domingo, 26 de febrero de 2017

Las burras de leche de la calle Robador, 49.

Tres burras de leche,  y su burrero, de camino por las Ramblas, cerca del cruce con la calle Hospital. Al fondo, la iglesia de Betlem. Autor y fecha desconocidos.



                                                   Branguli. En la calle Hospital, frente a la plaza de San Agustín.


El número 49 de la calle Robador albergó durante varios decenios un establecimiento de burras de leche. Burras que se ordeñaban para comercializar su leche. El consumo de la leche de burra era por sus efectos terapéuticos. Un alimento-medicamento. Se suponía que mejoraba la fluxión de pecho de los enfermos de tisis y otras enfermedades respiratorias.

"la llet de burra a la nit, al malalt estova el pit".
 
Se alababa la facilidad con que la digerían los enfermos en periodo de convalecencia. También se usaba en el proceso de destete y como reconstituyente. Así que cuando en una familia alguien se encontraba en una de esas circunstancias una de las opciones era contratar el servicio de un establecimiento de burras de leche.
 
                                                                   La Vanguardia. 1893.
 
 
 
 
Durante el periodo de tiempo contratado, el burrero pasaría con las burras por el domicilio del enfermo y a la puerta del edificio y delante de alguien de la familia, ordeñaría la cantidad pactada. Era importante la presencia de un familiar del enfermo en el proceso de ordeño. Se trataba de un producto caro y no se podía descartar la posibilidad de que les diesen el pego y les proporcionasen un liquido que no era el solicitado.
 
 
                                                            La Vanguardia.  4 de marzo de 1891.



Fue popular, entre los años noventa del siglo XIX y finales del segundo decenio del siglo XX, el paso de las burras por las calles de Barcelona. Varios escritores las evocan en sus memorias, Sagarra, Gaziel; las mencionan Pitarra, Rodoreda, Pla. Recuerdan el asombro de los niños que fueron, a la visión del paso de 3 o 5 burras que llevaban al lomo una manta colorada con la dirección del establecimiento, el cuello rodeado de cencerros que precedian su marcha y guiadas por un burrero tocado con una gorra con visera.
 
                                                          Sagarra - Memories.
                          
 
 
 
De los varios locales dedicados a esta industria, el más popular fue el de la calle Robador. Probablemente por el ardid publicitario de cubrir a las burras con la manta de color rojo en donde se insertaba el nombre del establecimiento.


                                                            D'aci d'alla. Octubre de 1929. Autor desconocido.


                                        L'esquella de la Torratxa. 1915. Autor desconocido.



 
 
De hacer caso al texto de un anuncio del establecimiento de la calle Robador, en 1892 llevaba 60 años dando servicio al público, lo que situa a principios de los años treinta del XIX el origen del citado comercio que es aproximadamente la fecha en que se construyó el edificio del número 49 de la calle Robador. Es un dato poco verosímil.  En la guia de Barcelona El Consultor de 1857, se señala un local de la calle Picalquers como el que inaugura el comercio de leche de burra en Barcelona y situa su nacimiento dos años antes de la edición de la guia. Relaciona los lugares donde se puede adquirir leche de burra y entre ellos no aparece el establecimiento de la calle Robador.
 
                                                               El Diluvio. Enero de 1892.   
 
 
 
                                                           El Consultor. 1857
 
 

Parece que el negocio de las burras de la calle Robador desapareció a principios de los años veinte del siglo pasado. En 1920 se anuncia en La Vanguardia la venta del negocio. Un artículo de 1923 en L'Esquella de la Torratxa habla con sorpresa de la visión de tres burras de leche por las Ramblas. Como si fuese una visión que viniese de cuando el articulista era niño. algo que ya formaba parte del recuerdo y no de la realidad. No encuentro una relación contemporanea posterior a la de L'Esquella.

                                                                La Vanguardia. Julio de 1920.

jueves, 23 de febrero de 2017

La procesión del Corpus y la calle del Cid


 Branguli. 1925 a 1930. Procesión del Corpus a su paso por el Portal de Santa Madrona. Saliendo de la calle Montserrat y dirigiéndose a la calle Mediodía cuya esquina aparece en el extremo inferior a la izquierda. En la fachada de casas se ve el anuncio del Red Lion y el balcón engalanado con damasco probablemente pertenezca a  un prostíbulo.
 
