viernes, 29 de mayo de 2015

Opisso y el desastre de Annual.

En julio de 1921 se produce la mayor derrota del ejército español tras el desastre de 1898. En el protectorado español de Marruecos  es derrotado el ejército español y  unos diez mil soldados mueren a manos de las tribus rifeñas.  En una campaña fulminante, desde  que el 17 de julio la  harka ataca la posición avanzada de Igueriben  hasta  el 8 de agosto que se rinde la guarnición de Monte Arruit,  todo el territorio entre Alhucemas y Melilla pasa a poder de los nativos.

Las noticias llegan tarde a los medios de comunicación que por otro lado, en la medida en que poco a poco se va conociendo la magnitud de la catástrofe,  tampoco son libres para informar por la instauración de la censura de prensa previa desde el 25 de julio.

Mirando los números de  L’Esquella de la Torratxa de 1921, he encontrado varios dibujos de  Opisso que tratan de la guerra del Rif.

En los primeros dibujos, los que publica en el número de 26 de agosto, y siguientes, la mirada de Opisso es amable. Hay cierta satisfacción en los dibujos que hacen referencia al embarque de tropas a Marruecos y a la vida de las tropas en el Rif con los soldados en tiendas de campaña. El soldado va a una operación de castigo que se prevé rápida y sin problemas.  Los rifeños no son más que  tribus salvajes que no pueden causar mayor problema a la potencia militar de España. Es posible que los dibujos reflejen tanto la falta de información que tiene la metrópoli sobre lo que ha sucedido en Annual  como el trabajo de la censura previa.  No hay amago de crítica ni al rey ni al general Silvestre a quienes las fuerzas políticas harán responsables de lo sucedido.

Conforme pasan los meses, los dibujos se van volviendo más sombríos.  Ignoro si  el cambio en el carácter de lo que dibuja Opisso es la traducción de una mayor información sobre los soldados muertos y el estado de los prisioneros españoles o que la censura se ha relajado. Lo que era poco más que una excursión campestre  se transforma en un retrato de los desastres de la guerra.


Por el momento he vaciado los números de L’Esquella de la Torratxa de 1921 y alguno del año 1922 y 1923, pero en estos dos años no de manera sistemática.  A medida que  continúe  con los ejemplares de los años siguientes iré subiendo los dibujos de Opisso que vaya encontrando. 


Los primeros dibujos aparecen en L'Esquella de la Torratxa del 19 de agosto de 1921. Risas y felicidad. Poco más que una excursión a un lugar exótico. 







Los cuatro siguientes del número de 26 de agosto de 1921. 













Dos de septiembre de 1921



9 de septiembre de 1921. Una escena guerrera. Todos los muertos son del moro. Pan comido. 




16 de septiembre de 1921. Que suerte tiene el recluta. Las chicas se lo disputan, los mayores le dan consejos. El recluta ríe y se siente ufano.



22 de septiembre de 1921. Lo que le gustaría a Abd-el-Krim. Conquistar la Alhambra de Granada y llenarla de mujeres medio desnudas, lo propio de un salvaje. Pues se va a joder. 





30 de septiembre de 1921. Empieza a virar el tono. Aún el tono es muy amable y Opisso dibuja un chiste, pero ya no se habla de paseo militar.



21 de octubre de 1921. Dos dibujos. En el primero que es portada de L'Esquella, dos personas están discutiendo de tácticas militares. Para una de ellas, alegoría de la madre, la táctica a seguir es volver a la península y dejarse de conquistas. En el segundo dibujo no se llega a leer por completo la leyenda. Es posible que Opisso esté equiparando a los soldados barceloneses con los becerros llevados al matadero. 






28 de octubre de 1921. El dibujo fue censurado. 



4 de noviembre de 1921





16 de diciembre de 1921




23 de diciembre de 1921. La vida opípara de Maura contrapuesta de un modo velado a la del soldado.  



9 de febrero de 1923. El retorno de los soldados cautivos. 




martes, 26 de mayo de 2015

La calle del Mediodía

                 Uno de los extremos de la calle del Mediodía en las cuatro esquinas. 1921. Foto: Badosa


     El otro extremo de la calle del Mediodía en su desembocadura en el Portal de Santa Madrona Fotografía de autor       desconocido. Posterior a febrero de 1935 cuando se produce el derribo del cuartel de Atarazanas.



Si la calle Cid fue el escaparate del barrio chino de preguerra,  un escaparate  sin  competencia entre los lugares  canallas de  la Europa de los años treinta  y quizá  del resto del mundo  –recordemos la opinión de Douglas Fairbanks, un  connoisseur de los sitios más emputecidos del planeta,  tras su visita a La Criolla en 1934: “Nunca he visto una cosa igual en mi vida. Ni en Saigón, ni en Shangai, ni en Port-Said”,  a la calle Arco del Teatro   le correspondió la misión de hacer de  melting pot  entre el proletario venido de Murcia y Andalucía,  la ideología anarquista,  la oferta de locales  para aquella modalidad de turista ávido de sensaciones intensas  pero a la vez temeroso de adentrarse demasiado en las callejuelas del barrio,  y la pequeña delincuencia de descuideros,  niveles inferiores del comercio de drogas ilegales y prostitución. 

