jueves, 23 de febrero de 2017

La procesión del Corpus y la calle del Cid


 Branguli. 1925 a 1930. Procesión del Corpus a su paso por el Portal de Santa Madrona. Saliendo de la calle Montserrat y dirigiéndose a la calle Mediodía cuya esquina aparece en el extremo inferior a la izquierda. En la fachada de casas se ve el anuncio del Red Lion y el balcón engalanado con damasco probablemente pertenezca a  un prostíbulo.
 
 

En 1925, y tras cincuenta años de no celebrarse, la procesión del Corpus organizada por la parroquia de San José y Santa Mónica de nuevo recorrió las calles del barrio chino. Aún tratándose de un barrio modesto fue sonada y rumbosa la procesión y lo mismo sucedió en los años siguientes hasta la llegada de la República. No sé si casa mucho la calificación de rumbosa con una procesión, pero mirando la fotografía que abre el post y leyendo la relación de participantes y protectores, así me lo parece; no cabe duda de que era una procesión pomposa y magnífica que es una de las acepciones del termino rumboso. Competía y no desfavorablemente con las que tenían lugar en Gracia, en la Barceloneta y la que salía de la Catedral.

 
 
                              Sagarra. Primera mitad de los años treinta. Iglesia de San José y Santa Mónica en la Rambla de Santa Mónica.
 
 
 
 
Branguli. 1936. La iglesia con la techumbre caída tras su incendio por los milicianos en julio de 1936.  A nuestra derecha, se aprecia la estrechez de la calle Santa Mónica.
 
 
 

En 1927, la primera bandera estuvo apadrinada por los señores de Güell y la segunda por el marqués de Dos Aguas y la señorita Güell. Llevó el pendón el marqués de Dos Aguas y los cordones el marqués de Vilallonga y el señor Torrents i Font, concejal de Barcelona.

Antes de dar comienzo la procesión, se celebraba una misa de comunión para la asociación de portantes del palio, se bendecía la bandera de la asociación y se celebraba una segunda misa general con la intervención de un orador de campanillas buscado para la ocasión.
 
 
                                     La Vanguardia - 18 de junio 1927. Relación de actividades y participantes de alcurnia en la procesión de 1927.
 
 
Por la tarde, y acompañados por una banda de música, la procesión recorría la casi totalidad de las calles del barrio chino en un trayecto laberintico que permitía que ninguna de sus calles quedase sin la gracia de presenciar la ceremonia. Digo todas, pero es un todas por redondeo. Había alguna calle que quedaba excluida. Estaba la calle de Santa Mónica, pero era poco más que un callejón estrecho donde seguramente hubiesen tenido problemas los portantes del palio para atravesarla. sobre todo para vencer el angulo recto que hacía con la calle Montserrat. Quizá entonces era una calle aún más estrecha que ahora. Cuando se derriban los restos que quedan de la iglesia de San José y Santa Mónica tras su incendio en julio de 1936, se recorta parte del solar de la iglesia y la que ahora se levanta ocupa menos de la mitad del espacio que tuvo hasta 1936.

Y hay otra calle y sus aledañas donde no penetra la procesión. La calle del Cid y las tres calles que terminan en ella: Berenguer el Viejo, Mina y Perecamps. Mirando un plano no aparecen obstaculos a la marcha de la procesión que expliquen la exclusión de estas calles. Se puede pasar por cualquiera de las tres, entrar en Cid, y salir por otra de las calles. Solo caben dos posibilidades para entender que el recorrido las ignore. O bien pertenecen a otra parroquia y no toca que los habitantes de esas calles reciban los beneficios del paso de la procesión ¿pero entonces, a qué parroquia? O bien no se quiere pasar por ellas para no quedar contaminada la procesión por el paso de una calle tan señaladamente pagana en los asuntos sexuales. Hay un dato -aparte del hecho de que no parece que haya otra parroquia compitiendo con la de Santa Mónica por la posesión espiritual de los habitantes de estas calles- que apunta en la linea de la inquietud por entrar en la calle del Cid. En la reseña de la procesión de La Vanguardia de 1927, se indica que el año anterior no se registró el menor incidente. Es decir, los organizadores habían planteado la posibilidad de que ello sucediese.

 

                                                   Plano de la zona de un mapa de 1933. En rojo, las calles que recorre la procesión.
 
 
 
 
Burlas obscenas, alguien que desde un balcón hace un calvo, un travestido enseñando sus poderes a los portantes, una prostituta que muestra la mercancia... ¡a saber como hubiese reaccionado la señorita Güell! ¡¡¡y en que brete se hubiese encontrado alguno de los aristócratas para disimular ante el guiño de complicidad de cualquiera de los asiduos de la calle!!!. Claro es que el resto de calles del recorrido no pueden ser excluidas de la posibilidad de que se diesen ciertas conductas, pero la concentración en la calle del Cid aumentaría el riesgo y pudo dar miedo. Por no mencionar el arco voltaico que recibiría y bajo el que pasarían las imágenes religiosas: entre La Criolla y el Sacristan.
 
   Gabriel Casas i Galobardes. Se me hace difícil pensar en una procesión religiosa, no de las Carolinas, pasando por la calle  Perecamps y entrando en la calle del Cid bajo los anuncios del Sacristan y de La Criolla.


A expensas de mejor información, no descarto la posibilidad que apunto.

 


viernes, 17 de febrero de 2017

Alcázar Español. Calle Unión, 7.

                Alcázar Español decorado como taberna apache, a la moda de París.  Dibujo de Opisso. L'Esquella de la Torratxa. 1916.