 

En 1925, y tras cincuenta años de no celebrarse, la procesión del Corpus organizada por la parroquia de San José y Santa Mónica de nuevo recorrió las calles del barrio chino. Aún tratándose de un barrio modesto fue sonada y rumbosa la procesión y lo mismo sucedió en los años siguientes hasta la llegada de la República. No sé si casa mucho la calificación de rumbosa con una procesión, pero mirando la fotografía que abre el post y leyendo la relación de participantes y protectores, así me lo parece; no cabe duda de que era una procesión pomposa y magnífica que es una de las acepciones del termino rumboso. Competía y no desfavorablemente con las que tenían lugar en Gracia, en la Barceloneta y la que salía de la Catedral.

 
 
                              Sagarra. Primera mitad de los años treinta. Iglesia de San José y Santa Mónica en la Rambla de Santa Mónica.
 
 
 
 
Branguli. 1936. La iglesia con la techumbre caída tras su incendio por los milicianos en julio de 1936.  A nuestra derecha, se aprecia la estrechez de la calle Santa Mónica.
 
 
 

En 1927, la primera bandera estuvo apadrinada por los señores de Güell y la segunda por el marqués de Dos Aguas y la señorita Güell. Llevó el pendón el marqués de Dos Aguas y los cordones el marqués de Vilallonga y el señor Torrents i Font, concejal de Barcelona.

Antes de dar comienzo la procesión, se celebraba una misa de comunión para la asociación de portantes del palio, se bendecía la bandera de la asociación y se celebraba una segunda misa general con la intervención de un orador de campanillas buscado para la ocasión.
 
 
                                     La Vanguardia - 18 de junio 1927. Relación de actividades y participantes de alcurnia en la procesión de 1927.
 
 
Por la tarde, y acompañados por una banda de música, la procesión recorría la casi totalidad de las calles del barrio chino en un trayecto laberintico que permitía que ninguna de sus calles quedase sin la gracia de presenciar la ceremonia. Digo todas, pero es un todas por redondeo. Había alguna calle que quedaba excluida. Estaba la calle de Santa Mónica, pero era poco más que un callejón estrecho donde seguramente hubiesen tenido problemas los portantes del palio para atravesarla. sobre todo para vencer el angulo recto que hacía con la calle Montserrat. Quizá entonces era una calle aún más estrecha que ahora. Cuando se derriban los restos que quedan de la iglesia de San José y Santa Mónica tras su incendio en julio de 1936, se recorta parte del solar de la iglesia y la que ahora se levanta ocupa menos de la mitad del espacio que tuvo hasta 1936.

Y hay otra calle y sus aledañas donde no penetra la procesión. La calle del Cid y las tres calles que terminan en ella: Berenguer el Viejo, Mina y Perecamps. Mirando un plano no aparecen obstaculos a la marcha de la procesión que expliquen la exclusión de estas calles. Se puede pasar por cualquiera de las tres, entrar en Cid, y salir por otra de las calles. Solo caben dos posibilidades para entender que el recorrido las ignore. O bien pertenecen a otra parroquia y no toca que los habitantes de esas calles reciban los beneficios del paso de la procesión ¿pero entonces, a qué parroquia? O bien no se quiere pasar por ellas para no quedar contaminada la procesión por el paso de una calle tan señaladamente pagana en los asuntos sexuales. Hay un dato -aparte del hecho de que no parece que haya otra parroquia compitiendo con la de Santa Mónica por la posesión espiritual de los habitantes de estas calles- que apunta en la linea de la inquietud por entrar en la calle del Cid. En la reseña de la procesión de La Vanguardia de 1927, se indica que el año anterior no se registró el menor incidente. Es decir, los organizadores habían planteado la posibilidad de que ello sucediese.

 

                                                   Plano de la zona de un mapa de 1933. En rojo, las calles que recorre la procesión.
 
 
 
 
Burlas obscenas, alguien que desde un balcón hace un calvo, un travestido enseñando sus poderes a los portantes, una prostituta que muestra la mercancia... ¡a saber como hubiese reaccionado la señorita Güell! ¡¡¡y en que brete se hubiese encontrado alguno de los aristócratas para disimular ante el guiño de complicidad de cualquiera de los asiduos de la calle!!!. Claro es que el resto de calles del recorrido no pueden ser excluidas de la posibilidad de que se diesen ciertas conductas, pero la concentración en la calle del Cid aumentaría el riesgo y pudo dar miedo. Por no mencionar el arco voltaico que recibiría y bajo el que pasarían las imágenes religiosas: entre La Criolla y el Sacristan.
 
   Gabriel Casas i Galobardes. Se me hace difícil pensar en una procesión religiosa, no de las Carolinas, pasando por la calle  Perecamps y entrando en la calle del Cid bajo los anuncios del Sacristan y de La Criolla.