En la retaguardia de ambas calles, la calle Mediodía es  el campamento base de donde surge y a donde regresa  la hueste humana que se desparrama por el barrio chino. Los que bailan disfrazados de mujer  en La Criolla y Cal Sacrista, los que intentan desplumar al incauto con el juego de las tres cartas, las mujeres que llenan los prostíbulos de  la zona.  En las tabernas  de la calle se preparan los golpes, los descuideros se deshacen de los objetos robados, en ellas gastan el dinero obtenido en la prostitución, el juego, el trapicheo con la droga. Aquí  descansan, en  un camastro de una de las varias casas de dormir del enclave.

     Josep Dominguez. 1933. La fotografía está tomada desde la esquina de Mediodía con la calle del Cid. Al fondo se       ve el principio de Arc de Cires.




  

La calle Mediodía es también es un sitio donde se muere mucho.  No por las riñas que suceden a menudo y en donde aparecen navajas. Se muere porque es un lugar con poca higiene, con habitaciones interiores sin renovación de aire, donde cuando llega el invierno se pasa mucho frio y en donde es fácil que escasee la comida. Se muere de consunción y de enfermedades infecciosas.  En una conferencia que pronuncia en el año 1935, el  sr. Bausili, concejal de Política Social del ayuntamiento de Barcelona,  se recogen datos de mortalidad por enfermedades infecciosas. En la calle Mediodía la mortalidad es cuatro veces superior a la media de mortalidad de la ciudad de Barcelona.  

                                                      Semanario Despres.  27 de julio de 1935.




La calle Mediodía  es el corazón del barrio chino.  No hay autor que  escribiendo sobre la zona, no reconozca la importancia de la calle  y no la haga aparecer en sus libros. Desde Juli Vallmitjana que lleva a la Xava a vivir a un cubículo de una de sus terrazas,  hasta Jean Genet  señalándola  como uno de los extremos de sus recorridos.   Carco llega a la calle del Cid remontando desde  Mediodía. 



Desapareció la calle,  sobre la que pendía una sentencia a muerte  desde que en 1859  el ayuntamiento de Barcelona aprobara el Plan Cerdá   que incluía el trazado de una  vía B que uniría la calle Muntaner con Atarazanas.  Desde ese lejano 1859 hasta la extensión de la avenida  Garcia Morato a Nou de la Rambla pasan cien años  en los que  el ayuntamiento va dando pasos que acercan el momento de la desaparición.  Un impulso decisivo  que ayuda a  la ejecución de la sentencia viene con  los bombardeos  que durante el año 1938  efectua  la aviación italiana con sede en Mallorca  que  afectan  a varias fincas de la calle.   Quedó sepultado el trazado de la calle por el asfalto de la avenida García Morato y apenas guarda la memoria algún destello de lo que fue el  patio de Monipodio del barrio chino. 

Los pocos recuerdos que quedan adoptan en su mayoría la forma de  crónica de sucesos,  que fue el modo usual por el que la calle del Mediodía   señaló su existencia al resto de la sociedad.  La  homogeneidad  de los establecimientos que de tan humildes  llegaban a ser sórdidos por  vía de la suciedad y las peculiaridades de la clientela,  el que  tuviesen su negocio orientado a las necesidades de las gentes del lugar y en  los que   apenas entraba nadie  de fuera del entorno,  hace que apenas conozcamos el nombre de algún  local.   El punto más conocido fue  las cuatro esquinas, el  lugar donde la calle Mediodia atravesaba  Arco del Teatro y con el nombre de Arco de Cires  llegaba hasta  Nou de la Rambla.


Josep Dominguez. 1933. Las cuatro esquinas. 


Aquí, en estas  cuatro esquinas,  de hacer caso a la información de la policía de Martínez  Anido, dio inicio la refriega en la que perdieron la vida “El Pernales”  http://lavaix2003.blogspot.com.es/2015/03/por-que-murio-el-pernales-en-la-calle.html    y otras cinco personas la víspera del día de Navidad de 1920.   Durante años en las cuatro esquinas se jugó a los “pastos” un juego con tres cartas en las que hay que adivinar donde se encuentra  una de ellas y que aún hoy en día se juega en las Ramblas con la finalidad de siempre, desplumar a algún incauto.



Sebastia Gasch en una de tantas crónicas como escribió en Destino, evocaba el nombre de uno de los que en la calle Mediodía dirigía el juego de los pastos al que llama “El Moreno”.

En las cuatro esquinas se mercadeaba con material robado y así  aparece de vez en cuando en las noticias de prensa.


Durante el día, en las cuatro esquinas y extendiéndose por las calles de alrededor se levantaba un mercado ambulante que no siempre fue del agrado de las autoridades.  De su actuación en la postguerra, el barrio chino guarda el recuerdo de  un guardia urbano, por mal nombre Gravat,  que aterrorizaba a los vendedores ambulantes.  Un abuelo de este Gravat debió de ser un vigilante de apellido Pérez y según subrayan las crónicas, cojo, que en 1901 la emprendió a vergajazos de su porra con alma de hierro contra un aprendiz que tuvo la desgracia de no atender de inmediato a su orden de que se detuviera.  Hubo que llevar al aprendiz a la casa de socorro y el incidente le sirvió a El Diluvio para arremeter contra la política de seguridad pública del alcalde.
 

