jueves, 14 de abril de 2016

El Café Catalán de la Rambla Santa Mónica


                                               Café Catalán.     Fot:. Gaspar i Serra. ANC.  c1930.



Rastreando en la prensa señales de la existencia del Café Catalán, encuentro como fechas extremas el 10 de octubre de 1881,  cuando un anuncio en  Publicidad  informa del precio al que  el establecimiento  venderá el café a partir de la fecha,  y el 19 de noviembre de 1940 en La Vanguardia [Española]   en relación a una cartera perdida y la gratificación que se concederá al que la encuentre.

Entre ambas noticias anodinas se extienden casi 60 años de actividad de un local que tuvo grandes momentos.


                                                        Café Catalán.   Fot:. Gaspar i Serra. ANC.  c1930.





La Rambla Santa Mónica era la parte oscura de las Ramblas. Estaba el cuartel de Atarazanas y un sucio puerto al fondo  del paseo donde fondeaban barcos con banderas de todos los países ribereños del mundo.  Soldados y marineros  llenaban la abundante colección de  bares de camareras y  meubles de ambas aceras de la Rambla y  se desparramaban por el barrio chino a través de las entradas que se abrían por Arco del Teatro y Portal de Santa Madrona.

Con diferencia sobre el resto de locales,  el Café Catalán fulgía en el negociado de establecimientos de ocio del paseo. Un local muy grande, llegó a ofrecer 150 chicas en calidad de tanguistas.

Escribía Josep Maria Planes en 1929, que en Barcelona se sabía que había arribado un gran barco por tres indicios, los tres en secuencia temporal. El primero era la información de la sección marítima de la prensa. El segundo porque los pequeños contrabandistas de las Ramblas, los que se dedicaban al menudeo, te vendían Camel (Planes escribía "Cammel") a un precio recomendable. El tercero era que el Gran Café Catalán se llenaba de marineros.

Se encontraba en el número 6 de la Rambla Santa Mónica, en la antigua numeración de las Ramblas. Cerca y en la misma acera del Teatro Principal.


Vayamos a la relación de cambios que se produjeron en el local a lo largo de sus 60 años de actividad:

En 1909 y bajo la modalidad de sociedad “Sociedad El Grumete”, Café Catalán se convierte en café de camareras con billares.

                                                          La Vanguardia. 7 de marzo de 1909. 



En los años veinte, y sin que desaparezca  la actividad de alterne propia del café de camareras, se añade al local la oferta de tanguistas.   Son los años en los que el maestro Demon se hace un nombre interpretando al piano las músicas del momento, jazz, fox-trot, a los amantes de la noche que aterrizan en el Café Catalán: tanguistas, marineros, artistas del resto de locales de la zona que acudían cuando su sala de espectáculos cerraba, periodistas, beldades internacionales –escribía Angel Zúñiga- con una sed inagotable de champán.   
El baile con ticket, a través de las taxi-girls o tanguistas, se prolongaría hasta el inicio de la guerra. 



                                                    Casas i Galobardes.  El maestro Demon (Lorenzo Torres Nin)





                                     


En 1924, el café se vería implicado en un episodio de trata de blancas que terminaría sin mayores consecuencias para la sala de espectáculos. La dirección del establecimiento no sabía, no conocía, no había visto nada y todo se debía al malentendido de que los delincuentes habían sido detenidos cuando casualmente tomaban una consumición en el interior del Café Catalán. 



                                                                La Libertad. 12 septiembre 1924. 



Al sr. Ramón Ribe, dueño del Café Catalán, contribuiría a quitarle el mal sabor de boca que sin duda le ocasionó el incidente de la trata de blancas, y quizá a reducir el coste que a lo mejor tuvo que los distintos sectores de la administración del estado que trabajaban en el caso contemplaran con ecuanimidad su participación en el asunto, que pocos meses más tarde resultara agraciado con el primer premio de lotería.  