A expensas de mejor información, no descarto la posibilidad que apunto.

 


viernes, 17 de febrero de 2017

Alcázar Español. Calle Unión, 7.

                Alcázar Español decorado como taberna apache, a la moda de París.  Dibujo de Opisso. L'Esquella de la Torratxa. 1916.



A mediados del siglo XIX, y procedente de París, se extiende en España un tipo de local público que se llamará Café Cantante o Café Concierto, que arraiga con especial fuerza en Barcelona. Se trata de establecimientos donde el público, al tiempo que degusta las especialidades de la casa, distrae el tiempo viendo un pequeño espectáculo, baile flamenco, acrobacia, danza.

A final de siglo, tres de los cafés cantantes sobresalen sobre el resto. Los tres son salas de espectáculo que aún sobrevivirán durante decenios. El Café de la Alegria en Conde del Asalto 12, que a partir de 1887 se llamará Eden Concert; el Café Sevillano en la calle Ginjol 3, que con ocasión de la exposición de 1888 cambiará su nombre por el de Alcázar Francés, que luego se llamará Palacio de Cristal y que por último y durante años, hasta los albores de las Olimpiadas de 1992, conoceremos como La Buena Sombra; y el Café Concierto Barcelonés en la calle Unión 7, que más tarde será el Café de la Unión y ya en 1888 se llama Alcázar Español.
 
De los tres, el menos sofisticado fue el Alcázar Español. Escribía Passarell que el Alcazar era el preferido por los tocineros, tenderos varios y dueños de las tiendas de despojos del mercado de Sants. Allí se encontraban como en familia. Caras atocinadas y dedos gordos como salchichas. Cadena de oro macizo en el chaleco. Anillos llenos de piedras. Les gustaba presumir de cupletista en los palcos, pero temían el momento de pagar. Cuando habían visitado varias veces el local y ya se sentian con la suficiente confianza, pedían un descuento y regateaban.

En La Vida de Manolo de Josep Pla hay una semblanza del lugar: “En otras épocas fue muy bonito. Su propietario era el Mero. A la entrada tenía un local grande, vacío, sin mesas, al fondo se veía una puertecilla que daba a una especie de vestíbulo. Detrás, bajando unos peldaños, se llegaba al café que estaba en un cielo raso y algunos días tenía una claraboya que daba un aire espectral y vago al calor de nicotina de pipa que tenía el local.      
Era el café cantante típico, con galerías colgantes, frecuentado por aragoneses que todavía llevaban el pañuelo en la cabeza, por estudiantes gandules, golfos de piano de manubrio con las camisetas a rayas blancas y azules y su catadura de monos y gentes del hampa y del bronce. La estrella de la casa era la Trini, una mujer alta y gorda, de caderas apretadas, muy descarada con un peinado de cuatro pisos. La Trini cantaba con una insolencia provocativa”. 
 
Passarell recordaba la presencia de tenderos. Eran de importancia para la economía del local. La otra pata de sus finanzas eran los ingresos que obtenía del juego. El vaivén de los sucesivos gobernadores civiles, unos tolerando el juego, otros prohibiéndolo, varios aceptando un porcentaje de los ingresos que se conseguía por tal motivo, fue determinante en el camino de la sala de espectáculos hacia la nada.
 
La oferta artística del local se reducía a una suma de números musicales interpretados por chicas que cantaban con estilo regular, a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, y cuya intención más o menos declarada  no era tanto triunfar en el mundo del espectáculo como atraer y atrapar a uno de los gordos tenderos.  En el Alcazar confluía el mundo de la pequeña burguesía y el de las chicas bonitas del proletariado catalán. Su mayor hito consistió en haber visto debutar a una joven Raquel Meller. Es mucho, pero es el único, aunque ya me hubiese gustado ver una zarzuela psicalíptica  como las que anunciaba El Diluvio en septiembre de 1910.
 
 
Para mejorar su atractivo, a temporadas alternaban los números musicales con la emisión de películas. En el  camino de la sala de espectáculos hacia la nada, en ese vuelo rasante  siempre a punto de tropezar con el suelo y que se compone de una suma  números musicales interpretados por  chicas que cantaban con estilo regular,  a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, 
Fuera de los comentarios psicalípticos  que provocaba en las publicaciones semanales la entrada de una nueva artista con mayor o menor gracia en mostrar o insinuar sus encantos,  el Alcázar Español solo asomaba en la prensa con ocasión de algún suceso,  lo que en vista de la mezcla de grupos sociales que se daba en el local, no era inusual.
 