A mediados del siglo XIX, y procedente de París, se extiende en España un tipo de local público que se llamará Café Cantante o Café Concierto, que arraiga con especial fuerza en Barcelona. Se trata de establecimientos donde el público, al tiempo que degusta las especialidades de la casa, distrae el tiempo viendo un pequeño espectáculo, baile flamenco, acrobacia, danza.

A final de siglo, tres de los cafés cantantes sobresalen sobre el resto. Los tres son salas de espectáculo que aún sobrevivirán durante decenios. El Café de la Alegria en Conde del Asalto 12, que a partir de 1887 se llamará Eden Concert; el Café Sevillano en la calle Ginjol 3, que con ocasión de la exposición de 1888 cambiará su nombre por el de Alcázar Francés, que luego se llamará Palacio de Cristal y que por último y durante años, hasta los albores de las Olimpiadas de 1992, conoceremos como La Buena Sombra; y el Café Concierto Barcelonés en la calle Unión 7, que más tarde será el Café de la Unión y ya en 1888 se llama Alcázar Español.
 
De los tres, el menos sofisticado fue el Alcázar Español. Escribía Passarell que el Alcazar era el preferido por los tocineros, tenderos varios y dueños de las tiendas de despojos del mercado de Sants. Allí se encontraban como en familia. Caras atocinadas y dedos gordos como salchichas. Cadena de oro macizo en el chaleco. Anillos llenos de piedras. Les gustaba presumir de cupletista en los palcos, pero temían el momento de pagar. Cuando habían visitado varias veces el local y ya se sentian con la suficiente confianza, pedían un descuento y regateaban.

En La Vida de Manolo de Josep Pla hay una semblanza del lugar: “En otras épocas fue muy bonito. Su propietario era el Mero. A la entrada tenía un local grande, vacío, sin mesas, al fondo se veía una puertecilla que daba a una especie de vestíbulo. Detrás, bajando unos peldaños, se llegaba al café que estaba en un cielo raso y algunos días tenía una claraboya que daba un aire espectral y vago al calor de nicotina de pipa que tenía el local.      
Era el café cantante típico, con galerías colgantes, frecuentado por aragoneses que todavía llevaban el pañuelo en la cabeza, por estudiantes gandules, golfos de piano de manubrio con las camisetas a rayas blancas y azules y su catadura de monos y gentes del hampa y del bronce. La estrella de la casa era la Trini, una mujer alta y gorda, de caderas apretadas, muy descarada con un peinado de cuatro pisos. La Trini cantaba con una insolencia provocativa”. 
 
Passarell recordaba la presencia de tenderos. Eran de importancia para la economía del local. La otra pata de sus finanzas eran los ingresos que obtenía del juego. El vaivén de los sucesivos gobernadores civiles, unos tolerando el juego, otros prohibiéndolo, varios aceptando un porcentaje de los ingresos que se conseguía por tal motivo, fue determinante en el camino de la sala de espectáculos hacia la nada.
 
La oferta artística del local se reducía a una suma de números musicales interpretados por chicas que cantaban con estilo regular, a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, y cuya intención más o menos declarada  no era tanto triunfar en el mundo del espectáculo como atraer y atrapar a uno de los gordos tenderos.  En el Alcazar confluía el mundo de la pequeña burguesía y el de las chicas bonitas del proletariado catalán. Su mayor hito consistió en haber visto debutar a una joven Raquel Meller. Es mucho, pero es el único, aunque ya me hubiese gustado ver una zarzuela psicalíptica  como las que anunciaba El Diluvio en septiembre de 1910.
 
 
Para mejorar su atractivo, a temporadas alternaban los números musicales con la emisión de películas. En el  camino de la sala de espectáculos hacia la nada, en ese vuelo rasante  siempre a punto de tropezar con el suelo y que se compone de una suma  números musicales interpretados por  chicas que cantaban con estilo regular,  a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, 
Fuera de los comentarios psicalípticos  que provocaba en las publicaciones semanales la entrada de una nueva artista con mayor o menor gracia en mostrar o insinuar sus encantos,  el Alcázar Español solo asomaba en la prensa con ocasión de algún suceso,  lo que en vista de la mezcla de grupos sociales que se daba en el local, no era inusual.
 
En 1914, el mantenido de una de las artistas de la casa disparó contra ésta por el motivo de que habiéndo gastado todo el dinero de la artista, le exigió que vendiese sus muebles para poder continuar con su vida licenciosa, a lo que se negó la artista. Preso de ira,  el maquereau entró en el local y le disparó un tiro que dio en el brazo. En el acto del juicio, el fiscal apreció varias atenuantes en favor del procesado, las de arrebato y obcecación por lo que solicitó que se le impusiera una pena de 6 meses. Suerte tuvo el sujeto de que la agresión sucediera a principios del siglo XX, que de haberse obcecado y arrebatado a principios del siglo XXI, le hubiese caido la del pulpo.





En la revuelta de mujeres de enero de 1918 en protesta por la falta de subsistencias a precio tasado, uno de los dias, el segundo de las manifestaciones, el 11 de enero, viernes, se concentra un grupo numeroso de mujeres en el Paralelo, gritando contra los acaparadores. Rechazan a los hombre que quieren unirse a la concentración y deciden cerrar los locales de espectáculo. Al llegar por la calle Unión a la altura del Alcazar Español, se encuentran bajadas las persianas de hierro. Las manifestantes rompen las puertas a hachazos (esa es la versión de El Diluvio, en otro medio hablan de martillazos), entran en el local y rompen lo que encuentran a su paso.
                                                                              La Hormiga de Oro. 19 de enero de 1918.


