miércoles, 21 de marzo de 2018

Pierre Mac Orlan y el barrio chino de Barcelona

Una fotografía de Cartier Bresson. Barrio Chino de Barcelona.  Año 1932/33. El apóstol de l'instant decisif en esta ocasión   se deja llevar por los tópicos que aparecen en las novelas de los escritores franceses de la época y recrea una escena. El macarra, le maquereau, los ojos dilatados por la cocaína, muestra su dominio sobre la prostituta.




En la creación de una imagen colectiva del barrio chino en los primeros decenios del siglo pasado, juegan un papel importante las novelas de varios escritores franceses que visitan la zona entre finales de los años veinte y principios de los treinta.

Como sucede tantas veces, en el barrio chino esos escritores encuentran lo que ya pensaban hallar. Una visión pintoresca de España que bebe de los tópicos que difundieron los románticos franceses. Gitanas, flamenco, prostitución, navajas, con las innovaciones propias del momento en el que escriben: anarquistas, bombas. Todo mezclado. 


Claro está que esos elementos sobre los que giran sus novelas existen, pero el barrio chino es muchas otras cosas que no les interesan y ni siquiera ven. El barrio chino son familias que han llegado del sur de España, son los centros de activismo republicano, es la vida de las clases trabajadoras que en su nivel más humilde habita en el lugar. Esa parte la orillan. No es ya que no les interese, es que prestarle atención les distraería de lo que andan buscando, color local, la confirmación de que en todas las grandes ciudades hay agujeros negros que se tragan toda conducta en lo que pudiera haber de buena intención.

Los empresarios de las salas de ocio del barrio chino, ante la llegada creciente de turistas que van en busca de los elementos pintorescos que han encontrado en las novelas que han pergeñado los escritores, se apresuran a cuidar la gallina de los huevos de oro, de modo que crean un microclima de emociones controladas que recrea el ambiente novelesco;. El turista verá lo que esperaba pero sin que ello le ponga en peligro. Como ir a una reserva africana y observar a los animales salvajes dentro de un vehículo con las ventanas protegidas por rejas. Puede, y forma parte de la emoción, que a veces salgan de la excursión con el bolsillo un poco aligerado, sin el reloj y el dinero de la cartera. Así, en el Villa Rosa se escenifican riñas (esto dicen los Sebastià Gasch y los Francisco Madrid) para susto deleitoso de los turistas. Igual sucede, o se dice que sucede, en la Criolla donde se contratan travestidos.



 
Villa Rosa. Sagarra. 1930-35. ANC.  En el Villa Rosa era leyenda que su dueño, Miguel Borrull,  escenificaba riñas para deleite y espanto -controlado- de los turistas. 
 
 
 
Volviendo a los novelistas franceses, no deja de haber elementos verdaderos en lo que cuentan mentirosamente. A la manera de los espejos cóncavos, la imagen distorsionada que transmiten procede y señala elementos verdaderos.


La relación de autores interesados por el barrio chino es bien conocida: Paul Morand en Ouvert la nuit (el capitulo La nuit catalane) de 1922; Francis Carco (Printemps d'Espagne. Los dos últimos capítulos sobre Barcelona. 1929); Henry de Montherland (La petite infante de Castille. 1929).


Jean Genet entra en otro apartado. No es un turista en el barrio como sucede con los otros escritores. No lo llevan de paseo los escritores locales en una Tournée des grands ducs por los locales canallas de Barcelona. En Journal du voleur, Jean Genet habla de la vida miserable que vivió en el barrio chino a principios de los años treinta. Su libro lo escribirá en los años cuarenta y no será publicado hasta 1949.  No será usado por los turistas que quieren vivir una experiencia acanallada.

Lo mismo que con Jean Genet, sucede con Georges Bataille. Bataille termina Le bleu du ciel en 1935, en Tossa de Mar, y no publicará el libro hasta veinte años más tarde. Es probable que no llegase a pisar La Criolla. En su estancia en Barcelona en mayo de 1935, encuentra La Criolla cerrada. Su desconocimiento directo de la sala no le impide usar la información que otros le cuentan sobre la misma para  convertirla en el marco donde ajustarle las cuentas a Simone Weil que aparece bajo la figura de Lazare.

Uno de esos novelistas, el que más frecuentemente utiliza el barrio chino en sus relatos, es Pierre Mac Orlan. Sobre el barrio chino, escribe varias novelas, relatos de viajes, de una de las novelas se rueda una pelicula con escenas rodadas en las calles del chino.


Que menos que una imagen tópica de un escritor que hizo un tópico del barrio chino de Barcelona. La imagen aparece en un número de la revista Mirador del año 1931.
 
 

A Mac Orlan le interesan los ambientes pintorescos, enclaves donde pueda desarrollar una trama de acción. Barcelona, su barrio chino, la visión que él quiere tener sobre el chino, le sirve a estos efectos. Hace una novela, cuenta un drama y le da unas pinceladas verosímiles y, sobre todo, coloridas.