En 1914, el mantenido de una de las artistas de la casa disparó contra ésta por el motivo de que habiéndo gastado todo el dinero de la artista, le exigió que vendiese sus muebles para poder continuar con su vida licenciosa, a lo que se negó la artista. Preso de ira,  el maquereau entró en el local y le disparó un tiro que dio en el brazo. En el acto del juicio, el fiscal apreció varias atenuantes en favor del procesado, las de arrebato y obcecación por lo que solicitó que se le impusiera una pena de 6 meses. Suerte tuvo el sujeto de que la agresión sucediera a principios del siglo XX, que de haberse obcecado y arrebatado a principios del siglo XXI, le hubiese caido la del pulpo.





En la revuelta de mujeres de enero de 1918 en protesta por la falta de subsistencias a precio tasado, uno de los dias, el segundo de las manifestaciones, el 11 de enero, viernes, se concentra un grupo numeroso de mujeres en el Paralelo, gritando contra los acaparadores. Rechazan a los hombre que quieren unirse a la concentración y deciden cerrar los locales de espectáculo. Al llegar por la calle Unión a la altura del Alcazar Español, se encuentran bajadas las persianas de hierro. Las manifestantes rompen las puertas a hachazos (esa es la versión de El Diluvio, en otro medio hablan de martillazos), entran en el local y rompen lo que encuentran a su paso.
                                                                              La Hormiga de Oro. 19 de enero de 1918.


Cuenta Sergio Vila San Juan en su libro Una heredera de Barcelona  un episodio que vivió uno de sus  abuelos en su condición de abogado y en donde intervino una cantante del Alcazar Español de nombre artístico Maria Nilo. La tal artista fue secuestrada en 1920 por tres desaprensivos que la condujeron a un hotel con la intención de estrangularla y quedarse con las joyas que  Sebastiana Togores Gomila, que a los efectos administrativos así  se llamaba  la cantante,  llevaba siempre encima.  Se conoce que los tres delincuentes no eran personas bragadas y en el intento de terminar con la vida de Sebastiana, hicieron tanto ruido que  alertaron al personal del hotel que consiguió liberar con vida a la cantante.
                                                                                Mundo Gráfico 28 de enero de 1920
                                                           
 
 El 31 de octubre de 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, se decreta la prohibición del juego que puede haber sido la puntilla que en pocos meses terminó con la existencia del local. A los cuatro meses de la entrada en vigor del decreto, principios de marzo de 1925, el dueño del Alcázar Español, Emilio de Mayolas, mata a su cuñado de un disparo.  Al parecer, así lo cuentan las crónicas, el empresario había entregado a su cuñado un brillante valorado en 80.000 pta para que lo empeñase. El Alcázar Español tenía problemas serios de liquidez y Emilio de Mayolas necesitaba el dinero  que podía conseguirse del empeño del brillante para reflotar el local. Su cuñado aceptó el brillante y el empresario no volvió a ver ni el dinero que tenía que conseguirse, ni el brillante. Un rebote considerable que terminó con la vida de su cuñado.

A partir de ese momento, cierra el local, que  reabre un mes más tarde con el nombre de Parisiana.

                                                                      9 de abril de 1925. El Diluvio.


Tuvo una corta existencia el music-hall Parisiana. Al año siguiente, en el mismo espacio del Alcázar Español, se abrió un cine, el cine Barcelona. Cambió su nombre por el de cine Broadway en 1931 y por cine Unión con la llegada de la dictadura franquista. En 1969,  durante las obras de habilitación de un aparcamiento de coches que sustituiría al cine, se derrumbó el inmueble causando varios muertos.

                                                                      7 de febrero de 1926. Anuncio en La Vanguardia


                Casas i Galobardes. 1933-35. Ramblas esquina calle Unión. Sobre el techo del quiosko se ve un anuncio luminoso del cine Broadway.




                                                                                  Cine Broadway. 1932.

viernes, 10 de febrero de 2017

La vida de Manolo de Josep Pla y su uso como "semilla intertextualizadora"






                                                                     


Estoy con La vida de Manolo de Josep Pla, la biografía del escultor Manolo Hugue. Me interesa el retrato que hace de algunos lugares de lo que aún tardará en llamarse barrio chino de Barcelona a finales del siglo XIX, y al leer un párrafo me digo ¡Cáspita! (cáspita que es la traslación escrita del ¡coño! que grita mi cerebro al darse cuenta de que ese párrafo ya lo conocía o que conocía otro muy parecido que aparecía en otro libro). Busco y  rebusco y al final lo encuentro:   La pasión de la Bella Otero de Ramón Chao, un libro editado por Seix Barral en el 2005.   En el apartado 6 del Cuaderno V de la división del libro de Ramón Chao, me encuentro con varios ejemplos de lo que ahora se conoce como intertextualidad.