En el número 5 de la calle Mediodia  se encontraba  la denominada Mina Pequeña.  Es posible que se trate de la misma taberna que  Paco Villar  llama Cal Beltrán y que sitúa en el misma finca.  Es la taberna que con más frecuencia aparece en la crónica de sucesos y en relación a los hechos más graves. En ella, grupos de delincuentes preparan sus golpes. En 1919, de aquí parte el grupo que asesinó  a golpes a dos guardias civiles en la calle Córcega.  Tengo la impresión de que el nombre de Mina Pequeña viene de que al igual que la taberna de La Mina en Arco del Teatro, esta otra taberna comunicaba con el   patio interior de manzana, en este caso con la parte  que dejaba libre la fábrica del Circ Barcelones. 

Dibujo de Opisso del consejo de guerra a los imputados por el asesinato de dos guardias civiles en el cruce de las calles Córcega con Nápoles en diciembre de 1919. El grupo proyectó el asesinato en la Mina Pequeña. 



No me queda claro que todos los servicios de la policía  cuando detiene grupos de delincuentes que se reúnen en la Mina Pequeña, respondan a la prevención  o resolución de delitos. Alguna vez tengo la impresión de que la supuesta banda que en brillante servicio neutraliza la policía, no sea otra cosa que un grupo de amigos a los que se adjudica la comisión de un delito con la finalidad de mejorar el expediente del grupo policial que los detiene.

Como en este caso de enero de 1934 que relata La Vanguardia, donde al comisario del distrito de Atarazanas le había llegado el soplo de que un grupo de cuatro personas pensaba atracar a un gerente de Vilassar de Mar. Preparando la acción, el jefe del grupo se había apresurado a desempeñar su traje y comprarse una camisa nueva y unos zapatos. En comisaria la supuesta banda lo confiesa todo.  Sea o no cierto que la policía abortó un atraco, del comunicado que emite la comisaria,  que son los datos que recoge la prensa que en este caso, como en tantos otros, hace de transmisor de lo que dicta la autoridad, se desprende el nivel en el que se mueve la delincuencia de la calle Mediodía, al margen de lo que realmente ocurriera en esta ocasión. Desempeñando ropa, comprando una camisa y unos zapatos, previendo robar un taxi, es el nivel de la miseria donde se hace indistinta la comisión de un delito o cualquier acto desesperado del que tiene un hambre de días.

                                                                       La Vanguardia. 14 de enero de 1934




 

En el número diez  estaba Cal Pitoño. Reputada casa de dormir,  cuyo prestigio venia no tanto de la nula calidad de las instalaciones sino porque en ella se recogían buena parte de los desarrapados del barrio.  Frente a  Cal Pitoño, en el número 19,  había otra casa de dormir, La Paloma de Valencia.

                                                                   Centelles. 1935. Cal Pitoño

                                                         Centelles. 1935. La Paloma de Valencia.

Sobre ambos locales pasa la mirada Jaume Passarell  en un reportaje en  la revista Mirador en el año 1935. 
Passarell  nos muestra a un  Pitoño, porque Cal Pitoño  se llama así por  su propietario,   modelo de  hombre de empresa de los que tan pródiga es la cultura americana.  Personajes que empezaron de la nada y forjaron un imperio. Pitoño debe lo que tiene al tesón con que durante años mendigó por las calles de Barcelona y a que dedicaba una  parte de su tiempo, del escaso tiempo que le dejaba la mendicidad, a la recogida de papel. Ahora, en 1935,  es el dueño de una casa de dormir en la calle Mediodía y quien sabe hasta donde le puede llevar en el futuro su espíritu de empresa.   

El dueño de la Paloma de Valencia se llama Honorato y el establecimiento que regenta tiene mayor presencia y calidad que Cal Pitoño. En la planta baja hay una taberna que proporciona comida a los huéspedes que se atreven con la pitanza que se sirve.   Entre la fauna que alberga, destaca uno que acude a los cines del barrio y de las Ramblas y su negocio consiste en sentarse al lado de aquel que ve solo, bien vestido y con aspecto de estar interesado en entablar conocimiento con otros varones.  Una vez que se sienta al lado de la víctima,  pide a esta  que le entregue todo el dinero que lleva so amenaza de gritar que el incauto le ha propuesto actividades deshonestas.  La posibilidad de ser detenido y que le aplicasen la Ley de Vagos y Maleantes aprobada en el año 1933 tenía un efecto disuasorio en la resistencia que podía esperarse de  los espectadores solitarios.