                                                      La Vanguardia. 14 octubre de 1925. 



Ya en los años treinta, el Café Catalán que en los rótulos luminosos de la fachada añade la denominación de Dancing a la circunstancia de ser un café, presenta espectáculos con transformistas o imitadores de estrellas. Barcelona se estaba convirtiendo en uno de los lugares prestigiosos  para los turistas en busca de ambiente canalla, y el local decide hacer competencia a La Criolla y Cal Sagrista. Entre los transformistas que desgranan sus canciones y sus bailes en la sala,  destaca el gran Darwin. 

                                            Sebastia Gasch. La Rambla.  31 diciembre 1934. 


                                                                                           c1930. 


Y con la guerra, el silencio y al poco la desaparición del local. 

viernes, 8 de abril de 2016

CA’L SAGRISTA /WU-LI-CHANG. Calle del Cid, 7





                Anuncio del Sagrista. Esquella de la Torratxa. 1932




               Gabriel Casas i Galobardes. Años treinta. Calle Peracamps. A la derecha se ve el rótulo luminoso de Ca'l Sagrista,                    




En 1917, Antonio Sacristan, dueño de una posada para marineros en la calle del Cid, número 7, acude a la redacción de El Diluvio para dar cuenta de lo que el redactor de la noticia califica de intolerable atropello. Sacristán había sido retenido por los mossos de esquadra, interrogado en comisaría y golpeado en relación al paradero de  una escafandra de la que Sacristán decía no saber nada .

                                                                         El Diluvio. 1917


Debía de ser de una persona bragada el tal Sacristán porque en 1922 vuelve a aparecer su nombre en la crónica de sucesos,  por un intercambio de golpes con un parroquiano en el bar de su propiedad situado en el mismo edificio que la posada, la calle del Cid, 7.  Por esta segunda noticia sabemos que su nombre completo era Antonio Sacristan Collado y que  tenía 49 años.



                                                                                   La Publicidad. 1922




Que ahí mismo, en ese número 7 de la calle del Cid,  se abriera un local de nombre Ca’l  Sagrista a mediados de los años veinte, lleva a suponer que su dueño no fuese otro sino el antes mentado Antonio Sacristán.  Sacristan  a su vez era el dueño o al menos uno de ellos de la sala de enfrente cruzada la calle del Cid,  el conocido La Criolla. Dos establecimientos dedicados a lo mismo, uno frente al otro. ¿la demanda era tan grande  que podía llenar ambos?  La respuesta es clara y rotunda, si. La demanda era grande y ambos locales siempre estaban a  reventar. 

¿Y que era lo mismo?  Los periodistas que  fijaron su atención en  los locales de la calle del Cid, Francisco Madrid, Josep Maria Planes, Sanchez Ocaña… ,  hablan siempre de miseria y vicio, es decir, prostitución, droga,  robo y travestismo,  dejando traslucir la repugnancia que les inspiraba.  Repugnancia y fascinación. Algo así como el niño que ante una escena que le  repele se cubre los ojos con la mano, abriendo los dedos para poder ver lo que a la vez le atrae.   

                                               Ca'l Sagrista. Fotografía aparecida en la revista Crónica en 1933


Y es cierto que algo de todo lo que reflejaban en sus artículos  había.  De no ser así, no hubieran sido lugares a los que peregrinó  la intelectualidad europea, en particular la francesa,   encantada de visitar  salas de espectáculo en donde se desplegaban las artes del sexo prohibido, en particular la homosexualidad que no se esconde.   Georges Bataille en su viaje a Barcelona en 1935, hace la Tourneé des Grans Ducs; Bataclan, Pay-Pay, Madame Petit, La Criolla (que encuentra cerrada) y Ca'l Sagrista.  