Comparo párrafos de uno y otro libro:


LA VIDA DE MANOLO: El Café del Puerto, de la Barceloneta, era un dels que donava més joc. Era un cafè cantant, de porta aspra pintada de color de sang de bou, una mica descolorit per l'aire de la mar i el salobre. Nit i dia era ple de mariners de tot el món, de descarregadors del moll, de dones i de lladres [...] La pastera dels daus marxava sense parar i s'aixecaven unes polsegueres formidables [...] Al xiringuito de Colom hi anavem a menjar un plat de bacallà a la llauna, a la matinada.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Donde más se jugaba era en un café del puerto de la Barceloneta. Tenía una puerta pintada de sangre de toro un poco desvaído. Noche y dia estaba colmado de marineros de todos los países, descargadores de muelles y ladrones. Los pobres tomaban chinchón, oruxo gallego y vino de Cacabelos; los ricos ginebra y cerveza de Baviera. La mesa de juego, la pastera, trabajada sin cesar, y alrededor de ella se levantaban unas polvaredas enceguecedoras. Allí empecé a cantar por una cena para dos. Y nos apresurábamos jugar la calderilla que me tiraban al escenario. De madrugada íbamos al chiringuito de Colón a comer un plato de judías con butifarrón.
 
 
 
                                                                                                 Fot. Forcano. 1967.
 
 
 
 
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LA VIDA DE MANOLO: He conegut el Canyet, el Montes, el Galofre, el Rafel de Sants, que una vegada tirà un tret a un home i se li emportà l'anca. El Rafel de Sants es carregava les pistoles ell mateix i feia una metralla extranya, amb claus, boletes de ferro i gavarrots de sabata. Quan tirava un tret semblava que el món s'ensorrava

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Conocí a los grandes arrojados de aquella época, el Canyet, el Galofre, el Rafel de Sans, quien le pegó un día un tiro a otro jugador y se le llevó media nalga por delante. Todos cargaban ellos mismos sus pistolas, poniendo en las balas como metralla clavos, bolas de hierro y tachuelas de zapatos. Cuando disparaban un tiro parecía que se hundía el universo.



                                                                          Ramón Casas. Retrato de Manolo Hugue

 
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LA VIDA DE MANOLO: A l'Orient i al cafè de l'Océano, que era al carrer dels Tallers, es jugaba al burro. Al cafè de l'Alegria (avui Edèn Concert), al cafè de l'Unio (avui Alcazar) es jugaba al monte i a "bones i males". A molts cafès , els daus eren, ben entès, carregats i es feia trampa. Això per un cantó, i per l'altre les explosions de fatxendería que produeixen a casa nostra les cartes, originava esbrones terribles i gavinetades.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: En el café del Océano de la calle Tallers jugaban al burro. En el Edén-Concert y en el café de la Unión le daban al monte y a buenas y malas. En otros lugares se tiraban los dados. En todos los establecimientos las cartas estaban señaladas, los dados cargados, o se hacía trampa de cualquier otra manera. Las explosiones de marchosería que produce la baraja originaban broncas con puños y cuchilladas. A todo este mundillo lo amparaban las autoridades.

                                                                  Josep Llovera i Bofill - Eden Concert a finales del XIX


                                                                                   Eden Concert - c1900
 
 
 
 
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LA VIDA DE MANOLO: Es pot dir que vaix conèixer tots els lladres del meu temps. Els centres dels lladres eren dos balls del carrer de Sant Ramon que es deien "la Mesalina" i "El Petit Paris"

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: También me hice amiga de casi todos los ladrones de mi tiempo. Solían concentrarse en dos salas de baile llamadas La Mesalina y El Petit Paris de la calle San Ramón.

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LA VIDA DE MANOLO: De vegades, als cafès, hi habia desafiaments de taula a taula i els valents es deien tremendes que duraben una hora grassa. El Montes que li deien el "Sumer" que vol dir senyoret en argot, va fer la societat dels valents, els passava la setmanada i ell es quedava a casa. Aquesta societat defensaba, per dir-ho amb el tòpic corrent, els interessos morals i materials del ram.



LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: A veces se lanzaban desafíos y se cruzaban tremendas, que así se llamaban los insultos. Al Montes le decían el sumer, que en argot quiere decir señorito. Llegó a formar una sociedad para defender los intereses morales y materiales del ramo. Les pasaba un semanal a todos y él se quedaba en casa. Estaba subyugada por aquella gente. Al entrar después en el gran mundo fui cambiando.