Cuenta Sergio Vila San Juan en su libro Una heredera de Barcelona  un episodio que vivió uno de sus  abuelos en su condición de abogado y en donde intervino una cantante del Alcazar Español de nombre artístico Maria Nilo. La tal artista fue secuestrada en 1920 por tres desaprensivos que la condujeron a un hotel con la intención de estrangularla y quedarse con las joyas que  Sebastiana Togores Gomila, que a los efectos administrativos así  se llamaba  la cantante,  llevaba siempre encima.  Se conoce que los tres delincuentes no eran personas bragadas y en el intento de terminar con la vida de Sebastiana, hicieron tanto ruido que  alertaron al personal del hotel que consiguió liberar con vida a la cantante.
                                                                                Mundo Gráfico 28 de enero de 1920
                                                           
 
 El 31 de octubre de 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, se decreta la prohibición del juego que puede haber sido la puntilla que en pocos meses terminó con la existencia del local. A los cuatro meses de la entrada en vigor del decreto, principios de marzo de 1925, el dueño del Alcázar Español, Emilio de Mayolas, mata a su cuñado de un disparo.  Al parecer, así lo cuentan las crónicas, el empresario había entregado a su cuñado un brillante valorado en 80.000 pta para que lo empeñase. El Alcázar Español tenía problemas serios de liquidez y Emilio de Mayolas necesitaba el dinero  que podía conseguirse del empeño del brillante para reflotar el local. Su cuñado aceptó el brillante y el empresario no volvió a ver ni el dinero que tenía que conseguirse, ni el brillante. Un rebote considerable que terminó con la vida de su cuñado.

A partir de ese momento, cierra el local, que  reabre un mes más tarde con el nombre de Parisiana.

                                                                      9 de abril de 1925. El Diluvio.


Tuvo una corta existencia el music-hall Parisiana. Al año siguiente, en el mismo espacio del Alcázar Español, se abrió un cine, el cine Barcelona. Cambió su nombre por el de cine Broadway en 1931 y por cine Unión con la llegada de la dictadura franquista. En 1969,  durante las obras de habilitación de un aparcamiento de coches que sustituiría al cine, se derrumbó el inmueble causando varios muertos.

                                                                      7 de febrero de 1926. Anuncio en La Vanguardia


                Casas i Galobardes. 1933-35. Ramblas esquina calle Unión. Sobre el techo del quiosko se ve un anuncio luminoso del cine Broadway.




                                                                                  Cine Broadway. 1932.

viernes, 10 de febrero de 2017

La vida de Manolo de Josep Pla y su uso como "semilla intertextualizadora"






                                                                     


Estoy con La vida de Manolo de Josep Pla, la biografía del escultor Manolo Hugue. Me interesa el retrato que hace de algunos lugares de lo que aún tardará en llamarse barrio chino de Barcelona a finales del siglo XIX, y al leer un párrafo me digo ¡Cáspita! (cáspita que es la traslación escrita del ¡coño! que grita mi cerebro al darse cuenta de que ese párrafo ya lo conocía o que conocía otro muy parecido que aparecía en otro libro). Busco y  rebusco y al final lo encuentro:   La pasión de la Bella Otero de Ramón Chao, un libro editado por Seix Barral en el 2005.   En el apartado 6 del Cuaderno V de la división del libro de Ramón Chao, me encuentro con varios ejemplos de lo que ahora se conoce como intertextualidad.

Comparo párrafos de uno y otro libro:


LA VIDA DE MANOLO: El Café del Puerto, de la Barceloneta, era un dels que donava més joc. Era un cafè cantant, de porta aspra pintada de color de sang de bou, una mica descolorit per l'aire de la mar i el salobre. Nit i dia era ple de mariners de tot el món, de descarregadors del moll, de dones i de lladres [...] La pastera dels daus marxava sense parar i s'aixecaven unes polsegueres formidables [...] Al xiringuito de Colom hi anavem a menjar un plat de bacallà a la llauna, a la matinada.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Donde más se jugaba era en un café del puerto de la Barceloneta. Tenía una puerta pintada de sangre de toro un poco desvaído. Noche y dia estaba colmado de marineros de todos los países, descargadores de muelles y ladrones. Los pobres tomaban chinchón, oruxo gallego y vino de Cacabelos; los ricos ginebra y cerveza de Baviera. La mesa de juego, la pastera, trabajada sin cesar, y alrededor de ella se levantaban unas polvaredas enceguecedoras. Allí empecé a cantar por una cena para dos. Y nos apresurábamos jugar la calderilla que me tiraban al escenario. De madrugada íbamos al chiringuito de Colón a comer un plato de judías con butifarrón.
 
 
 
                                                                                                 Fot. Forcano. 1967.
 
 
 
 
========================================================================================
 
 
LA VIDA DE MANOLO: He conegut el Canyet, el Montes, el Galofre, el Rafel de Sants, que una vegada tirà un tret a un home i se li emportà l'anca. El Rafel de Sants es carregava les pistoles ell mateix i feia una metralla extranya, amb claus, boletes de ferro i gavarrots de sabata. Quan tirava un tret semblava que el món s'ensorrava

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Conocí a los grandes arrojados de aquella época, el Canyet, el Galofre, el Rafel de Sans, quien le pegó un día un tiro a otro jugador y se le llevó media nalga por delante. Todos cargaban ellos mismos sus pistolas, poniendo en las balas como metralla clavos, bolas de hierro y tachuelas de zapatos. Cuando disparaban un tiro parecía que se hundía el universo.



