jueves, 14 de enero de 2016

Arco del Teatro. Segunda parte: Las Cuatro Esquinas.

Solo con exagerar un poco, -pero solo un poco, de tal modo que la distorsión tenga el efecto de subrayar con  trazo  grueso y  hacer más aparentes  los aspectos esenciales de aquello sobre lo que se habla-  se puede decir que las cuatro esquinas son el punto donde se anudan todos los vectores que  convergen en el barrio chino. 

Como el Aleph de Borges, si se mira con atención el punto de las cuatro esquinas  se ve todo el barrio chino,  el de ayer  y el que devendrá, en este segundo caso en forma de   eco  que viene del futuro de ese ayer glorioso:  los pequeños delincuentes que en las cuatro esquinas juegan a los pastos (lo que ahora llamamos trileros);  los inmigrantes que llegaron a Barcelona al reclamo de la necesidad de brazos,  en buena parte murcianos, acomodados en antiguas fábricas tabicadas para transformarlas en habitaciones;  el flamenco de donde brotan figuras como  la de Carmen Amaya;  los militantes anarquistas,  los más entregados a la idea  predicando  la inminente llegada de la sociedad sin clases  a las prostitutas del barrio,  a las que  quieren redimir;  la policía  que con su uniforme que recuerda al del bobby londinense intenta poner coto a los desafueros y de paso impedir que la rebeldía alcance un nivel explosivo;  los  mercados al aire libre que ciegan los imbornales y difunden por todo el chino un olor a materia orgánica en descomposición, dulzón y nauseabundo;   mujeres vigilando los gestos de los bobbys paa adelantarse a una confiscación del género que se vende en la calle sin licencia;  ropavejeros de todo lo que deshecha  el resto de la ciudad y recogen los chineros;  vagabundos que aprenden a remedar ataques epilépticos para inspirar compasión y una ayuda económica,  y si no tienen aptitudes para  la representación  se limitan a pintar su cara con azafrán; prostitutas que durante el día compran en esos mercados y  más tarde camelan a los marineros que llegan de todos lados y nada más bajar del barco se pierden entre las callejuelas del chino y que ahora y siempre se juegan la paga con los trileros; travestidos que en el barrio no se sienten extraños; periodistas que  promueven campañas higienistas  para prolongar las grandes avenidas en el  corazón del chino, ignorando que cuando ello ocurra, en los años sesenta,   con el agua sucia por el sumidero desaparecerá  más que la miseria,  la esencia del barrio; niños con tuberculosis y prostitutas que trasladan al Hospital de la Magdalena, donde más tarde estará el Instituto Guttmann,  con el cerebro carcomido por la espiroqueta;  tabernas  que son el oscuro deseo de una burguesía que se adentra en el chino a la busca de nuevas aventuras…


Cuando desaparecieron las cuatro esquinas, al prolongar la avenida García Morato hasta Conde del Asalto,  se desanudo la trama de todos los vectores y ya no hubo más  el barrio chino.


     Las cuatro esquinas son el lugar donde se cruza la calle Arco del Teatro con la calle Mediodía que en ese punto se convierte en Arco de Cires.  


                           La fuente pública que ocupa una de las cuatro esquinas. Año y autor de la fotografía, desconocidos. 

 Mundo Gráfico, 1921.  A nuestra derecha la fuente;  en la esquina de nuestra izquierda una taberna que al decir de alguna crónica periodística,   es una taberna siniestra que huele a vino y sudor. En una de las otras dos esquinas, la que no se ve y estaría a nuestra izquierda,  hay una tienda de comestibles, y en la que resta no parece haber ningún establecimiento,  un edificio de planta baja que albergó probablemente alguna pequeña industria. 


                                                                    Josep Dominguez. 1932 




                                                                                     Josep Dominguez. 1932



Los bombardeos de la aviación italiana, que tantos edificios dañaron en el barrio chino, también afectaron a una de las esquinas, la formada por el edificio de planta baja. En la Gaceta Municipal de 1939, aparece la orden del ayuntamiento de Barcelona requiriendo la dueño de la finca, Juan Larratea, para que proceda al desescombro y derribo de las partes afectadas por el bombardeo. Por lo demás, una vez terminada la guerra, continuo la vida en las cuatro esquinas, sin anarquistas y con muchos más militares. Y con el Gravat. 



Una sere de fotografías de Branguli del Arxiu Nacional de Catalunya de los años 1939-1942 centradas en las cuatro esquinas: 







5 comentarios:

  1. Es un placer y una delicia para los sentidos, este recorrido por la Barcelona del ayer, con sus gozos y sus miserias. Gracias José March Fierro.

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  2. Mi Calle en la Cual estuve Viviendo casi tres Años del 61 al 64...casi nada. Y trabajando en El pasaje del Teatro en un Horno creo recordar el Nombre La Noria....podría escribir un libro con mis Vivencias. Verdad? Mari TriniVilches. Ella empezó pero lo dejamos correr. Imágenes y recuerdos que Me Trasladan a Un pasado. Fermin Ponce.

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    1. me gustaria verte Fermin soy ramön de la prote.

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