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miércoles, 8 de febrero de 2017

Asalto al tren. Barcelona, 1922

                                               Atraco a un banco. Dibujo de Opisso. L'Esquella de la Torratxa. Mayo 1923.




Recuerdo el 23 de mayo de 1981, el día del atraco al Banco Central de Barcelona. Yo me encontraba en la Playa del Muerto de Sitges, una playa alejada del casco urbano donde te podías bañar desnudo, y alguien tenía puesta una radio a pilas que transmitió la noticia. Arremolinados los bañistas alrededor del aparato, nos fuimos enterando de lo que sucedía. A nadie le extrañó el golpe. Aquel día se cumplían tres meses del asalto al Congreso de los Diputados y todos dimos por supuesto que se trataba de una acción que surgía del mismo lugar que la anterior, impulsada por lo que entonces llamábamos caverna.



Cuando al pasar de los días se fue diluyendo la hipótesis golpista y consolidando la de que el asalto se debía a la acción de unos delincuentes comunes, entonces si me sorprendí. Asaltar un banco era una cosa de novelas. Se habían puesto de moda en Barcelona las novelas de serie negra, quizá en parte por el regalo de un tomo con dos libros, de Dashiell Hammett y de Raymond Chandler, que la Caixa hizo a sus impositores un día de Sant Jordi. Y había un relato de Hammett que se titulaba  El gran atraco donde un grupo de gansters asalta un banco de San Francisco. Pero eso era en los Estados Unidos de la Gran Depresión, cuando los gansters. Nada que ver con Barcelona. Era en Estados Unidos donde había actuado Al Capone y  donde la palabra delincuencia iba acompañada de otras palabras: metralletas, ajustes de cuentas a tiros, huida en coches que eran acribillados a balazos.



En ese año de 1981, yo lo desconocía todo de la Barcelona del primer tercio del siglo pasado. Si me extrañó tanto el asalto a un banco por delincuentes salidos de la Modelo, fue porque no sabía nada de la historia de la ciudad.  Y es que el thriller hubiese tenido que ser un género barcelonés. Nos faltó una industria cinematográfica potente, una de las majors trasladada a Barcelona, porque historias que sirviesen de argumento al género las tenemos a decenas.

 

Los gansters de los EEUU no dejaban de ser bandas de delincuentes que hacían sus negocios a rebufo de las oportunidades que les ofrecían la ley seca y el juego. Como muchos años después las bandas que se dedicaron al tráfico de drogas.  Pequeñas organizaciones que a lo sumo podían controlar en una ciudad alguna de las actividades ilegales.  En Barcelona, el pistolerismo con los ajustes de cuentas entre empresarios y trabajadores cuajó durante varios decenios y movilizó a grupos con  capacidad para actuar a pesar  de la represión policial y del ejército. Eso desde el lado de  los trabajadores, que desde el lado de la patronal, sus pistoleros tuvieron todo el apoyo económico y de los poderes de la ciudad. Y al amparo de las bandas armadas de unos y otros, surgieron personajes que se dedicaron a todo tipo de negocios. Desde el final de la primera guerra mundial y hasta el inicio de la guerra civil con el paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera.


Fue en Barcelona, no en Chicago donde se asaltó un tren cuando iba por la ciudad. No se trató de un robo de delincuentes finos como en el caso del tren de Glasgow, sino de atraco a mano armada y ejército persiguiendo y disparando. En Barcelona, no en Chicago o en Atlantic City.


Y ya hecho el exordio, pasemos al atraco.

El 1 de septiembre de 1922, viernes, y a las siete y media de la mañana, como todos los días laborables salió de la estación de Francia un tren de la compañia MZA (1) lleno de obreros de la compañia. Su destino eran los talleres de MZA en Pueblo Nuevo. El tren estaba compuesto por una máquina y cuatro vagones que transportaban a 150 trabajadores. En el segundo vagón, como era usual los viernes, se colocó en la plataforma una caja conteniendo 148.000 pta para el pago de la semanada de los trabajadores de la compañía La caja estaba custodiada por el pagador de la compañía y dos obreros que se encargaban de transportarla. Los trabajadores de MZA no eran los únicos que transportaba el tren. Personal de otras empresas subía al tren de matute. Como para los talleres de MZA trabajaban varias empresas de Pueblo Nuevo, se hacía la vista gorda


La línea de tren una vez pasado el Hospital del Mar se pegaba a la costa. En un punto del trayecto, ya sobrepasada la estación de Pueblo Nuevo y muy cerca de la Riera de Horta (la actual Rambla de Prim), el tren paraba para proceder al cambio de vías y retroceder hasta los talleres. En aquel momento, dos o tres de las personas que iban en el tren, el número varia según el testigo, sacaron pistolas y amenazaron a todos los presentes. Otras personas armadas, entre dos y cuatro, aparecieron al pie del vagón y mientras los dos que se encontraban dentro asían la caja y saltaban del tren, los que estaban fuera protegian la huida.



