sábado, 25 de julio de 2015

Taxi-girls en Barcelona

       Dos taxi-girls derrengadas al final de la jornada. La Voz de Madrid, 1934,  en una serie de reportajes de Francisco  Madrid sobre la                           prostitución en Barcelona. Sin mención de local ni fotógrafo. 



En una serie de reportajes  sobre la prostitución y los explotadores de mujeres que publicó La Voz de Madrid en 1934, Francisco Madrid explicaba como empezó la moda de los bal musete y las taxi-girls en Barcelona. Taxi-girl era a lo que se dedicaba la mujer de la canción Dancing for Money de  Tina Tunner, poniendo  mucho sentimiento y mucha pena a lo que era una actividad que en Barcelona bordeaba la prostitución pero que muchas veces no llegaba a tanto.

Las taxi-girls eran chicas que bailaban por dinero en unas salas que se conocían como bal musete.  Las taxi-girls también eran llamadas tanguistas o entrenadoras de academias de baile.  El varón al entrar en la sala compraba una serie de tickets cada uno de los cuales le daba derecho a bailar una pieza con la chica que escogiese. Al final de la jornada, los tickets recaudados por cada chica se le abonaban por la mitad de lo que le había costado el ticket al cliente. La otra mitad era para la sala de fiestas.  Oficinistas, empleadas de los mercados, modistillas, chicas monas con problemas de numerario en su casa completaban sus ingresos mediante esta actividad. El empresario no tenía el menor inconveniente en contratar a alguien que no tuviese la menor idea de bailar mientras fuese atractiva.  Algunas veces, el baile era la antesala para otro tipo de actividades. 


                                      La Rambla, 1932. Caricatura de un grupo de taxi-girls por Bas Bofill


                                            Taxi-girl recibiendo su ticket. !933 (Fot. Casas i Galobardes) 



Cuenta en esos reportajes Francisco Madrid, que el primero que se inauguró, a principios de los años treinta  estaba en la calle Barbará y se llamaba Bal Musete.  Por los anuncios de la prensa de la época sabemos que estaba en el número 7 de la calle.  El industrial que inauguró la nueva modalidad de negocio se inspiró en una actividad similar que   se había impuesto en los ambientes canallas de Paris.  Brassaï, el fotógrafo húngaro afincado en Paris que retrató los bajos fondos de la ciudad francesa en los años treinta, tiene varias fotografías de los bal musette parisinos.


                                                              Papitu, marzo 1934.

                                                Descripción del Bal Muset de la calle Barbara por Francisco Madrid. 




El periodista Lladó Figueres, en un extenso artículo que publicó Ultima Hora en 1935,  retrasaba en varios años el inicio del fenómeno que Francisco Madrid había establecido a principios de los treinta.
Lladó  señalaba como lugar y momento auroral del baile por ticket,  un principal de un edificio de la calle Cotoners  regido por la sociedad "La Palma del Norte", donde a mediados de los años veinte un profesor de danza instaló una academia de baile. Un piano desgranaba las notas de tangos y pasodobles mientras muchachas del barrio accedían a bailar con quienes habían adquirido los tickets que les daban derecho a ser iniciados por las jovenes en los pasos de baile.

La academia tuvo éxito y al poco tiempo del inicio de la nueva modalidad de aprendizaje, el empresario del Iris-Park en la calle Valencia abrió una sala en las instalaciones del complejo, con una operativa similar a la academia de la calle Cotoners, aunque más elaborada. Para los tímidos se instalaron biombos que les permitían bailar fuera de las miradas de los demás. Incluso en casos extremos,  cuando al comprador de tickets no reunía la suficiente fortaleza de ánimo para pedirle a una bailarina que accediese a evolucionar con él, el profesor que vigilaba que los movimientos de los bailarines se fueran aproximando a los  pasos de baile básicos  se hacía cargo del joven y formaban pareja.

Da la impresión de tratarse de una modalidad  inocente  donde los varones acudían para aprender a bailar.
Las academias de baile adquirieron un auge notable y  en pocos años se abrieron academias de baile por toda Barcelona.  
Una fase posterior consistió en que de las academias, los bailes por ticket saltaron a los dancings, cabarets y a la mayoría de salas de espectáculo. Es el periodo que describe Francisco Madrid y es donde hay que ubicar el Bal Musete de la calle Barbará.



                                    Dibujos de Arteche que ilustran el artículo de Lladó Figueres en Última Hora
 


Cientos de chicas bailaban en estos antros hasta quedar desfallecidas.  La orquesta atacaba una pieza musical, los varones invitaban a la chica que les caía en gracia y durante dos o tres minutos procuraban rozarse con ella. Tras un descanso de pocos segundos, lo justo para recomponer las parejas de baile, la orquesta atacaba de nuevo.  Una buena jornada laboral era el resultado de hasta 80 bailes.




    Taxi-girls en local desconocido. En la pared, anuncio de una pañería en la calle Salmerón, ahora  Gran de Gracia (Fot. Casas i Galobardes). 


La innovación tuvo éxito, hasta el punto de que la mayoría de cabarets y salas de espectáculo dedicaron unas horas al bal musete. 