La Paloma de Valencia es frecuentada por alemanes. Hay una colonia de alemanes numerosa en Barcelona. La crisis económica tras la primera guerra mundial hizo que muchos alemanes emigrasen de su país y varios miles se encuentran en Barcelona.  Hay una segunda oleada de alemanes tras la llegada de Hitler al poder.  En sus memorias aparece con frecuencia la calle Mediodía como el lugar donde se hospedan.  En la misma calle, en el número 16,  está el Bar Scandinavia  con una clientela casi toda alemana y en donde se alojó Margaret Michaelis, la mujer del arqueólogo y miembro del DAS, un grupo anarquista, Rudolf Michaelis. En una serie de reportajes del periodista Bartrina en La Publicidad sobre la emigración alemana en Barcelona, aparece la   Fonda Alemana en la calle Mediodía. Aparece en una serie de reportajes del periodista Bartrina en La Publicidad  sobre la emigración alemana en Barcelona (13, 14, 15 y 18 de abril de 1934).  Bartrina no da el nombre del establecimiento. La denomina fonda alemana, señala que se encuentra en la calle Mediodia,  e indica que en la misma recalan muchos de los vagabundos alemanes que llegan a Barcelona.  http://lavaix2003.blogspot.com.es/2015/03/los-alemanes-y-la-calle-mediodia.html

“El gran quarter general dels falsos i d'alguns dels veritables refugiats politics a Barcelona  s’aplega i resideix en aquest carrer tan miserablement acolorit del darrera les Drassanes que porta el nom de Migdia. Qualsevol vagabund alemany que arreplegueu a Barcelona us dira que viu a la Fonda Alemanya del carre del Migdia. Aquesta dita Fonda no és mes que una taverna i casa de dormir on per rnitjá d'un retol  descolorit  a la porta s’anuncia el preu dels llits: "Camas, betten, a 6o céntimos.  L'amo és catala, i com a bon catala és un home trempat i forçut. No és, doncs, alemany ni té cap parentiu amb  alemanys”.  […]

L'amo de la Fonda fa la seva feina completament absent a tot el que es parla i s'amanyaga al seu entorn. La seva muller, catalana també, collabora amb ell en alló que tan sols els
interessa: el farciment del calaix. […]

A la casa, que és un dels pocs llocs inedits, curiosos i acolorits de veritat que encara resten al nostre barri xines, no s'en estatgen mes que estrangers de Centre Europa. La nostra pobrissalla
no hi va, puix que els sembla que no son a Barcelona. Els rétols, els avisos, els preus, tot, o está
escrits en alemany o be en bilingüe. […]



Calle del Mediodía a la altura de la calle del Cid que se abre a la izquierda. Revista Estampa. 1929



martes, 19 de mayo de 2015

El 13, Rue del Percebe del Barrio Chino: Calle Unión, 7.

                                                  Calle Unión, 7. Año 1932. Autor desconocido.


En el número 7 de la calle Unión se levanta ahora un edificio de factura reciente sin mayor interés.  Se construyó sobre un solar que  hasta 1969  albergó  otro edificio que por sí solo ha sido un compendio de las  características y de la  historia que asociamos con el  Barrio Chino.   Un microcosmos que repetía y ampliaba  el macrocosmos  de los barrios bajos.  El 13, Rue del Percebe del barrio chino  de las primeras décadas del siglo XX.   

En los bajos y el sótano del edificio estuvo el Café Concierto Barcelonés, también llamado Café La Unión y Alcázar Español.  En La Vida de Manolo de Josep Pla se menciona el lugar: “En otras épocas fue muy bonito. Su propietario era el Mero. A la entrada tenía un local grande, vacío, sin mesas, al fondo se veía una puertecilla que daba a una especie de vestíbulo. Detrás, bajando unos peldaños, se llegaba al café que estaba en un cielo raso y algunos días tenía una claraboya que daba un aire espectral y vago al calor de nicotina de pipa que tenía el local.                                
Era el café cantante típico, con galerías colgantes, frecuentado por aragoneses que todavía llevaban el pañuelo en la cabeza, por estudiantes gandules, golfos de piano de manubrio con las camisetas a rayas blancas y azules y su catadura de monos y gentes del hampa y del bronce. La estrella de la casa era la Trini, una mujer alta y gorda, de caderas apretadas, muy descarada con un peinado de cuatro pisos. La Trini cantaba con una insolencia provocativa”. 


¡¡¡¡Aragoneses que todavía llevaban el pañuelo en la cabeza!!!!  Esto es fantástico.  


Cuenta Sergio Vila San Juan en su libro Una heredera de Barcelona  de un episodio que vivió uno de sus  abuelos en su condición de abogado y en donde intervino una cantante del Alcazar Español de nombre artístico Maria Nilo. La tal artista fue secuestrada por tres desaprensivos que la condujeron a un hotel con la intención de estrangularla y quedarse con las joyas que  Sebastiana Togores Gomila, que a los efectos administrativos así  se llamaba  la cantante,  llevaba siempre encima.  Se conoce que los tres delincuentes no eran personas bragadas y en el intento de terminar con la vida de Sebastiana, hicieron tanto ruido que  alertaron al personal del hotel que consiguió liberar con vida a la cantante.