                                                                          Ramón Casas. Retrato de Manolo Hugue

 
============================================================================================

 
LA VIDA DE MANOLO: A l'Orient i al cafè de l'Océano, que era al carrer dels Tallers, es jugaba al burro. Al cafè de l'Alegria (avui Edèn Concert), al cafè de l'Unio (avui Alcazar) es jugaba al monte i a "bones i males". A molts cafès , els daus eren, ben entès, carregats i es feia trampa. Això per un cantó, i per l'altre les explosions de fatxendería que produeixen a casa nostra les cartes, originava esbrones terribles i gavinetades.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: En el café del Océano de la calle Tallers jugaban al burro. En el Edén-Concert y en el café de la Unión le daban al monte y a buenas y malas. En otros lugares se tiraban los dados. En todos los establecimientos las cartas estaban señaladas, los dados cargados, o se hacía trampa de cualquier otra manera. Las explosiones de marchosería que produce la baraja originaban broncas con puños y cuchilladas. A todo este mundillo lo amparaban las autoridades.

                                                                  Josep Llovera i Bofill - Eden Concert a finales del XIX


                                                                                   Eden Concert - c1900
 
 
 
 
===========================================================================================
 
LA VIDA DE MANOLO: Es pot dir que vaix conèixer tots els lladres del meu temps. Els centres dels lladres eren dos balls del carrer de Sant Ramon que es deien "la Mesalina" i "El Petit Paris"

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: También me hice amiga de casi todos los ladrones de mi tiempo. Solían concentrarse en dos salas de baile llamadas La Mesalina y El Petit Paris de la calle San Ramón.

============================================================================================

 
LA VIDA DE MANOLO: De vegades, als cafès, hi habia desafiaments de taula a taula i els valents es deien tremendes que duraben una hora grassa. El Montes que li deien el "Sumer" que vol dir senyoret en argot, va fer la societat dels valents, els passava la setmanada i ell es quedava a casa. Aquesta societat defensaba, per dir-ho amb el tòpic corrent, els interessos morals i materials del ram.



LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: A veces se lanzaban desafíos y se cruzaban tremendas, que así se llamaban los insultos. Al Montes le decían el sumer, que en argot quiere decir señorito. Llegó a formar una sociedad para defender los intereses morales y materiales del ramo. Les pasaba un semanal a todos y él se quedaba en casa. Estaba subyugada por aquella gente. Al entrar después en el gran mundo fui cambiando.

=========================================================================================


 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Asalto al tren. Barcelona, 1922

                                               Atraco a un banco. Dibujo de Opisso. L'Esquella de la Torratxa. Mayo 1923.




Recuerdo el 23 de mayo de 1981, el día del atraco al Banco Central de Barcelona. Yo me encontraba en la Playa del Muerto de Sitges, una playa alejada del casco urbano donde te podías bañar desnudo, y alguien tenía puesta una radio a pilas que transmitió la noticia. Arremolinados los bañistas alrededor del aparato, nos fuimos enterando de lo que sucedía. A nadie le extrañó el golpe. Aquel día se cumplían tres meses del asalto al Congreso de los Diputados y todos dimos por supuesto que se trataba de una acción que surgía del mismo lugar que la anterior, impulsada por lo que entonces llamábamos caverna.



Cuando al pasar de los días se fue diluyendo la hipótesis golpista y consolidando la de que el asalto se debía a la acción de unos delincuentes comunes, entonces si me sorprendí. Asaltar un banco era una cosa de novelas. Se habían puesto de moda en Barcelona las novelas de serie negra, quizá en parte por el regalo de un tomo con dos libros, de Dashiell Hammett y de Raymond Chandler, que la Caixa hizo a sus impositores un día de Sant Jordi. Y había un relato de Hammett que se titulaba  El gran atraco donde un grupo de gansters asalta un banco de San Francisco. Pero eso era en los Estados Unidos de la Gran Depresión, cuando los gansters. Nada que ver con Barcelona. Era en Estados Unidos donde había actuado Al Capone y  donde la palabra delincuencia iba acompañada de otras palabras: metralletas, ajustes de cuentas a tiros, huida en coches que eran acribillados a balazos.



En ese año de 1981, yo lo desconocía todo de la Barcelona del primer tercio del siglo pasado. Si me extrañó tanto el asalto a un banco por delincuentes salidos de la Modelo, fue porque no sabía nada de la historia de la ciudad.  Y es que el thriller hubiese tenido que ser un género barcelonés. Nos faltó una industria cinematográfica potente, una de las majors trasladada a Barcelona, porque historias que sirviesen de argumento al género las tenemos a decenas.

 

Los gansters de los EEUU no dejaban de ser bandas de delincuentes que hacían sus negocios a rebufo de las oportunidades que les ofrecían la ley seca y el juego. Como muchos años después las bandas que se dedicaron al tráfico de drogas.  Pequeñas organizaciones que a lo sumo podían controlar en una ciudad alguna de las actividades ilegales.  En Barcelona, el pistolerismo con los ajustes de cuentas entre empresarios y trabajadores cuajó durante varios decenios y movilizó a grupos con  capacidad para actuar a pesar  de la represión policial y del ejército. Eso desde el lado de  los trabajadores, que desde el lado de la patronal, sus pistoleros tuvieron todo el apoyo económico y de los poderes de la ciudad. Y al amparo de las bandas armadas de unos y otros, surgieron personajes que se dedicaron a todo tipo de negocios. Desde el final de la primera guerra mundial y hasta el inicio de la guerra civil con el paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera.