Algún escritor  menos sensible a la necesidad de trufar sus artículos con elementos escandalosos, hace referencia a  una mayoría de proletarios y marineros bailando en los locales de la calle del Cid, así Josep Maria de  Sagarra en Vida privada

Que La Criolla y Cal Sacrista multipliquen su aparición en artículos de prensa y en novelas tras la Exposición Universal de 1929, me hace suponer que la Exposición fue el  momento en que se promocionaron dichos lugares como sitios donde se podía ir a observar  como se conducía el vicio sin tapujos  y a disfrutar de la experiencia sin  que corriese peligro el observador.  Ya se preocupaban los encargados del local  impedir trifulcas y peleas en su interior.  A los dueños les interesaba  que sus locales apareciesen como una muestra de los deseos oscuros de los pudientes, con ellos ganaban una clientela de posibles que les haría la propaganda y a su vez necesitaban que la experiencia pecaminosa estuviese controlada.

 Al volver a su país, o a su tertulia en el Eixample, los visitantes extenderían la novedad boca o boca amplificando las peculiaridades de lo que habían visto. 

Paulatinamente, Ca'l Sagrista se fue convirtiendo en una sala de espectáculos donde primaban los artistas del transformismo. Las fotos que inserto a continuación pertenecen a una serie de Josep María Sagarra de los años treinta. 











Ca’l Sagrista, al igual que La Criolla y como toda el área en torno de ambos locales era una zona en donde la homosexualidad se podía expresar sin tapujos, incluyendo los ejercicios de travestismo.  Era frecuente ver por las calles del Cid y Mediodia a  varones vestidos de mujer,  tabernas y casas de dormir facilitaban los encuentros de homosexuales y quien tenía una vena artística se ganaba la vida actuando.

En 1933 y con el voto favorable de todos los grupos políticos y el aplauso de la prensa, tanto la de carácter conservador como la que se consideraba avanzada, se aprobó en las Cortes la Ley de Vagos y Maleantes para el tratamiento de los elementos antisociales, vagabundos, proxenetas, nómadas y cualquier elemento considerado antisocial.  

Sucedió lo usual. La presión moral desplazó a ciertos grupos de personas  con una conducta que la sociedad señalaba como reprobable hacia lugares degradados y miserables en donde encontraron una rendija de tolerancia que les permitió mostrarse y actuar. En  un segundo momento,  la circunstancia de encontrarse y actuar en la miseria fue el argumento definitivo que se utilizó para castigarlos. La homosexualidad  fue vista  por la sociedad del primer tercio del siglo pasado, que es el periodo que más nos interesa,  como una conducta más viciosa por el hecho de que  el mayor número de homosexuales se encontraba  en el barrio más degradado de Barcelona. 


Pero dejémonos de digresiones y volvamos a Ca’l Sagrista.  Se quejaba Sebastia Gasch en un artículo de 1936, del deterioro kitsch del ambiente del local. Lo que a mediados de los años veinte recordaba un salón de puerto inglés con pinturas ingenuas que rememoraban estampas coloniales como las que adornaban las cajas de puros de la época, se transformó en  una sala pintada de un amarillo insolente con pinturas chinescas.  Vino  una tercera etapa en 1934/35,   con  Ca’l Sagrista convertido en el  Wu-Li-Chang y la sala transformada en una chinoiserie. ¿Qué no había o eran muy pocos los chinos del barrio chino? Pues empapelamos con motivos chinos el antro. 

                                                                         Autor desconocido. 


                                                         Espectáculo de transformismo en el Wu-Li-Chang

                                                                     Las luces de neón de La Criolla y Wu-Li-Chang, frente a frente. 


                                  


Wu-Li-Chang transvestido en el local más chino del barrio chino se dedicó a los espectáculos de transformismo. Y en esa modalidad fulgió el gran Mirko.

Mirko





Con la guerra desaparecen las referencias al lugar. No encuentro datos de que el edificio que albergaba el Wu-Li-Chang quedase afectado por los bombardeos 


viernes, 1 de abril de 2016

De nuevo con la calle Mediodía.