               María Nilo con el criminalísta  Vila San Juan  (Mundo Gráfico - 28 de enero de 1920)


En el  camino de la sala de espectáculos hacia la nada, en ese vuelo rasante  siempre a punto de tropezar con el suelo y que se compone de una suma  números musicales interpretados por  chicas que cantaban con estilo regular,  a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo,  de ser  lugar de alterne  donde  confluía el  mundo de la burguesía y el de  las chicas bonitas del proletariado catalán, con lances de pequeña delincuencia y matonismo, el  mayor hito del Alcazar consiste en haber visto debutar a una joven Raquel Meller.   Ya es mucho, pero creo que  es el único.
El Alcazar Español dependía para sobrevivir de los ingresos que obtenía del juego. El vaivén de los sucesivos gobernadores civiles,  unos tolerando el juego, otros prohibiéndolo, otros aceptando un porcentaje de los ingresos que se conseguía por tal motivo, terminaron por  causar el cierre del local que a temporadas intentó subsistir mediante su conversión en una sala de cine.  Cerró definitivamente en 1925.

Años más tarde, el local se transformó en un cine, el cine Broadway al que alguna crónica califica de cine de ínfima categoría. El Broadway cambió su nombre por el de cine Unión en 1941.  El 3 de octubre de 1969, unas obras en el cine provocan  el hundimiento de parte del edificio. Murieron nueve personas y otras siete resultaron heridas. 

Casas i Galobardes. Rambla del Centro ANC. Se ve el letrero que anuncia el cine Broadway a la entrada de la calle Unión. Por el título de la película la imagen ha de estar fechada entre los años 1933-35.


Cuenta el periodista J.E. Bartrina en un reportaje en Mirador que  el entresuelo estuvo ocupado por una clínica de enfermedades venéreas que atendía a buena parte de los huéspedes de las distintas pensiones que llenaban el edificio. Las de los pisos bajos más lujosas, con unas  inquilinas donde eran legión las  damas de la noche y a medida que las pensiones ocupaban pisos más altos,  trotamundos y emigrantes sin papeles siempre con el riesgo de que una redada policial los pusiera en la frontera. Gracias al médico que regentaba la clínica, sus amigos se ahorraron más de un disgusto  en su trato con las señoritas pensionadas.

Pobre médico, ¡a que dilemas se enfrentaba!  Tener que decidir entre el sagrado deber de la amistad y el  aún más sagrado deber de mantener el secreto profesional!.

- Enric –en el supuesto de que el médico se llamase Enric-  ¡Que suerte tienes ganapia ! Por tus manos pasan los mejores conills de Barcelona y en lugar de pagar como hacemos todos los demás, tú cobras. A ver   ¿con quién cardamos esta noche?  ¿Que tal  la mulatita?, la que tiene un culazo de  toma pan y moja   le preguntaban sus amigos.  

Y Enric debatiéndose en el dilema.  ¿Cómo voy a incumplir el sagrado deber que juré como médico y  revelar  los secretos médicos de las señoritas que atiendo?   Claro que  como no disuada a  mis amigos  de ir donde  la mulatita que les gusta,  a la que estoy curando una sífilis,  y  a uno de ellos le aparezca un chancro en el pene,  me romperán la cara.

Desconocemos  cual  de las dos fuerzas vencía en el combate moral de Enric.   Mucho creo que Enric llegaba a componendas con su conciencia y de paso preservaba la integridad de  su cara.

-Ya sabéis,    que no puedo daros la información que pedís, peroy no me preguntéis el motivo- yo no llamaría a la puerta de la pensión del segundo piso.

- ¡Coño, Enric, si allí se aloja la mulatita.

-Hay una catalana que acaba de llegar  de Olot que si no me conociese todo el barrio y temiese por el estado de mi reputación,  yo mismo correría a saludarla.  Hacedme caso y probad por esta vez el producto autóctono.   Y  los amigos del Dr. Enric  que  aparte de no ser tontos temían que sus señoras esposas descubrieran sus recorridos por los barrios bajos a través  de los estragos  en el  báculo con que uncían el sagrado lazo del matrimonio algún que otro viernes,  le hacían caso y llamaban a la puerta tras la que esperaba la lozana campesina de Olot. 

Las Navidades del Dr. Enric siempre estaban colmadas de puros habanos que le regalaban sus amigos.

Por aquellas pensiones pasó toda la burguesía catalana y muchos de los artistas de las salas de espectáculo del entorno. Sin olvidar a las celebridades que nos visitaban: desde Primo Carnera al faquir Blackaman y  la orquesta Irusta  al completo.  Fueron años de alegría en las pensiones de los pisos bajos del edificio. Y de una actividad extenuante para el Dr. Enric, director de la clínica de enfermedades venéreas. 

Al mediodía,  entrando desde las Ramblas y enseñoreándose de la calle Unión con unos andares vacilantes, hacía su aparición  Monterito, el bailarín del Excelsior.  A Monterito, que aún no se había acostado, el alcohol de la mañana lo volvía audaz y valiente,  y desde la calle retaba a todos los varones que pudieran encontrarse en el edificio. Soltada que era la bravata,   y que debía de costar lo suyo entender el balbuceo del borracho, Monterito remontaba las escaleras del edificio llamando a cada una de las puertas.  ¡a ver quien tiene cojones de salir y pegarse conmigo!. A Monterito todo el mundo lo quería y respetaba su manera de llegar a la cama. Nunca hubo quien aceptase el reto.