Fue en Barcelona, no en Chicago donde se asaltó un tren cuando iba por la ciudad. No se trató de un robo de delincuentes finos como en el caso del tren de Glasgow, sino de atraco a mano armada y ejército persiguiendo y disparando. En Barcelona, no en Chicago o en Atlantic City.


Y ya hecho el exordio, pasemos al atraco.

El 1 de septiembre de 1922, viernes, y a las siete y media de la mañana, como todos los días laborables salió de la estación de Francia un tren de la compañia MZA (1) lleno de obreros de la compañia. Su destino eran los talleres de MZA en Pueblo Nuevo. El tren estaba compuesto por una máquina y cuatro vagones que transportaban a 150 trabajadores. En el segundo vagón, como era usual los viernes, se colocó en la plataforma una caja conteniendo 148.000 pta para el pago de la semanada de los trabajadores de la compañía La caja estaba custodiada por el pagador de la compañía y dos obreros que se encargaban de transportarla. Los trabajadores de MZA no eran los únicos que transportaba el tren. Personal de otras empresas subía al tren de matute. Como para los talleres de MZA trabajaban varias empresas de Pueblo Nuevo, se hacía la vista gorda


La línea de tren una vez pasado el Hospital del Mar se pegaba a la costa. En un punto del trayecto, ya sobrepasada la estación de Pueblo Nuevo y muy cerca de la Riera de Horta (la actual Rambla de Prim), el tren paraba para proceder al cambio de vías y retroceder hasta los talleres. En aquel momento, dos o tres de las personas que iban en el tren, el número varia según el testigo, sacaron pistolas y amenazaron a todos los presentes. Otras personas armadas, entre dos y cuatro, aparecieron al pie del vagón y mientras los dos que se encontraban dentro asían la caja y saltaban del tren, los que estaban fuera protegian la huida.



     De un mapa de principios de siglo XX. La flecha señala el punto donde las vías de tren cruzan la antigua Riera de Horta (actual Rambla de Prim),              lugar donde se paró el tren y actuaron los pistoleros.



Fue ver las pistolas y saltar los obreros por las ventanillas del tren presas del pánico. Un grupo de unos quince trabajadores tomó la decisión de perseguir a los que huian y se enfrentaron con ellos a pedradas. La pedrada es el hecho diferencial, la imagen de marca que nos dice que estamos en España. O pedrada o garrotazo. En este caso, la pedrada. El resultado fue el previsible dada la municion de cada grupo. Un disparo acabó con la vida de uno de los perseguidores. Mariano Monterde, de 40 años (aunque según el periódico que informa del robo, se le da una edad de 25 años) y residente en la calle del Olmo, 6 (o en Arco de Cires 6, las versiones son contradictorias)  -y con la mención a Mariano Monterde recordamos a uno de los habitantes del barrio chino, la historia del cual es la razón de ser de este blog-. 





                                                                                        Mariano Monterde. Revista Mundo Gráfico.



Los disparos alertaron a varios soldados del cercano Camp de la Bota que acudieron con sus fusiles y se enfrentaron a los asaltantes. El intercambio de disparos terminó con la huida de los pistoleros que subieron a un coche escondido entre los cañaverales de la Riera de Horta, donde les esperaba un conductor.  En ese instante llegaban al lugar del tiroteo varios agentes de vigilancia que  junto a los soldados dispararon contra el coche, impactando varios proyectiles en el mismo sin conseguir que parase.  Uno de los atracadores quedó en el camino, muerto de dos disparos que recibió del grupo de soldados. Su nombre, Victor Quero como pronto sabrá la policía.



                                                      El grupo de soldados que se enfrentó a los salteadores. Revista Mundial.
                              



                                                             

Los asaltantes forman parte de un grupo de acción de la CNT. El dinero del atraco lo darán integro a la comisión pro presos del sindicato. El año anterior, solo en Barcelona, con un Arlegui jefe de la policía y un Martínez Anido gobernador civil, las luchas entre la patronal y el sindicato han causado más de 150 muertos. Los detenidos de la CNT son varios cientos y el sindicato prioriza el apoyo económico a las familias de los presos.


El vehículo usado en el asalto es encontrado con rapidez. Un Buick de color crema y matrícula B-6025 es fácil de localizar. En Barcelona aún hay pocos coches. Detenido el conductor el mismo día del atraco, confiesa ser el propietario del vehiculo que utiliza como taxi. El día anterior al atraco, un conocido le ofreció un servicio. Se trataba de recoger a dos personas cerca del parque de la Ciudadela a primeras horas de la mañana. Eran dos de los atracadores que una vez en el coche, lo amenazaron con pistolas y le ordenaron que fuese a la Riera de Horta. Disimulado el taxi en unos cañaverales, uno quedó vigilando al taxista mientras que el otro desaparecía. Al rato, el que ha marchado regresa con cuatro personas más, llevando entre dos una caja. Es la caja que contiene el dinero de la compañia MZA. Uno de los ladrones está herido y su sangre mancha el interior del taxi. Ignora el taxista que se ha producido un atraco y que uno de los asaltantes y uno de los trabajadores de MZA han muerto durante el mismo.



   
                                                                     El automóvil Buick matricula B-6025. Fot. Merletti




Cruzan la ciudad zigzagueando para despistar cualquier control policial y la mayoría desciende en distintas calles del entonces distrito V. Calle de la Cera, San Clemente, Ferlandina, El taxista regresa al  garaje donde suele dejar su coche y en ese momento es detenido.

