jueves, 14 de abril de 2016

El Café Catalán de la Rambla Santa Mónica


                                               Café Catalán.     Fot:. Gaspar i Serra. ANC.  c1930.



Las fechas extremas que encuentro rastreando en la prensa señales de la existencia del Café Catalán son el 10 de octubre de 1881,  cuando un anuncio en  Publicidad  informa del precio al que  el establecimiento  venderá el café a partir de la fecha,  y el 19 de noviembre de 1940 en La Vanguardia [Española]   en relación a una cartera perdida y la gratificación que se concederá al que la encuentre.

Entre ambas noticias anodinas se extienden casi 60 años de actividad de un local que tuvo grandes momentos.

                                                        Café Catalán.   Fot:. Gaspar i Serra. ANC.  c1930.




La Rambla Santa Mónica era la parte oscura de las Ramblas. Estaba el cuartel de Atarazanas y un sucio puerto al fondo  del paseo donde fondeaban barcos con banderas de todos los países ribereños del mundo.  Soldados y marineros  llenaban la abundante colección de  bares de camareras y  meubles de ambas aceras de la Rambla y  se desparramaban por el barrio chino a través de las entradas que se abrían por Arco del Teatro y Portal de Santa Madrona.

Con diferencia sobre el resto de locales,  el Café Catalán fulgía en el negociado de establecimientos de ocio del paseo. Un local muy grande, llegó a ofrecer 150 chicas en calidad de tanguistas.

Escribía Josep Maria Planes en 1929, que en Barcelona se sabía que había arribado un gran barco por tres indicios, los tres en secuencia temporal. El primero era la información de la sección marítima de la prensa. El segundo porque los pequeños contrabandistas de las Ramblas, los que se dedicaban al menudeo, te vendían Camel (Planes escribía "Cammel") a un precio recomendable. El tercero era que el Gran Café Catalán se llenaba de marineros.

Se encontraba en el número 6 de la Rambla Santa Mónica, en la antigua numeración de las Ramblas. Cerca y en la misma acera del Teatro Principal.


Vayamos a la relación de cambios que se produjeron en el local a lo largo de sus 60 años de actividad:

En 1909 y bajo la modalidad de sociedad “Sociedad El Grumete”, Café Catalán se convierte en café de camareras con billares.

                                                          La Vanguardia. 7 de marzo de 1909. 



En los años veinte, y sin que desaparezca  la actividad de alterne propia del café de camareras, se añade al local la oferta de tanguistas.   Son los años en los que el maestro Demon se hace un nombre interpretando al piano las músicas del momento, jazz, fox-trot, a los amantes de la noche que aterrizan en el Café Catalán: tanguistas, marineros, artistas del resto de locales de la zona que acudían cuando su sala de espectáculos cerraba, periodistas, beldades internacionales –escribía Angel Zúñiga- con una sed inagotable de champán.   
El baile con ticket, a través de las taxi-girls o tanguistas, se prolongaría hasta el inicio de la guerra. 



                                                    Casas i Galobardes.  El maestro Demon (Lorenzo Torres Nin)





                                     


En 1924, el café se vería implicado en un episodio de trata de blancas que terminaría sin mayores consecuencias para la sala de espectáculos. La dirección del establecimiento no sabía, no conocía, no había visto nada y todo se debía al malentendido de que los delincuentes habían sido detenidos cuando casualmente tomaban una consumición en el interior del Café Catalán. 



                                                                La Libertad. 12 septiembre 1924. 



Al sr. Ramón Ribe, dueño del Café Catalán, contribuiría a quitarle el mal sabor de boca que sin duda le ocasionó el incidente de la trata de blancas, y quizá a reducir el coste que a lo mejor tuvo que los distintos sectores de la administración del estado que trabajaban en el caso contemplaran con ecuanimidad su participación en el asunto, que pocos meses más tarde resultara agraciado con el primer premio de lotería.  

                                                      La Vanguardia. 14 octubre de 1925. 



Ya en los años treinta, el Café Catalán que en los rótulos luminosos de la fachada añade la denominación de Dancing a la circunstancia de ser un café, presenta espectáculos con transformistas o imitadores de estrellas. Barcelona se estaba convirtiendo en uno de los lugares prestigiosos  para los turistas en busca de ambiente canalla, y el local decide hacer competencia a La Criolla y Cal Sagrista. Entre los transformistas que desgranan sus canciones y sus bailes en la sala,  destaca el gran Darwin. 

                                            Sebastia Gasch. La Rambla.  31 diciembre 1934. 


                                                                                           c1930. 


Y con la guerra, el silencio y al poco la desaparición del local. 

2 comentarios:

  1. Muy interesante y como siempre un 11 y alto Josep, como me gusta tu blog, me quedo embobada leyendo todo.
    Un abrazo y muchas gracias por tu trabajo y compartirlo con nosotr@s, un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, por descontado. Muchas gracias, por leer la entrada y por tu comentario. Un beso :)

      Eliminar