          Margaret Michaelis. 1934. AFB. Fondo: GATCPAC. Desde las cuatro esquinas a un poco antes del inicio de la calle del Cid. Números 1 a 5 y 2 a 4.





 
                                                Josep Dominguez. 1933. AFB. Calle Mediodía. Números 1 a 7 y 2 a 4.



Una y otra vez volvemos en este blog a la calle Mediodía.  ¿Qué nos lleva al encuentro de lo que para la ciudad de Barcelona no es casi ni un recuerdo,  y del  que por otro lado  no queda el menor resto físico,  sepultada que fue la calle  por la avenida de las Atarazanas? 

Nos atrae de la calle Mediodía  la circunstancia de que siendo una travesía tan corta y sin conocer apenas el nombre de alguno de sus locales,  sin esta calle no se entiende el barrio chino. Del mismo modo se puede decir que  su desaparición tras la guerra significó el eclipse del barrio chino. Así, que le dedico otra entrada.


La calle Mediodía une, hace de engrudo físico y sobre todo humano,  al resto de calles del barrio chino y favorece el encuentro entre los  distintos elementos que habitan en él.  

Es en la calle Mediodía donde Salvador Segui predica a las prostitutas el evangelio de un tiempo donde no habrá explotación; es aquí donde se refugian los emigrantes que huyendo de la Alemania nazi llegan a Barcelona; en la calle Mediodía se encuentran para planificar sus asaltos, tanto miembros de la FAI, como del Sindicato Libre, como de diferentes grupos más o menos relacionados con alguno de ambos.   


    La Libertad. 1933


En la calle Mediodía mueren los anarquistas que intentan asaltar el cielo por la vía de conquistar a fuego el cuartel de Atarazanas en cada una de las huelgas generales que declaran durante la república. Los travestis se mezclan con las gentes del sur que llegan a Barcelona a  rebufo del trabajo en alguna de las dos exposiciones y  que ya no dejarán Barcelona.  

La algarabía, el bullicio del mercado callejero que todos los días se despliega en  sus aceras es ensordecedor.  El hedor de los albañales cegados por los restos de alimentos podridos al terminar el mercado debe de ser tan intenso que cuando llega el verano y el calor se hace sofocante,  es un dilema elegir entre  abrir la ventana y morir de la peste que  llega de la calle o  dejarla cerrada y perecer horneado por el calor que almacenan las habitaciones.   

                                                                          El Diluvio. 1936





                            Josep Dominguez. 1933. AFB. Calle Mediodía. Tramo entre las cuatro esquinas y la calle del Cid.



Aquí viven quienes se relacionan con  aquella parte de la burguesía que se adentra en zonas poco peligrosas del chino en busca de los placeres que no le concede un matrimonio que antes que otra cosa es un contrato de intereses económicos. Los travestidos, las prostitutas, aquí se almacena la droga con la que se empolvan la nariz esos burgueses anhelantes de experiencias canallas.

En entradas anteriores recordamos las cuatro esquinas, el punto donde daba comienzo la calle  Las cuatro esquinas;  los locales de mayor  tronio de la calle  la calle del Mediodía,  no otra cosa que figones, tascuchos y casas de dormir miserables:  la mina pequeña, casa Pitoño, la Paloma de Valencia o el bar Scandinavia o quizá Escandinavia (Los alemanes y la calle Mediodía).  Si conocemos su existencia es por haber llamado en algún momento la atención de los periodistas.  
Tambien recordamos la muerte del Pernales en las cuatro esquinas ¿por qué murió el Pernales en la calle San Ramón?

Hoy relacionaré el resto de locales que he encontrado en la calle.  Si estos establecimientos aparecen casi siempre en  relación con incidentes  por asuntos de  agresiones, drogas, robos y prostitución es  por un sesgo comprensible. Cuando la calle Mediodía asoma y recuerda su existencia a los barceloneses durante el primer tercio del siglo XX,  es en forma de crónica de sucesos. Por eso hay con mucha mayor frecuencia en estas notas travestidos  que trapichean con droga en lugar de inmigrantes murcianos que trabajan, cuando lo encuentran,  en las fábricas del Pueblo Nuevo o en el puerto de Barcelona, y que junto a sus familias forman  la mayor parte de la población de la calle.  



