Criolla y Cal Sacrista


                                                             Cal Sacrista. Sin año (Josep María Sagarra)



La prensa operó como un gigantesco medio de promoción de ambas salas al señalar la impudicia con la que se comportaban unos viciosos que llevaban su amaneramiento al punto de vestirse de mujer.

Del anonimato en que han quedado los muchos travestis que los frecuentaron –uno de ellos el propio Jean Genet, disfrazado de faralaes para favorecer el intercambio sexual mercenario-  las revistas rescataron a Flor de Otoño, un homosexual bragado de quien se comentaba que había participado en uno de los varios asaltos que sufrió el cuartel militar de Atarazanas.  Lluiset, Flor de Otoño, treintañero fino, con los labios pintados en forma de corazón y las cejas dibujadas,  asiduo de La Criolla e íntimo del gran Pepe (Pepe de la Criolla, naturalmente), encargado del local y responsable de su proyección internacional.

             Pepe de la Criolla con Trostki, pistolero del Sindicato Libre, La Asturiana, recostada en el                              suelo y Flor de Otoño a la derecha (nuestra derecha) de Pepe de la Criolla


              Flor de Otoño es el segundo contando a partir de la derecha (revista Crónica 08.10.1933).


                                                                                Flor de Otoño


         Interior de La Criolla. Flor de Otoño, repeinado,  en el extremo derecho de la foto. 1932.


                                         

             Miss Barrio Chino. Cuenta la revista Mirador que el  travestido ganador acudió en condición              de Miss Barrio Chino al concurso que se celebró en Madrid para escoger Miss España.






                                                        La Criolla. Sin año (Casas i Galobardes).



                                                                        La Asturiana


A partir de 1934, uno y otro local fueron declinando.  La Criolla fue transformada en verano de 1935 en uno de tantos cabarets como tenía Barcelona y desaparecieron las palmeras sucias del polvo de años y la orquesta enloquecida que junto a la cocaína provocaba sinergias de paroxismo en los parroquianos. Pepe de la Criolla dejó el local y abrió otro,  el Barcelona de Noche de la calle de las Tapias, donde  llevó las palmeras. Cal Sacrista, se disfrazó de chinosería y cambió su nombre por el de Wu Li Chang. Como aquellos restaurantes con decoración medieval de cartón piedra donde se sirve un remedo de comida de época. Cuando la aviación italiana destrozó la zona en los bombardeos de 1938, las dos salas ya eran tan solo tristes fantasmas. 


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(1) Desde siempre (un siempre que se puede limitar a un máximo de dos años, el tiempo que hace que me interesa la historia del barrio chino) había supuesto que el nombre de Carolinas era una invención de Jean Genet,  que en el recuerdo del cortejo de los travestidos despidiendo la vespasiana  se introdujo un nombre ajeno.
En mi benevolencia, le perdonaba el error a Genet.  El hombre, escribiendo años más tarde desde una celda de La Santé,  incluso era normal que distorsionase y se equivocase con los nombres. Una evocación lejana, bastante hacía con pintarnos un fresco del ambiente en el que se movió.

Y leo en el estupendo blog Un balcó al Poble Sec que un 1 de mayo de  1890 tuvo lugar por primera vez, y en el  campo de las Carolinas,  un mitin reivindicando la jornada de ocho horas. En el número de La Vanguardia que da cuenta de la reunión de trabajadores, hay alguna referencia que permite  ubicar el lugar, al menos de una manera aproximada: cerca de la Ronda de San Pablo, una hondonada, en uno de los lados se levanta la iglesia de Santa Madrona. Con esos datos se puede encontrar alguna información. 

En marzo de 1895 se está aplanando el terreno  y pavimentando la zona del Paralelo que corresponde al campo de las Carolinas (El Diluvio, marzo 1895).

El almanaque de L'Esquella de la Torratxa de 1924, evoca  el Paralelo de finales del XIX  en un artículo de M. Balasch, y aparece el campo de las Carolinas, convertido cuando escribe el cronista  en un music-hall llamado L'As.  Más concreta no puede ser la referencia. L'As se encontraba entre Paralelo 100-102 y Conde Borrell 1-3.

Con la suma de informaciones se puede acotar con bastante aproximación el emplazamiento del campo de las Carolinas: el cruce entre Aldana, Borrell y Paralelo quizá extendiéndose por el Paralelo y llegando hasta la calle Tapiolas.

Desaparecería el campo de las Carolinas con la urbanización de aquella zona del Paralelo entre los años 1894-95,  y aún por tiempo permanecería en el habla popular la denominación de Carolinas para referirse a la zona.

¿y el nexo entre el antiguo campo de las Carolinas y el nombre que da Genet a los travestidos?.  El trayecto que éstos hacen hasta llegar a la vespasiana (desde el Paralelo, donde tuvo su origen la comitiva, girando por la calle San Pablo) es compatible con un inicio del duelo en el antiguo campo de las Carolinas.   Cabe suponer, al menos me parece la hipótesis más plausible, que llamarlas carolinas indica el sitio donde desarrollaban su actividad. Entre las tapias, solares y algún desmonte del lugar.