¿y eso de ir al asalto de un tren en un coche alquilado? hablaba yo de Al Capone y en el atraco más lucrativo que se hizo en Barcelona, los gansters se pillan un taxi. ¿Al Capone o una pelicula de Toni Leblanc?. Reconozco que la aparición de un taxi me hizo dudar. Pero repasemos los datos y veamos las opciones que tenían los atracadores.

 
El atraco por fuerza tenía que ser donde se produjo, en una zona entre descampados, fábricas y un destacamento militar, no en el centro de la ciudad donde se puede desaparecer por las calles aledañas. Había por fuerza que utilizar un vehículo para salir pitando de inmediato. 
Un coche en Barcelona en el año de 1922. Hay pocos coches.
Un coche propio, de uno de los ladrones, a las pocas horas le daría a la policía el nombre del propietario. 
De robar un coche, habría de hacerse varias horas antes del atraco, no se podia fiar el atraco del tren a un coche robado poco antes, porque se necesita un margen de seguridad de horas para estar seguros que se podrá contar con el vehiculo preciso, y ese margen de tiempo hace posible que el dueño del vehiculo ya haya puesto a la policia sobre aviso. 
Solo queda la opción de un vehiculo contratado que permite el robo sin que la matricula se encuentre en busca y captura, sabiendo que al dejar al taxista la policia se pondría a buscarles con la descripción que diese el conductor.
Cabía asesinar al conductor, pero hablamos de anarquistas que ponen el producto del atraco, de un atraco que ha causado la muerte de uno de ellos y heridas importantes a otro, a disposición del sindicato, sin lucrarse ellos, y en principio está descartado contemplar la opción de matar al testigo, un trabajador más. Si han disparado a Mariano Monterde causándole la muerte, es porque el empleado de MZA se ha interpuesto en su camino con la finalidad de impedir que el atraco se consumase.


¿quienes son los anarquistas que roban el tren?.


El más conocido es Ramón Recasens Miret. Leridano, miembro del sindicato de panaderos, ya ha conocido el encierro en el presidio de La Mola en Mahón donde se solía deportar a los miembros de izquierda durante los años veinte. Es el miembro del comando que sube herido al taxi, una bala le perfora el hombro izquierdo, y durante varias semanas permanecerá escondido en la barriada de Hostafranchs hasta que consigue huir a Francia. A los tres años del robo al tren, es guillotinado en Francia al participar en un robo en Burdeos que causa la muerte de un gendarme. Pio Baroja nos deja una semblanza de Recasens en  La familia de Errotacho:  

Hablé también con uno pequeño, fuerte, rechoncho, llamado Recasens, que vestía impermeable y llevaba gemelos a la bandolera. A Recasens le llamaban en broma «el Mariscal» y «Bonaparte». Ramón Recasens Miret es catalán, de un pueblo de la provincia de Lérida; aquí se le conoce por López y por Estanislao Marquetas. Es un hombre muy decidido, valiente, dogmatizador y definidor. A pesar de que dicen que tiene una historia negra, es tipo amable y simpático. Le gusta el mando y la estrategia. De aquí sus apodos del «Mariscal», «Bonaparte» y «Napoleón».



                                                                                                    Ramón Recasens



 
Del resto, sabemos por el alegato del fiscal en los días en que se celebró la vista del atraco, cinco años más tarde, que el atracador muerto se llamaba Victor Quero, que cinco de los asaltantes, incluido Recasens, lograron huir a Francia ( Francisco Cuñat, Antonio Jiménez, Manuel Ramos, Carlos Anglès y Ramon Recasens.) y que permanecían detenidos en la cárcel Modelo otros tres atracadores (Antonio Mas, Marcelino Silva Vilasuso y José Frances), asi como varias personas detenidas en calidad de encubridores.     


 

 
 
 
                                                        Victor Quero, el atracador muerto por los soldados. Revista Mundo Gráfico.
 
 
 
 
La policía de Arlegui era muy eficaz. Tanto para descubrir a los delincuentes, la tortura obra maravillas cuando se trata de lograr una confesión, cuanto para detener, acusar y neutralizar (y la palabra neutralizar muchas veces encierra el asesinato de un lider sindical) secciones sindicales incómodas para el empresario. Pronto hubo varios detenidos que confesaron su participación y la de otros en el asalto.

La policía nunca consiguió recobrar el dinero robado.


====================================================================================

(1)   MZA son las siglas de la CompañÍa de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, una de las grandes compañias privadas de ferrocarril que hubo en España, fruto de la alianza empresarial entre el financiero José Salamanca y los Rothschild. Desarrolló su actividad entre mediados de los años cincuenta del siglo XIX y 1941 en que fue absorvida por RENFE. Uno de sus directores generales debió de ser un tio de Kafka, Alfred Löwy, hermano de la madre de Kafka, el tio madrileño en los escritos de Kafka cuando lo nombra . En Cataluña, MZA tenía la concesión de las lineas de ferrocarril entre Tarragona, Barcelona y Francia por Portbou.





sábado, 17 de diciembre de 2016

Arco de Cirés. Dos dibujos.

Dos dibujos al carboncillo que encontré ayer en Los Encantes. En ambos aparece la calle Arco de Cirés. En el primero, se ve la entrada a la calle desde Conde del Asalto. En el segundo, la vista es del interior del arco y al fondo se ve el inicio de la calle.

La composición es parecida. La centra una pareja con una mujer que saca una barra de pan de un capazo junto a un hombre que parece comprar el producto. Eso situa la escena en los años de postguerra con el mercado negro.  Las faldas un poco por debajo de las rodillas así lo indican también.