     De un mapa de principios de siglo XX. La flecha señala el punto donde las vías de tren cruzan la antigua Riera de Horta (actual Rambla de Prim),              lugar donde se paró el tren y actuaron los pistoleros.



Fue ver las pistolas y saltar los obreros por las ventanillas del tren presas del pánico. Un grupo de unos quince trabajadores tomó la decisión de perseguir a los que huian y se enfrentaron con ellos a pedradas. La pedrada es el hecho diferencial, la imagen de marca que nos dice que estamos en España. O pedrada o garrotazo. En este caso, la pedrada. El resultado fue el previsible dada la municion de cada grupo. Un disparo acabó con la vida de uno de los perseguidores. Mariano Monterde, de 40 años (aunque según el periódico que informa del robo, se le da una edad de 25 años) y residente en la calle del Olmo, 6 (o en Arco de Cires 6, las versiones son contradictorias)  -y con la mención a Mariano Monterde recordamos a uno de los habitantes del barrio chino, la historia del cual es la razón de ser de este blog-. 





                                                                                        Mariano Monterde. Revista Mundo Gráfico.



Los disparos alertaron a varios soldados del cercano Camp de la Bota que acudieron con sus fusiles y se enfrentaron a los asaltantes. El intercambio de disparos terminó con la huida de los pistoleros que subieron a un coche escondido entre los cañaverales de la Riera de Horta, donde les esperaba un conductor.  En ese instante llegaban al lugar del tiroteo varios agentes de vigilancia que  junto a los soldados dispararon contra el coche, impactando varios proyectiles en el mismo sin conseguir que parase.  Uno de los atracadores quedó en el camino, muerto de dos disparos que recibió del grupo de soldados. Su nombre, Victor Quero como pronto sabrá la policía.



                                                      El grupo de soldados que se enfrentó a los salteadores. Revista Mundial.
                              



                                                             

Los asaltantes forman parte de un grupo de acción de la CNT. El dinero del atraco lo darán integro a la comisión pro presos del sindicato. El año anterior, solo en Barcelona, con un Arlegui jefe de la policía y un Martínez Anido gobernador civil, las luchas entre la patronal y el sindicato han causado más de 150 muertos. Los detenidos de la CNT son varios cientos y el sindicato prioriza el apoyo económico a las familias de los presos.


El vehículo usado en el asalto es encontrado con rapidez. Un Buick de color crema y matrícula B-6025 es fácil de localizar. En Barcelona aún hay pocos coches. Detenido el conductor el mismo día del atraco, confiesa ser el propietario del vehiculo que utiliza como taxi. El día anterior al atraco, un conocido le ofreció un servicio. Se trataba de recoger a dos personas cerca del parque de la Ciudadela a primeras horas de la mañana. Eran dos de los atracadores que una vez en el coche, lo amenazaron con pistolas y le ordenaron que fuese a la Riera de Horta. Disimulado el taxi en unos cañaverales, uno quedó vigilando al taxista mientras que el otro desaparecía. Al rato, el que ha marchado regresa con cuatro personas más, llevando entre dos una caja. Es la caja que contiene el dinero de la compañia MZA. Uno de los ladrones está herido y su sangre mancha el interior del taxi. Ignora el taxista que se ha producido un atraco y que uno de los asaltantes y uno de los trabajadores de MZA han muerto durante el mismo.



   
                                                                     El automóvil Buick matricula B-6025. Fot. Merletti




Cruzan la ciudad zigzagueando para despistar cualquier control policial y la mayoría desciende en distintas calles del entonces distrito V. Calle de la Cera, San Clemente, Ferlandina, El taxista regresa al  garaje donde suele dejar su coche y en ese momento es detenido.

¿y eso de ir al asalto de un tren en un coche alquilado? hablaba yo de Al Capone y en el atraco más lucrativo que se hizo en Barcelona, los gansters se pillan un taxi. ¿Al Capone o una pelicula de Toni Leblanc?. Reconozco que la aparición de un taxi me hizo dudar. Pero repasemos los datos y veamos las opciones que tenían los atracadores.