                                             Opisso. Revista Estampa. 1929. Taberna de la calle Mediodía.



 
2. Estanco de Tomás Cera (1932). En este establecimiento, informa el anuncio, se encuentran siempre existencias de los chiclets Addams (pippermint-menta). En la guía telefónica de 1936, Tomás Cera aparece como uno de los dos únicos poseedores de un teléfono en la calle Mediodía.


3. Casa Madam (1918). Prostíbulo. 

3. Casa Pauet (1926). Casa de dormir.

3. Taberna.  Innominada. Regentada por Joaquín Ferrer Escartin. Aparece una reseña del local en el libro de Paco Villar en relación a un servicio de la policía en contra del tráfico de cocaína. .


 
5. Mina Pequeña (en esta entrada: mina pequeña)
 
5. Casa Beltrán. Quizá se trate de la Mina Pequeña que no deja de ser el apodo que dan a una taberna los del barrio. Aparece reseñado en el libro de Paco Villar.

6. Taberna de Juan Espluga (o Espuga). Con entrada asimismo por la calle del Cid número 1. Juan Espluga y Tomás Cera son los dos poseedores de un teléfono en la guía telefónica de 1936.

En la taberna estaba domiciliada una sociedad coral de las que cantan "caramelles" por las calles. En 1932, Espuga prendió fuego a la mecha de uno de los cohetes de la sociedad con la intención de arrojarlo a la calle. Retuvo el cohete en su mano al advertir que pasaba gente, con el resultado de que el cohete estalló destrozando su mano que hubo que amputar. 






                                     Nº 7 de la calle Mediodía. 1948. El edificio de planta baja que aparece a la izquierda hace esquina con la calle del Cid.



8. Taberna (1928). Arrendada por José Martin Baena que se dedica a la venta de cocaina al menudeo.  En 1936, aparece Lorenzo Vilagrasa como propietario de un bodegón y habitaciones amuebladas en el número 8.

9. Tienda de comestibles de Jenaro Tuson. En 1927, y en el transcurso de una investigación criminal, se descubren en el establecimiento 30 tabletas de chocolate (del de comer, no del que se fuma) de la casa Juncosa que habían sido sustraidas de un camión. Barcelona, ciudad sin ley o así. La policía que nunca duerme logra restablecer el orden y cabe suponer que las tabletas de chocolate volverían a su legítimo propietario.

                                                               La Vanguardia. 1927
                                              


10. Cal Pitoño (aquí: Cal Pitoño).

10. Taberna. En 1934 es detenido el arrendatario por encontrarse en su poder un frasco con cocaina. En la taberna se traficaba al menudeo con la droga. En la crónica del suceso aparecen La Canaria (Juan Chaves) y La Iris (Enrique de Diego) y dejamos aquí escrito su nombre -y dejaremos el de todas las que vayamos encontrando- como homenaje,  por las bofetadas que debieron de recibir en aquella y en muchas otras ocasiones. 

                                                      La Vanguardia. 1934


12. La Carmen (1925). Prostíbulo. 

12. Vicenta (1931). Prostíbulo. 

12. En 1888, en uno de los locales de la finca tuvo lugar una refriega tratada con mucho humor por el periodista.  Por espíritu de caridad todos fueron curados, a fin de que cuanto antes se hallen en disposición de provocar otro conflicto por el estilo




13. Taberna (1935).  Refugio de una pequeña banda de ladrones de automóvil. 


                                                                        La Vanguardia. 1935. 