 A nuestra derecha una pareja, en un caso hablando y en el otro, cogidos del brazo, enfilan hacia la calle. A la izquierda, una anciana, o al menos una mujer de mayor edad que las anteriores, también parece dedicarse a la venta al menudeo en el mercado negro.


En la parte superior del dibujo se lee la inscripción Arco de Cires.

No tengo la menor idea de quien es el autor del dibujo. Abajo, a la izquierda, está la firma del dibujante, pero no la leo bien y no sé de quien se trata.







 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Mercados callejeros en el barrio chino

Las fotos hasta el inicio del texto son de una serie de Josep Domínguez de 1932 que se encuentra en el Arxiu Fotogràfíc de Barcelona. Se usó alguna para un reportaje del seminario l'Opinió ilustrando una entrevista laudatoria a Puig Munne publicada en junio de aquel año. 

Es posible que en aquellos momentos, Puig Munne ya sintiera en su nuca el aliento de quienes le acosaban por un asunto de unas facturas poco claras y necesitaba generar una buena impresión ante la ciudadanía barcelonesa. 

Las fotos tienen la función de mostrar la situación de las calles antes y después de los cambios que propició Puig Munne.  En las dos primeras aparece Arco del Teatro repleto de paradas que invaden la calzada y hacen muy difícil avanzar, y en las siguientes, la misma calle tras la reforma que más tarde explicaré de Puig Munne.  Lo mismo, con la calle Mediodía, en donde aparece una calle repleta de paradas y gente, y la siguiente con las paradas en la acera y permitiendo el paso de vecinos.


                                                                                      Arco del Teatro

                                                                          Arco del Teatro

                                                                            Arco del Teatro


                                                                            Arco del Teatro



                                                                        Cuatro esquinas mirando a Arco de Cirés


                                                                 Cuatro esquinas mirando a Arco de Cirés.   

                                                                                      calle Mediodía


                                                                                   calle Mediodía


 
Al menos desde principios del siglo XX, existió en la calle Arco del Teatro y adyacentes (Cires, Mediodía, Olmo, Peracamps, Cid, Mina) un mercado callejero no sometido a control sanitario ni municipal alguno, que abastecía de alimentos y otros productos a las gentes del barrio chino. Cada día, desde la mañana a la caída de la tarde, se ocupaban aceras y parte de las calzadas con las paradas de los vendedores. Con el pasar de los años se fue dando una especialización de la venta según las calles. Así, en la calle Mediodía eran mayoría las paradas de pescado; en Peracamps, los encantes; en Arco de Teatro, frutas y verduras; en el resto de calles, un poti-poti variado.

En las pocas ocasiones en las que se aplicaron medidas policiales para desmantelar el mercadillo, quizá dos veces antes de la llegada de la segunda república, el resultado fue intrascendente y de corta duracion, y década tras década las calles continuaron a rebosar de la venta al menudeo de alimentos con graves carencias sanitarias. Al terminar la jornada, aceras y calzadas quedaban llenas de restos que cegaban los imbornales. Tal era el hedor en la calle del Mediodía que muchos no se atrevían a abrir las ventanas de la vivienda ni siquiera en verano.

 

1921. Merletti. Uno de los intentos de trasladar el mercadillo de pescado, en aquella ocasión al Paralelo.
 
 
 
Los restos orgánicos que dejaba la actividad del mercado eran usados por aquellos que criaban animales en las jaulas habilitadas en las pequeñas terrazas de las viviendas o incluso dentro de las mismas. Engordados con tronchos y pescado deteriorado, la carne de los animales (gallinas, conejos, algún cerdo) era vendida en las tascas de la zona.

 
 
  Margaret Michaelis. 1934. Vista de las galerías de un edificio del barrio chino, con varias jaulas para animales.

 
 
Con las elecciones municipales de abril de 1931 y la entrada en el gobierno municipal de ERC, el casi desinterés de los ayuntamientos anteriores por las condiciones de vida en el barrio chino viró a una preocupación que tenía la finalidad de modificar en lo poco que se pudiese las condiciones de vida contando con una pronta desaparición del barrio . Los republicanos eran contrarios a la propia existencia del barrio chino. No era una actitud privativa de ERC. Tampoco les gustaba a los anarquistas. Unas calles estrechas, sucias, húmedas, oscuras, unas viviendas que eran cuevas sin agua corriente y donde se amontonaban familias que no podían agenciarse otra habitación más saludable.

Por otro lado, republicanos (y anarquistas) estaban convencidos de que la falta de condiciones higiénicas de la trama urbana del barrio chino era un factor principal en el desarrollo de enfermedades sociales de las gentes del lugar; del humus urbano del barrio chino surgían batallones de ladrones, putas, maricones y drogadictos. Estaban convencidos de que la vía B que comunicaría la calle Muntaner con la Puerta de la Paz, con las viejas calles se llevaría los miasmas de la zona y desaparecerían las conductas antisociales.

En un primer momento, y como la vía B era un objetivo muy ambicioso para las mermadas arcas municipales, se abocaron al control de los mercadillos. Se nombró a Puig Munne delegado del ayuntamiento en el distrito V y se amplió su función al control de los mercadillos callejeros de toda Barcelona. Puig Munne estableció la tenencia de alcaldía del distrito V en unas dependencias del antiguo hospital de la Santa Cruz con un gran almacen anexo. Se instituyó la policía de ronda y se inicio la persecución del vendedor clandestino.