Veamos lo que escribe sobre el barrio chino.


La primera novela es La Bandera. Hay algo curioso en La Bandera. Aparece la Criolla, pero en el relato no hay travestidos, travestidos que para nosotros han llegado a ser el elemento definitorio del establecimiento. De La Criolla, Mac Orlan resalta el ambiente extremadamente ruidoso.  Años más tarde, cuando se rueda la película inspirada en la novela,  en 1935,  esa Criolla heterosexual se ha convertido en un sitio donde los travestis campan a su antojo.

                                                              La Bandera. Pierre Mac Orlan. Editions Gallimard, 1931.
 
 
 
 
 
 
 
 
Gilieth, interpretado por Jean Gabin en una La Criolla recreada en estudio. La Bandera. Película dirigida por Julien Duvivier en 1935.
 
 

La diferencia entre una y otra descripción, la de la novela y la de la película,  marca un cambio de orientación del negocio de La Criolla. La novela aparece en 1931 y es posible que el conocimiento de primera mano que tenía Mac Orlan de los barrios bajos de Barcelona fuese el resultado de su viaje a Barcelona durante la Exposición Internacional de 1929. En aquel año, el local sería heterosexual, prostitutas, marineros, y no se dejaría entrar a homosexuales y travestidos. ¡¡fuera de aquí, maricón, o te doy con este palo en la cabeza!!. Un Pepe encargado del local (¿Pepe el de La Criolla?) es noticia de prensa en 1926 por agredir a un parroquiano golpeándole con un palo.


Tampoco aparece en el libro la cocaína. Que la había, y en cantidad, al menos desde la primera guerra mundial. Cabe suponer que aún se mantuviera refugiada en los locales de mayor standing de la ciudad. El Eden Concert, el Excelsion, Cafe Catalan y no hubiese traspasado la barrera de los barrios marginales.

Coincide lo que escribe Mac Orlan con lo que antes de él escribió Francisco Madrid. Cuando se abre La Criolla y en los años siguientes, hay prostitución, hay el ambiente delincuencial propio de los bajos fondos, pero los travestis no están en el local. Están en la calle de El Cid y están en Cal Sacrista pero no han traspasado la calle y sentado sus reales en La Criolla.


                            Cal Sacrista. ANC. Años treinta. De una serie sobre el local del fotógrafo Sagarra.


¿Que nos dice sobre La Criolla Mac Orlan?. El protagonista entre en el local, una gran sala llena de emigrantes borrachos. Hay un grupo de marineros franceses que ha descargado una flotilla de buques de guerra de la armada francesa atracados en el puerto, que llevan la intención de montar camorra. Una orquesta infernal (sic) tanto mecánica como humana va alternando blues y fox-trot. Gilieth presta atencion a una muchacha completamente borracha que baila sola en la pista evocando con sus movimientos las imágenes que le causa su estado de ebriedad. Los marineros franceses buscan pelea y los trabajadores del local requieren la presencia de la policia militar francesa que se los lleva. La muchacha ebria gira en medio de la pista como una peonza. Un amigo de Girlieth acuerda con una prostituta que hay en el local que se llevará a una persona a una pensión y procurará sonsacarle información. Al salir de la Criolla, mucha animación por la llegada de los marineros franceses y gitanas que agitan los vestidos, hacen la señal de la cruz o musitan maldiciones. El amigo de Gilieth, para divertirse, lanza a las gitanas un “mal de ojos”. Las gitanas huyen haciendo cuernos con la mano. Ya no aparece más La Criolla en la novela, salvo para decir que una noche sale Gilieth de la misma habiendo bebido más de la cuenta.


En la película, La Criolla es un local con travestis que se prostituyen y en donde bailan chicas medio desnudas. Hay que ir con mucho cuidado porque delincuentes al acecho esperan al incauto para robarle la cartera.

No olvidemos que Gilieth se aloja en la calle del “Cid Campeador” en un hotel que se llama “des Illes”. Llamar a la calle del Cid, calle del Cid Campeador se convierte en una costumbre para los escritores franceses.

Una fotografía atribuida a Centelles, en La Criolla. Años treinta. Un local que en el momento de la fotografía es casi íntimo. No hay turistas,  no hay escritores franceses con su cuadernillo de notas, no hay personas de la burguesía catalana dándose un garbeo por el barrio chino. Parroquianos, habituales de la casa, gente que encuentra su refugio entre otros marginados como él. Da la impresión que les disgusta el fogonazo del flash, incluso estoy por decir que les incomoda la presencia del fotógrafo.




Vayamos al segundo libro de Mac Orlan. Rues secrétes, editado por Gallimard en 1934. Se trata de  una guia de los bajos fondos de varias ciudades, desde Berlin a Casablanca pasando por Estrasburgo. ¡¡¡¡Estrasburgo!!!!. Poca prostitución y pocos bajos fondos en Estrasburgo. ¡Vaya, que sorpresa que en Estrasburgo no haya apenas prostitutas! Ya lo suponíamos. Hay un capitulo sobre el barrio chino de Barcelona. Con dos etapas de visita.