A media tarde, cuando empezaban a desperezarse las señoritas,  un mozo de los almacenes Vilardell de la cercana tienda de Nou de la Rambla, acudía a cada una de las pensiones llevando un cargamento de medias de seda. Las extendía en la mesa del comedor de cada pensión y las señoritas escogían.  Por fin llegaba la noche y   el edificio se convertía en un lugar concurrido, entre clientes que acudían a su lugar de costumbre, camareros que llevaban sandwich y bebidas, policías que pedían documentación,  encargos a las farmacias para aplicar un tratamiento a un cocainómano pasado de dosis. 

En 1931, el principal pasa a ser la oficina de los sindicatos libres. Dura poco la alegría en casa de los pistoleros de la patronal, porque en abril, celebradas las elecciones municipales que  dan la victoria a las izquierdas, son clausuradas todas las sedes del sindicato. Al de la calle Unión acude un grupo de gente que destroza  el mobiliario. Un retén militar permanecerá durante meses a las puertas del edificio para impedir nuevos desahogos.

                      José María  Sagarra - Abril 1931- Balcones de la sede clausurada  del Sindicato Libre.


                           Josep Maria Sagarra - Abril 1931 -  Un grupo de personas en la entrada de la calle                                                      Unión 7, tras destrozar los locales de la sede del Sindicato Libre.


                                   Josep María Sagarra - Abril 1931 - Retén militar para impedir la entrada en la                                                              sede de los Sindicatos Libres. 


Más tarde y durante el bienio negro debió de volver a ser ocupado el local por los sucesores de los sindicatos libres, porque el 19 de julio, el pueblo enfurecido volvió a ocupar los locales y tiró por el balcón todo lo que encontró en el interior del local.  La FAI incautó los locales y los destinó a redacción de su órgano Tierra y Libertad

           Perez de Rozas - 19 de julio de 1936 - Mobiliario destrozado de lo que fue la sede de los                                          sindicatos libres. 


Ahora,  en lugar del  Alcazar Español/cine Broadwa/cine Unión hay un parking. Se puede conocer la ubicación de la mayor parte de salas de espectáculo que hubo en el barrio chino mirando un plano de los parkings de la zona. Donde hubo un dancing, un café cantante, un cine hay casi siempre un parking.

Del edificio no llega el menor ruido a la calle. No hay chicas en bata  por las que se escapa parte de un seno,  asomándose a los balcones. Los Monteritos actuales no retan a los hombres que allí viven. Nadie acude a satisfacer su ludibrio en pensiones inexistentes mientras el chofer de uniforme espera al pie del coche a que el señor termine su escarceo amoroso.  No hay sindicato de la patronal, ni un retén del ejército monta guardia a la entrada para impedir la furia del pueblo revolucionario.  El edificio es uno de tantos. 

domingo, 17 de mayo de 2015

Surtido variado: El sindicato de inválidos del Villa Rosa. La serpiente de la calle Perecamps que mama del pecho de una madre. Un miliciano furioso en el Gambrinus.


Durante la guerra, el Villa Rosa de la calle Arc del Teatre 3, fue confiscado por la UGT y convertido en la sede del Sindicato Peninsular de Inválidos. En su mayoría,  personas con cojera.  Los ciegos  ya tenían su Sindicat de Cecs de Catalunya,  con la sede social en el Passatge de la Pau 7, desde 1935.
Los inválidos españoles de la zona  que se mantuvo  fiel a la República,  formaron dos sindicatos en 1936. El que he mencionado,  radicado en el local del Villa Rosa y  formando parte de la estructura de la UGT,  y  el Sindicato Único de Inválidos con sede en Alicante, afiliado a la CNT.  

La tarea fundamental del sindicato de Barcelona consistió en gestionar el acceso a un trabajo remunerado para sus afiliados. Así, se conoce una petición al Sindicato de Comercio que acepta conseguir trabajo para 30 de los miembros del sindicato de inválidos.

En la asamblea celebrada el 15 de noviembre de 1936,  se produce un debate entre dos sectores del sindicato. Uno, liderado por Juan Aljama propone manifestarse en defensa de sus intereses. El otro, cuyo portavoz es Antonio Muriana, considera que en periodo de guerra  la manifestación tendría un carácter contrarrevolucionario.  Esta segunda posición es apoyada por el presidente del sindicato, Angel Ruiz, y finalmente se rechaza la manifestación.

En junio de 1937, el sindicato de inválidos remitió a la dirección general de Sanidad y Asistencia Social de la Generalitat a cuya cabeza se encontraba  Felix Marti Ibañez, una petición para terminar con el ejercicio de la mendicidad por parte de algunos inválidos. Se trataba de cubrir con inválidos las  plazas de puestos subalternos de la administración dejados vacantes por la marcha al frente de los funcionarios.   La respuesta de Felix  Marti no fue del agrado del sindicato,  y se comprende  el desencanto.  Remitía Felix Marti la adopción de medidas favorables a los inválidos al momento futuro en que la guerra  se inclinara en favor de los republicanos.