14. Traperia (1924). Compra de objetos robados. 



14. Taberna El Maño (1929).
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14. Casa de dormir de Carmelo Juan (Anuario Riera 1936. Sobre las posibles relaciones entre Carmelo Juan y el Bar Scandinavia, aquí: Carmelo Juan y Bar Scandinavia )

15. En un piso de la finca son detenidos un grupo de pequeños traficantes de cocaina (1926). Entre los detenidos figura el conocido como La Francisquita alias que debe de corresponder a Francisco Doñate. 



15.  Otro piso y más cocaína (1932).  Encuentran más de 300 gr. de cocaína. Entre los detenidos figuran  la propietaria del piso,  La Pescatera y Piruli.



 

16. Bar Scandinavia o Escandinavia (aqui: Bar Scandinavia ).
 
 
17. Taberna y casa de dormir propiedad de Llorenç Vilagrassa.  La revista Mirador en el artículo de 1935 que trata de Cal Pitoño y La Paloma de Valencia, llama Cal Lorenzo al establecimiento. En la víspera de año nuevo de 1934, en una riña a navajazos entre dos que se encabronaron en la taberna y salieron a la calle para dirimir a navajazos sus diferencias,  Fernando García García, alias El Tacatá causó la muerte a Eduardo López. En el juicio que se celebra un año más tarde, los compañeros que aquel día andaban de gresca con El Tacatá  lo disculpan: "Es un buen chico", "siempre saluda", "estaba un poco mareado", "el Eduardo se pasó con sus impertinencias".  En un alarde de calidad periodística, el gacetillero que escribe la crónica del juicio, la titula "Sang a les Drassanes...!", a lo Francisco Madrid.  


                                                                   Última Hora. 31.12.1935




Llorenç Vilagrassa, o Vilagrasa, o Villagrasa merece un párrafo propio. En los años 34 a 36 aparece como propietario de varios locales en la calle Mediodía.  Está la taberna y casa de dormir del número 17, Cal Lorenzo.  Está una taberna en el número 5 (¿la Mina Pequeña, Cal Beltrán?) y está un bodegón y habitaciones amuebladas en el número 8.
¿Será Lorenzo un emprendedor de los años treinta que iba forjando su pequeño imperio en el barrio chino y al que la guerra quebró su trayectoria?.  



18. La Navarra (1918).  Prostíbulo 

19. La Paloma de Valencia (aqui: La Paloma de Valencia)

20.La Tranquilidad (1918). Prostíbulo. 

22. El Recreo (1918). Prostíbulo. 

23. Casa Horacio (1931). Prostíbulo. 

24. Casa las Diez Mujeres (1918). Prostíbulo. 


Establecimientos de la calle Mediodía de los que ignoro la dirección


-Bar Roure

                        Sebastia Gasch evoca sus paseos con Miró por el barrio  chino y recuerda el Bar Roure



-Café Italiano.  Se encontraba cerca de la desembocadura de la calle en el Portal de Santa Madrona. 

                                                                 Café Italiano. Papitu, 1912. Caricatura de BON. 



-Casa Felix, taberna (1938). Se detiene al dueño del establecimiento tras encontrar  la policía dos pistolas en un registro del local.


-Ca la Gloria. Keens-Arm (1913). Locales con baile. L'Esquella de la Torratxa los menciona al hablar de la rutina nocturna del corrido, una institución en la Barcelona que se divierte a principios de siglo, 


-Fonda alemana. Aparece en una serie de reportajes del periodista Bartrina en La Publicidad sobre la emigración alemana en Barcelona (13, 14, 15 y 18 de abril de 1934). Bartrina no da el nombre del establecimiento. La denomina fonda alemana, señala que se encuentra en la calle Mediodia, e indica que en la misma recalan muchos de los vagabundos alemanes que llegan a Barcelona.