     Papitu. Noviembre 1935. Página de anuncios de salas de espectáculo. La mayoría de las salas incluye unas horas para el           baile con ticketts. 



Pocas veces conoceremos el nombre de las chicas que se dedican a estas actividades. Solo cuando algún episodio trágico o curioso lleva a la prensa a interesarse por ellas.

He encontrado dos casos donde aparece el nombre de la taxi-girl.


Uno de ellos es el famoso de Maria Sacramento Martínez, una tanguista de La Buena Sombra en la calle Ginjol que en octubre de 1934 mató de un disparo al chulo, al macró,  que la explotaba. La chica era agradable y  se ocupó de su defensa  Juandó, un abogado de ERC promovido a secretario de la Audiencia Provincial de Barcelona durante la guerra.  Fuese por la habilidad dialéctica de Juandó, por la favorable impresión que causó María en el jurado, por la campaña de prensa a su favor o por una mezcla de todos estos factores, María resultó absuelta.

                                          María Sacramento durante el juicio. Noviembre 1935. 

                                                       María Sacramento y el abogado Juandó.


                      Taxi-girls en La Buena Sombra, el local donde trabajaba María Sacramento (Fot. Casas i Galobardes).


El otro caso es de una taxi-girl del cabaret Mónaco dentro de la fábrica del teatro Principal, allí donde con el tiempo se abriría la Cúpula Venus.  Teresita Ribo, que así se llamaba la joven,  en diciembre de 1934 tuvo sus preceptivos quince minutos de gloria.

Un hombre que la vio  bailar en el cabaret la confundió con su mujer de nombre Antonia Lopez  de quien hacía un tiempo que no sabía nada por haberse separado.  El sujeto, encontrada su Antonia bajo la figura de una hermosa cabaretista, pugnaba por arrastrarla al hotel más cercano y hacer valer sus derechos de casado.  Teresita juraba y perjuraba  que no había  visto en su vida al sujeto,  y mucho menos llamarse Antonia y haberse casado con él.  

Tuvo que intervenir la autoridad que condujo a ambos delante del juez.  Teresita presentó a varios testigos, sus compañeras en el cabaret, su madre, conocidos de donde vivían Teresita y su madre.   El juez resolvió que Teresita era Teresita.  Tuvo mucha importancia en la resolución del pleito  que inesperadamente apareciese Antonia López  en la sala donde se resolvía la naturaleza real de Teresita. Antonia explicó su vida y la de su marido y se manifestó en el sentido que de ningún modo pensaba volver a hacer vida marital con el que aún era su cónyuge.

Un fotógrafo, Centelles, consiguió una instantánea de Teresita acompañada por su madre dirigiéndose al juzgado. Gruesa, roqueña, lúcida, con un punto de ironía en la mirada. Toda una señora madre.





·En el barrio chino, en la zona del Paralelo, el bal musete se mimetizaba con el entorno. Era una de las tantas ofertas donde entraban en contacto una chica agraciada con un varón con un poco de dinero en el bolsillo.  En no todos los lugares  donde se instaló un bal musete se dió  la simbiosis ni  hubo esa tolerancia del vecindario con la nueva modalidad de diversión.  Hay una noticia de un Salón Eva dedicado a lo que la noticia de prensa llama baile a boleto que fue destrozado por doscientos o trescientos estudiantes de la cercana Universidad Industrial, indignados por la apertura de un cabaret en las proximidades de su centro de estudio. 


                                                                El Diluvio - 3 de diciembre de 1933




El  bal musete atraviesa los años y llega hasta el inicio de la guerra civil. Tras una primera etapa en la que se cierran las academias de baile y varios cientos de tanguistas pierden su medio de subsistencia, se vuelven a abrir los cabarets con las jóvenes sindicadas. El Sindicato del Espectáculo de la UGT crea una sección de Entrenadoras que es como se llamarán a partir de entonces las taxi-girls. No se trata tan solo, ni sobre todo, de un cambio de nombre. Las sindicadas tienen reconocido un jornal y termina el miedo a las represalias a que daba lugar en el cabaret que una chica no quisiera bailar con determinadas personas, por repulsión física, por un sobeo más descarado de lo usual, por muchas razones.
                                                      Revista Crónica. Noviembre de 1936.

6 comentarios:

  1. Fantástico post, con tu permiso lo comparto, es estupendo.
    Un saludo muy cordial, muchas gracias.

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  2. Muchisimas gracias, María Trinidad. Que la dama de los bloggers de Barcelona haya fijado su atención en mi blog me colma de satisfacción.

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  3. Te vuelvo a dar las gracias, muy sinceras haces un blog de una calidad tremenda y es buenísimo, muchas gracias por compartirlo con nosotr@s.
    Un abrazo Josep March.

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  4. Ya conocía la información de las taxi-girls, que era algo que se hacía en Nueva York y otras capitales europeas. De Barcelona se lo había leído a Paco Villar, pero es fantástico que hayas recopilando toda esta información en un blog tan bueno, José.

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    1. Si,Helena, el libro de Paco Villar es la Biblia sobre el barrio chino. Lo que hacemos el resto son apostillas, notas a pie de página. Gracias por tu comentario.

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