No está de menos en este punto recordar el texto que sobre ajedrez escribió Felix Marti  que rescatara Cabrera Infante en su Vidas para contarlas: : “Darle jaque mate al rey opuesto en ajedrez equivale a castrarlo y devorarlo, haciéndose los dos uno solo en un ritual de homosexualismo simbólico y comunión canibalística, respondiendo así a los remanentes del complejo de Edipo infantil”. Anda, a ver quien da más.
Lo mio, quede todo dicho, es más envidia de Felix Marti que otra cosa. Hay fotos de Felix Marti Ibañez en su exilio en New York, al lado de Ava Gardner. 



No he conseguido encontrar fotografías de la entrada al  Villa Rosa con cartelería del sindicato. Valga esta otra imagen del sindicato de ciegos para ilustrar el punto. 




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Un marinero mata a una serpiente en unos almacenes de la calle Peracamps a la que  hace responsable de la desnutrición de una niña de cría que vivía con su madre en la calle Mina, cerca de los almacenes.  El marinero no se limita a matar a la serpiente sino que acude al juzgado para denunciar a un médico que se negó a certificar que la causa del trastorno de la niña era que por las noches, la serpiente se llegaba hasta donde se encontraba la niña y mamaba del pecho de la madre  al tiempo que  colocaba la cola en la boca de la niña para que no llorase. 
La noticia la publica La Voz de Madrid en su edición del 23 de agosto de 1932. 






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 La última noticia atañe al Antic Gambrinus del Portal de Santa Madrona 6. En abril de 1937, un miliciano  que procede del frente, entra en el local, en aquellos años un dancing,  en estado de embriaguez. Sus compañeros intentan desarmarle con tan mala fortuna que el miliciano ,molesto y forcejeando con ellos, lanza una bomba de mano en el local.  Resultaron heridas siete personas a las que hubo que atender en el dispensario de la calle de Barbará. Dos de ellos, heridos de gravedad pasaron al Hospital Clínico.
En la noticia de la Vanguardia del 29 de abril de 1937 en que se da cuenta del hecho, no aparece el nombre del local. Un “danzing” de la calle Portal de Santa Madrona. No es hasta el mes siguiente en que conocemos que se trata del Gambrinus  y que el miliciano se llama José Farah





                                                       La Vanguardia 29 de abril de 1937
                                                          

                                                        La Vanguardia 20 de mayo de 1937








jueves, 14 de mayo de 2015

Einstein y el Barrio Chino


El domingo estuve en la Rambla del Centro buscando trazas del paso de Einstein por la zona durante su estancia en Barcelona entre los días 22 y 28 de febrero de 1923.

En el diario personal de Einstein,  el viaje a Barcelona se reduce a dos lineas que se resumen en la enumeración de tres o cuatro nombres personales y  la sola mención de un establecimiento, el Refectorium,  un restaurante que se encontraba en la Rambla del Centro, dentro de los limites canónicos del barrio chino.  Aunque hablar de barrio chino en 1923 no deje de ser una incongruencia histórica. Faltan dos años para que Francisco Madrid  escriba  su artículo en El Escándalo llamando barrio chino a lo que hasta aquel momento se conocía  como barrios bajos.

El Refectorium era un restaurante que estaba de moda en Barcelona.   En un sótano –catacúmbico, apostilla  El Escándalo- del número 36, 38 de la Rambla del Centro. Tenía un estilo de decoración a la manera medieval  que me hace pensar si no sería como esos lugares donde a los turistas les ponen una corona de cartón y les sirven carne asada acompañada de vinacho al tiempo que contemplan a  unos artistas haciendo un remedo  grotesco de justa medieval. Ahora resulta  kitsch un lugar semejante,  pero a saber entonces.  Inaugurado en 1917,  desapareció en 1926 y su lugar fue ocupado por un bar dancing, El Gato Negro.  


       Entrada al Refectorium. Arxiu Mas. (esta fotografía y la siguiente proceden del pirateo que he hecho al excelente                        blog Barcelofilia         http://barcelofilia.blogspot.com.es/  una fuente inagotable de información sobre   la                                         Barcelona  desaparecida).





Einstein, con cuarenta y pocos años, Premio Nobel de Física  desde dos años antes,  yendo de país en país dando conferencias  a las cuales,  junto a las eminencias científicas locales que entienden poco de lo que explica  acuden señoras empingorotadas  que no entienden nada, y saltando de homenaje en homenaje donde todos se sienten en la obligación de mostrarse agudos con aquel a quien   ven como expresión del punto más alto al que puede llegar la inteligencia humana (tanto es así que cuando Einstein llega a Madrid,  es recibido en loor de multitud y entre el público se oye un viva ¡Viva el inventor del automóvil!.  Que menos que el automóvil podía haber inventado ese señor tan inteligente).

                               

                                                                     Einstein en L'Espluga de Francoli. 



Entre las sevicias que recibe en el viaje a Barcelona, no es la menor la cena con la que le agasaja Rafael Campalans. Un aquelarre de nombres que esconden acertijos con resonancias científicas  para esconder una  comida de pollo y habas a la catalana.   