“El gran quarter general dels falsos i d'alguns dels veritables refugiats politics a Barcelona s’aplega i resideix en aquest carrer tan miserablement acolorit del darrera les Drassanes que porta el nom de Migdia. Qualsevol vagabund alemany que arreplegueu a Barcelona us dira que viu a la Fonda Alemanya del carre del Migdia. Aquesta dita Fonda no és mes que una taverna i casa de dormir on per rnitjá d'un retol descolorit a la porta s’anuncia el preu dels llits: "Camas, betten, a 6o céntimos. L'amo és catala, i com a bon catala és un home trempat i forçut. No és, doncs, alemany ni té cap parentiu amb alemanys”. […]


L'amo de la Fonda fa la seva feina completament absent a tot el que es parla i s'amanyaga al seu entorn. La seva muller, catalana també, collabora amb ell en alló que tan sols els
interessa: el farciment del calaix. […]


A la casa, que és un dels pocs llocs inedits, curiosos i acolorits de veritat que encara resten al nostre barri xines, no s'en estatgen mes que estrangers de Centre Europa. La nostra pobrissalla
no hi va, puix que els sembla que no son a Barcelona. Els rétols, els avisos, els preus, tot, o está
escrits en alemany o be en bilingüe. […]


El cuarto y último articulo de Bartrina incluía una carta del que se daba a conocer como dueño de la fonda alemana, de nombre Carmelo Juan , quien se quejaba del tratamiento de Bartrina dado a su fonda, en particular a la circunstancia de que hubiese alojados homosexuales y pederastas en la misma. Señalaba que la mayoría de alemanes que albergaba habían sido remitidos por el cónsul de Alemania y la asociación de beneficencia de Alemania.


No termino de entender  la existencia de dos casas de dormir en la calle Mediodia,  con una clientela que en ambos casos es casi por completo alemana,  casi por  las mismas fechas y con referencias donde quien menciona a una de ellas nunca menciona la otra. El Bar Scandinavia y la Fonda “Alemana”.

Claro que hay datos sobre una y otra que  parecen indicar que no se trata del mismo local.  La discrepancia es completa en lo que hace al  nombre del dueño. Carmelo Juan en el caso de la Fonda Alemana, Käthe Goedel-Römer en el del Bar Scandinavia.  Aunque Goedel-Römer no siempre es señalada como dueña del Scandinavia,   en Barcelona, mayo 1937su condición es la de trabajadora del local.  

Carmelo Juan indica en su carta a La Publicidad que la mayoría de las personas que alojaba le eran remitidas por el consulado alemán. Entre los años 1933 y 1936, el consulado alemán, en manos de personas afines al régimen hitleriano, no podía tener tratos con un local donde se reuniesen personas opuestas al nazismo  y las referencias al bar Scandinavia son de personas relacionadas con las milicias anarquistas, con el DAS alemán o con las brigadas internacionales, pero  ese “tropismo” del cónsul nazi y de los anarquistas por la calle Mediodia sucede en momentos distintos; la fonda alemana en 1934, el bar Scandinavia a partir del inicio de la guerra civil.  No se puede descartar que se trate del mismo local.

Para complicarlo más, una nota en La Vanguardia en 1932, informa de las denuncias por amenazas que Frederich Felimann,  súbdito alemán,  presenta en el juzgado contra varios compatriotas suyos que le han amenazado de muerte si el denunciante daba malos informes de ellos. Se nos informa que Felinmann es dueño de una casa de dormir en la calle Mediodia.


-La Barraca (1930). Fulgencio Chapitel se dirige al local para comprar cocaina.





-Un industrial lechero entra en una taberna de la calle Mediodia, donde se queda dormido y le roban. Al parecer, eso manifiesta al menos, le echan un somnífero en la bebida. Sea como fuere aparece el nombre del industrial para regocijo de sus vecinos. Año 1923. 

                                                                  La Vanguardia. 1923 


-Bar Les Heures. Este bar (y Casa Pauet en el número 3) aparecen en una noticia de La Veu de Catalunya donde se relacionan los establecimientos del barrio chino rotulados en catalán (1920).