Rues secrètes. Pierre Mac Orlan. Editions Gallimard. 1934. No está de más indicar que para ser un libro con un capítulo dedicado al barrio chino de Barcelona, nunca ha estado editado en castellano. Esta es la sagacidad comercial de nuestros editores.




 En la primera visita, Mac Orlan y sus compañeros, después de comerse un “Riz à la Valenciana” acompañado de manzanilla entran con paso decidido al barrio chino por L'Arche-du-Théâtre. Aparecen unas gitanas que se levantan impúdicamente las faldas y les tienden la mano con la palma abierta hacia arriba. Uno del alegre grupo les grita ¡culebra! Y las gitanas huyen haciendo cuernos con la mano. Miran al interior de un edificio a través de una ventana y ven a  seis guardias civiles, mosquetón en mano, que duermen apoyados unos en otros. Entran en un burdel que por las características parece el de Madame Petit  si bien Orlan lo llama madame L.,  con letreros en la pared donde se indica el cambio de moneda y la tarifa de los servicios. Las prostitutas por las que le pide a la madame el guia del alegre grupo no se encuentran en el local, ni Isabel,  ni “la niña de Angoulême”. Llegan a la calle del “Cid Campeador”. Desierta. Atraviesan el chino hasta llegar al Paralelo donde al fin  encuentran una prostituta. A sus requerimientos, la mujer le dice a uno que de acuerdo con el fornicio, pero antes han de casarse. Sin pasar por la vicaria no hay roce. Poco después se enteran de la causa de la desolación que han observado. Se ha inaugurado la Exposición Internacional y en vista del elevado número de autoridades y turistas extranjeros, se ha ordenado a las fuerzas del orden que controlen celosamente la situación de los barrios bajos. Por eso está todo cerrado, clausurado y sin colorido local.



Pocos meses más tarde, de vuelta a Barcelona, Orlan recorre de nuevo el Paralelo. Le gusta la calle. Llena de pequeños cines y de music-hall, le parece la faceta alegre de Barcelona. De un carácter barcelones. El barrio chino es otra cosa. Influye en ella la atmósfera internacional propia de los grandes puertos. En el chino, la nota de color la dan locales donde se baila o se canta flamenco. No como un espectáculo propio de Barcelona, sino de la España del sur injertado en el barrio chino.  Cosa distinta es la Maison Rouge (¿Villa Rosa?) donde el espectáculo está orientado al turista.

En la calle del "Cid Campeador" hay un local donde el flamenco es arte. En un local del Paralelo,  aparece una enana de 60 cm. Vestida de gommeuse y con látigo, aparece una bailarina frenetica y sin bragas. Esto de gommeuse debe de ser un tejido que se adhiere al cuerpo, algo así como el latex de la época.   Las enanas y Barcelona... parece una fijación de escritores extranjeros (1)

Una tercera obra de Orlan Filles d'amour et ports d'Europe que no se encuentra en los catálogos de la Biblioteca de Catalunya ni en los de la Biblioteca Nacional de España y de la que no he conseguido hacerme con un ejemplar,  y hasta una cuarta La tradition de minuit, que tampoco está en las bibliotecas públicas españolas.  Todo lo cual  me ahorra continuar con disquisiciones sobre lo que dice sobre el barrio chino Mac Orlan en estos libros,  y dejarle la tarea a Sebastià Gasch que si las leyó o al menos las reseñó. Gasch era un gran amigo de Mac Orlan y su cicerone cuando el francés viajaba a Barcelona. Gasch lo llevaba a los locales de flamenco del barrio chino, Juanito El Dorado, Bar Cádiz, la Taurina de la calle del Cid. Eso al menos comenta Néstor Luján en El pont estret del anys 50:
                Revista Destino. Abril de 1960. Extracto del artículo Barcelona y los escritores franceses de "Sebastián" Gasch.






 
No conozco la existencia de otros textos de Pierre Mac Orlan sobre el barrio chino de Barcelona.


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(1) En La Piel de Curzio Malaparte dice lo siguiente refiriéndose a prostitutas enanas:
Famoso es en verdad el Pendino di Santa Barbara por la gran cantidad de mujeres enanas que viven en él. Son seres pequeños, que llegan apenas a la altura de la rodilla de un hombre de estatura normal. Son repulsivas y arrugadas, las enanas más feas que existen en el mundo. En España hay muchas enanas muy bellas, bien proporcionadas de formas y líneas . Y he visto alguna en Inglaterra, verdaderamente bellísima, rosada y rubia, casi una Venus en miniatura. Pero las enanas del Pendino di Santa Barbara son horrendas, y todas, aun las más jóvenes, tienen el aspecto de antiquísimas viejas, tan envilecido tienen el rostro y tan rugosa la frente, tan escasa y descolorida la enmarañada cabellera.


 


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