                         

                               El menú de la cena "relativista" ofrecida a Einstein por Rafael Campalans 
                                        (revista Quark, nº 26 - La cena "relativista" de Barcelona. Emma Sallent y Antoni Roca) 



Einstein acudiría al Refectorium y allí, uno más entre los clientes,  comería, bebería y participaría en la justa medieval. Entiendo que anotase el nombre del restaurante que quizá le permitió   descansar por un rato de su papel de genio.

Paridas las que digo que desmiente una nota de La Campana de Gracia que dice  lo que hizo el sabio en el establecimiento fue tomar un café con leche.  No  creo  que ese café con leche funcionase como una epifania  para llevar a Einstein a escribir el nombre del restaurante en su diario.  Paridas las mías y posibles mentiras las de La Campana de Gracia.




                                       Einstein a casa. La Campana de Gracia, nº 2802. 3 de marzo de 1923            


Esta es la relación  de Einstein con el barrio chino. Poca cosa es, pero es.  Hubo una vez que Einstein viajó  a Barcelona,   acudió a un restaurante de la Rambla del Centro  y registró el nombre del local  en su diario. Con menos que eso, cualquier ayuntamiento preocupado por el nivel científico de los escolares  y por fomentar un turismo que no se limite a emborracharse por poco coste,  monta un memorial y organiza visitas de colegios intentando que el ejemplo de Einstein estimule el interés por la ciencia de los escolares. Nada hay en la fachada del edificio que albergó el Refectorium que recuerde el hecho. Nuestro ayuntamiento debe de considerar que el paso de Einstein no merece  una simple placa. 

Hay otra relación entre la visita de Einstein y los barrios bajos, aunque no de la zona del barrio chino. Los anarquistas del sindicato único pidieron a Einstein que acudiera a la sede del sindicato de distribución  en la calle Baixa de Sant Pere. Aceptó Einstein y el día 27 se presentó en la sede de los sindicalistas. Allí fue recibido por Angel Pestaña y Joaquin Maurin  (a todo esto, Maurin estaba en todos los fregados. Ya hemos hablado en otra entrada del blog de su relación  familiar con Souvarine y quizá por esa vía con Georges Bataille).  Einstein aconsejó a los revolucionarios que leyesen la Etica de Spinoza fuente de satisfacciones sin cuento.  Al día siguiente, la prensa se hacía eco de las supuestas palabras que dirigió Einstein a los sindicalistas: "yo también soy un revolucionario, pero en el terreno científico, y como los científicos me preocupan también los temas sociales".

                            

                                                              ABC - 1 de marzo de 1923
                                                 

 Cuando Einstein se entera de las palabras que han puesto en su boca, las desmiente.  (Entrevista  que publica ABC al día siguiente, 2 de marzo      «Le ruego a usted -me dice Einstein- que rectifique las declaraciones que se me atribuyen. Es cierto que acepté la invitación de los sindicalistas; pero dije lo contrario de lo que escriben los periódicos. Dije que no soy revolucionario, ni siquiera en el terreno científico, puesto que quiero conservar cuanto se pueda y pretendo eliminar tan sólo lo que imposibilite el progreso de la ciencia. Dije que debía hacerse lo mismo en la sana evolución política. ¿Cómo hubiera podido pronunciar las palabras que se me atribuyen, puesto que vivo apartado de toda actividad política? Cierto que soy un sincero demócrata, me interesan los problemas sociales y deseo la igualdad de derechos para todos los seres humanos; pero no tengo fe en una sociedad socialista ni en el programa de producción de los comunistas.»)


La falta de huellas del paso de Einstein por la parte baja de la Rambla del Centro  forma parte del desinterés con que ayuntamiento, empresarios y ciudadanos  contemplan el deterioro paulatino de la zona.    Nada hay ahora que recuerde el pasado esplendido  de la parte de la Rambla del Centro  que se encuentra entre el edificio del Teatro Principal y Nou de la Rambla.
Donde, desde el periodo que va de la primera guerra mundial hasta nuestra guerra civil,   tuvieron su asiento algunas  de las salas de fiesta más afamadas de Barcelona ahora se ven parkings, badulaques, salones de máquinas tragaperras, algún hotel para turismo con pocos posibles y una impostada sala de flamenco.  Que no es tan solo esta zona la que se deteriora, prácticamente se puede decir lo mismo de cualquier otra lugar  del barrio chino. Hubo un pasado con un brillo que vieron y envidiaron el resto de europeos  donde ahora no hay apenas nada o a veces menos que nada.

En ese lugar de las Ramblas, tocando al Refectorium y más tarde a  El Gato Negro, en lo que entonces era el número 34 de la Rambla del Centro, estuvo el Excelsior

                                          
                                                      Josep Mompou - Cabaret Excelsior.
                                                            



El periodista Planes explicaba del siguiente modo la distribución del local:

                                        
                                                             Planes - revista Mirador. 1929




Entre los clientes del Excelsior se había visto desde el asesino de Rasputin hasta el general mexicano Victoriano Huerta.  Cuenta Josep María de Sagarra que en una ocasión encontró  sentados  alrededor de la misma  mesa, callados, viendo el espectáculo, a Rafael Gómez “El Gallo”, al ex campeón mundial de boxeo Johnson, y al ex sultán de Marruecos  Muley Hafid.  Ahora hay una discoteca para turistas.