Cada calle tendría sus paradas numeradas, cada vendedor tendría que pagar una tasa, el veterinario velaría diariamente por la salubridad de los productos a la venta, y un equipo de la policia municipal se encargaría del pago de las tasas. En cada calle, se eligió a un presidente como correa de enlace entre el ayuntamiento y los intereses de los vendedores.

L'Opinió. Junio de 1932.
 
Esta foto y la siguiente parecen una performance que escenifica la represión de la venta ilegal. Autor desconocido.
 
 




Una mañana de junio de 1932, el alcalde Aiguader, con una surtida representación de los concejales y acompañado de varios prohombres de su partido en el distrito, recorrió la zona de mercadillos seguido por los periodistas. Un alcalde “estarrufat” de satisfacción explicando -y mostrando sobre el terreno- las ventajas de las medidas emprendidas por el consistorio. Ahora se podía circular por
las calles de mercadillo, había un puesto (numerado) para cada vendedor y un vendedor para cada puesto, se vigilaba la higiene de los alimentos, se decomisaba lo que no estaba en condiciones, y cada tarde, el vendedor, recogía la parada, colocaba los restos en los lugares habilitados al efecto y limpiaba con “zotal” (sic) el área de su parada. Tampoco era baladí a la satisfacción del alcalde, el hecho de que ahora, y por primera vez desde la existencia del mercadillo, los vendedores ambulantes pagaban una tasa al ayuntamiento.


 
 Casas i Galobardes. Principio de los años treinta. Calle del Cid tomada desde la calle Mediodía.


                                               Casas i Galobardes. Años treinta. Calle del barrio chino.



No debió de tan beneficioso lo que se había hecho, o como en anteriores ocasiones, las medidas municipales quedaron en poco por la pujanza salvaje de unos vendedores que sobrepasaban en mucho el número de paradas que había asignado el ayuntamiento e incumplían las normas dictadas, el caso es que el 26 de septiembre de 1934, dos años más tarde de la visita de Aiguader, el pleno del ayuntamiento aprobó la creación de unos mercadillos en varias zonas de la ciudad, incluidas la zona de Arco del Teatro y calles adyacentes. Las características de los mismos serían objeto de un estudio por el departamento de abastos que establecería, número de ellos, extensión, características, tasas a pagar por los vendedores, incorporación de un veterinario, etc. Es decir, dejaba para un futuro difuso la concreción de las medidas a tomar en los mercadillos.


                                         Margaret Michaelis. Calle del Olmo, esquina con Arco del Teatro. c1934.
 
 
                                       Margaret Michaelis. Calle del Olmo, esquina con Arco del Teatro. c1934.



Es posible que en la demora de la toma de medidas sobre los mercadillos influyese el hecho de que el motor principal del cambio, el sr. Puig Munne, el delegado del ayuntamiento en el distrito, fue destituido de todos sus cargos y expulsado del partido en verano de 1932, a raíz de un escándalo provocado por unas facturas poco claras.


Un nuevo pleno del ayuntamiento, del 6 de mayo de 1935 aprobó la habilitación de los llamados “mercadillos” en varios distritos en donde se permitiría bajo control de la reglamentación higienica y del peso, la venta de frutas, verduras y pescado fresco, quedando prohibida la venta de cualquier otra mercancía. Uno de los “mercadillos” sería el del las calles Arco del Teatro y adyacentes.


                                                      Josep Maria Sagarra. Años treinta. Prob. Arco del Teatro.



                                                             Josep María Sagarra. Años treinta. Prob. Arco del Teatro.



A todo esto, y contando además con que mientras los concejales dilucidaban las características del nuevo mercadillo la vida continuaba como solía en las calles del chino, en la calle Mediodía los vecinos, en donde recordemos que se instalaba diariamente el mercadillo de pescado, no estaban nada conformes con la función asignada a su calle Ni los industriales de la zona, es decir, los de los bares y casas de lenocinio estaban de acuerdo con el hedor nauseabundo de la zona, ni los habitantes de los tugurios que debian cerrar las ventanas incluso en verano. El ayuntamiento iba dando largas y posponiendo a un futuro la instalación de un mercado de pescado que no ofendiese varios de los sentidos corporales de los vecinos.

                                                              Katy Horna. Arco de Cires. c1937. AGA.

 



Llegó la guerra y continuó la ya costumbre del ayuntamiento de dar vueltas a las consideraciones sobre el mercadillo del barrio chino. Una nota de agosto de 1938 da cuenta de que ya se han habilitado dos de los tres mercadillos que se instalarán en el barrio y que es inminente su puesta en uso. El pescado se venderá en el mercadillo de las Atarazanas y las frutas y verduras en el mercadillo de la antigua calle de San Pablo, rebautizada como Fargas-Pellicer, en la esquina con Robador, en la zona conocida como la Galera. El tercer mercadillo, aún en proyecto y para el resto de productos, se ubicará en el solar de la antigua cárcel de mujeres.

                                                 Pérez de Rozas. Cruce en el barrio chino 4 de agosto de 1937. AFB.

 

Tras la guerra, una serie de fotografías de Branguli muestran un mercadillo floreciente en la calle del Portal de Santa Madrona y adyacentes. Los bombardeos y el deterioro de las calles del bariro chino habían surtido el efecto de trasladar a la zona de alrededor de Atarazanas las paradas del barrio chino.

Después ya vino "El Grabao", y  a principios de los cincuenta,  el mercado de la Virgen del  Carmen en el Paralelo.  Pero eso ya es para otro capítulo.