 
El atraco por fuerza tenía que ser donde se produjo, en una zona entre descampados, fábricas y un destacamento militar, no en el centro de la ciudad donde se puede desaparecer por las calles aledañas. Había por fuerza que utilizar un vehículo para salir pitando de inmediato. 
Un coche en Barcelona en el año de 1922. Hay pocos coches.
Un coche propio, de uno de los ladrones, a las pocas horas le daría a la policía el nombre del propietario. 
De robar un coche, habría de hacerse varias horas antes del atraco, no se podia fiar el atraco del tren a un coche robado poco antes, porque se necesita un margen de seguridad de horas para estar seguros que se podrá contar con el vehiculo preciso, y ese margen de tiempo hace posible que el dueño del vehiculo ya haya puesto a la policia sobre aviso. 
Solo queda la opción de un vehiculo contratado que permite el robo sin que la matricula se encuentre en busca y captura, sabiendo que al dejar al taxista la policia se pondría a buscarles con la descripción que diese el conductor.
Cabía asesinar al conductor, pero hablamos de anarquistas que ponen el producto del atraco, de un atraco que ha causado la muerte de uno de ellos y heridas importantes a otro, a disposición del sindicato, sin lucrarse ellos, y en principio está descartado contemplar la opción de matar al testigo, un trabajador más. Si han disparado a Mariano Monterde causándole la muerte, es porque el empleado de MZA se ha interpuesto en su camino con la finalidad de impedir que el atraco se consumase.


¿quienes son los anarquistas que roban el tren?.


El más conocido es Ramón Recasens Miret. Leridano, miembro del sindicato de panaderos, ya ha conocido el encierro en el presidio de La Mola en Mahón donde se solía deportar a los miembros de izquierda durante los años veinte. Es el miembro del comando que sube herido al taxi, una bala le perfora el hombro izquierdo, y durante varias semanas permanecerá escondido en la barriada de Hostafranchs hasta que consigue huir a Francia. A los tres años del robo al tren, es guillotinado en Francia al participar en un robo en Burdeos que causa la muerte de un gendarme. Pio Baroja nos deja una semblanza de Recasens en  La familia de Errotacho:  

Hablé también con uno pequeño, fuerte, rechoncho, llamado Recasens, que vestía impermeable y llevaba gemelos a la bandolera. A Recasens le llamaban en broma «el Mariscal» y «Bonaparte». Ramón Recasens Miret es catalán, de un pueblo de la provincia de Lérida; aquí se le conoce por López y por Estanislao Marquetas. Es un hombre muy decidido, valiente, dogmatizador y definidor. A pesar de que dicen que tiene una historia negra, es tipo amable y simpático. Le gusta el mando y la estrategia. De aquí sus apodos del «Mariscal», «Bonaparte» y «Napoleón».



                                                                                                    Ramón Recasens



 
Del resto, sabemos por el alegato del fiscal en los días en que se celebró la vista del atraco, cinco años más tarde, que el atracador muerto se llamaba Victor Quero, que cinco de los asaltantes, incluido Recasens, lograron huir a Francia ( Francisco Cuñat, Antonio Jiménez, Manuel Ramos, Carlos Anglès y Ramon Recasens.) y que permanecían detenidos en la cárcel Modelo otros tres atracadores (Antonio Mas, Marcelino Silva Vilasuso y José Frances), asi como varias personas detenidas en calidad de encubridores.     


 

 
 
 
                                                        Victor Quero, el atracador muerto por los soldados. Revista Mundo Gráfico.
 
 
 
 
La policía de Arlegui era muy eficaz. Tanto para descubrir a los delincuentes, la tortura obra maravillas cuando se trata de lograr una confesión, cuanto para detener, acusar y neutralizar (y la palabra neutralizar muchas veces encierra el asesinato de un lider sindical) secciones sindicales incómodas para el empresario. Pronto hubo varios detenidos que confesaron su participación y la de otros en el asalto.

La policía nunca consiguió recobrar el dinero robado.


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(1)   MZA son las siglas de la CompañÍa de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, una de las grandes compañias privadas de ferrocarril que hubo en España, fruto de la alianza empresarial entre el financiero José Salamanca y los Rothschild. Desarrolló su actividad entre mediados de los años cincuenta del siglo XIX y 1941 en que fue absorvida por RENFE. Uno de sus directores generales debió de ser un tio de Kafka, Alfred Löwy, hermano de la madre de Kafka, el tio madrileño en los escritos de Kafka cuando lo nombra . En Cataluña, MZA tenía la concesión de las lineas de ferrocarril entre Tarragona, Barcelona y Francia por Portbou.